Mientras gran parte de los inversores globales continúa enfocada en las grandes tecnológicas y en los mercados financieros tradicionales, el multimillonario canadiense Eric Sprott mantiene una estrategia completamente distinta. A sus 81 años, el empresario concentra más del 98% de su patrimonio en oro, plata y compañías mineras vinculadas a esos metales, convencido de que seguirán siendo los activos más valiosos en un escenario marcado por la incertidumbre económica, el aumento de la deuda pública y las tensiones geopolíticas internacionales.
Sprott sostiene desde hace décadas una visión crítica sobre las políticas monetarias de los principales gobiernos del mundo y considera que el exceso de gasto público y la emisión monetaria terminarán impulsando una mayor demanda de activos considerados refugio de valor.
La posición del inversor vuelve a captar atención en los mercados luego de que su patrimonio superara los US$ 3.300 millones, una cifra que prácticamente cuadruplicó su riqueza desde comienzos de 2025, impulsada por el fuerte desempeño de varias de sus participaciones en compañías mineras.
La relación de Sprott con los metales preciosos comenzó mucho antes de convertirse en multimillonario. Nacido en Ottawa, Canadá, desarrolló interés por las inversiones desde joven gracias a la influencia de su padre, un empleado público que operaba acciones de manera amateur.
Tras graduarse en Carleton University en 1965, inició su carrera profesional como programador y analista de mercado en Merrill Lynch. Posteriormente trabajó durante varios años en una firma canadiense especializada en análisis bursátil antes de fundar Sprott Securities, una sociedad de bolsa enfocada en investigación financiera y administración de carteras institucionales.

Su primer gran éxito llegó durante la década de 1980 gracias a una inversión en Lakeshore Mines, una compañía minera canadiense que, según sus propios análisis, estaba significativamente subvaluada. La operación resultó extraordinariamente rentable: las acciones multiplicaron varias veces su valor en pocos meses y consolidaron la reputación de Sprott como uno de los gestores más exitosos del mercado canadiense.
Aquella experiencia terminó moldeando una filosofía de inversión que mantendría durante toda su carrera: buscar activos ignorados por el mercado y sostener las posiciones durante largos períodos, incluso cuando el consenso general se mueve en dirección opuesta.
A comienzos de los años 2000, en pleno auge de las empresas tecnológicas de internet, Sprott decidió aumentar significativamente su exposición a los metales preciosos. Mientras muchos inversores apostaban a las compañías vinculadas a la llamada burbuja puntocom, él tomó posiciones favorables al oro y la plata.
Cuando el mercado tecnológico sufrió una fuerte corrección, esa estrategia fortaleció aún más su convicción sobre el papel de los metales como instrumentos de protección frente a las crisis financieras.
Actualmente, Sprott considera que los desequilibrios fiscales observados en economías como Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y Japón representan uno de los principales motores detrás del crecimiento de la demanda de oro y plata.
La utilización constante de políticas de expansión monetaria y el incremento del gasto público erosionan la confianza en las monedas tradicionales y favorecen la búsqueda de activos tangibles.
Bajo esa lógica, el inversor cree que el potencial alcista de los metales preciosos todavía está lejos de agotarse. Incluso después de la volatilidad registrada durante los últimos meses, mantiene expectativas extremadamente optimistas para ambos mercados.
Más allá de la compra de lingotes físicos, la verdadera fuente de riqueza de Sprott surgió de sus inversiones en empresas mineras. A lo largo de los años acumuló participaciones en más de 200 compañías relacionadas con la extracción de oro y plata.
Actualmente conserva posiciones en alrededor de 120 firmas, aunque concentra la mayor parte de su capital en menos de diez proyectos que considera estratégicos.
Su método consiste en identificar depósitos con gran potencial de producción que todavía no fueron plenamente valorados por el mercado. Para ello analiza indicadores como las reservas minerales disponibles, los costos estimados de extracción y la calidad de los recursos presentes en cada yacimiento.
La mayor apuesta de su cartera es Hycroft Mining Holding Corp., una compañía propietaria de un gigantesco depósito de oro y plata ubicado en el estado de Nevada, en Estados Unidos.
Sprott comenzó a invertir en la empresa en 2019, cuando atravesaba dificultades financieras y aún no había iniciado una producción relevante. Convencido de que el mercado estaba subestimando el valor real de sus recursos minerales, destinó más de US$ 360 millones al proyecto.
Con el paso del tiempo, la compañía logró mejorar sus perspectivas operativas y sus acciones registraron una fuerte revalorización, convirtiéndose en uno de los principales motores de crecimiento de la fortuna del empresario.

Otra de las inversiones más importantes del canadiense es Discovery Silver Corporation, una minera con operaciones en México y Canadá.
Sprott ingresó al capital de la empresa en 2019 y fue aumentando progresivamente su participación accionaria mientras la compañía avanzaba con el desarrollo de grandes proyectos de exploración.
La adquisición de un importante activo aurífero en la provincia de Ontario durante 2025 impulsó significativamente el valor de mercado de Discovery Silver y fortaleció aún más la posición del inversor dentro de la compañía.
El crecimiento de estas participaciones explica buena parte del aumento patrimonial que experimentó durante los últimos años.
Aunque el oro continúa ocupando un lugar central en su estrategia, Sprott se muestra especialmente optimista respecto al futuro de la plata.
Su tesis se apoya en un factor estructural: la demanda global viene superando a la oferta disponible desde hace varios años. Además de su función histórica como activo financiero, la plata tiene aplicaciones industriales cada vez más relevantes en sectores vinculados a la transición energética.
El metal es utilizado en la fabricación de paneles solares, vehículos eléctricos, componentes electrónicos y sistemas de almacenamiento energético, industrias que continúan expandiéndose a nivel mundial.
En paralelo, el multimillonario comenzó a explorar oportunidades vinculadas al manganeso, un mineral fundamental para la producción de acero y potencialmente clave para las futuras generaciones de baterías eléctricas.
Por esa razón incorporó participaciones en compañías como Euro Manganese y Manganese X Energy, convencido de que el crecimiento de la movilidad eléctrica generará una demanda sostenida de este recurso durante los próximos años.
A pesar de los cambios en el escenario internacional y de la popularidad de gigantes tecnológicos como Nvidia, Microsoft y Apple, Sprott mantiene intacta su convicción. Su fórmula combina paciencia, análisis y una fuerte confianza en sus propias proyecciones.
Después de más de cuatro décadas apostando por los metales preciosos, el inversor canadiense considera que el oro y la plata todavía tienen un amplio recorrido por delante y que las oportunidades más atractivas continúan encontrándose lejos de las acciones más populares de Wall Street. Según destacó Forbes, esa visión contracorriente fue precisamente la que le permitió construir una de las mayores fortunas vinculadas al sector minero a nivel global.