Hace 30 años, Luis Zágari compró un campo prácticamente abandonado en Guardia Mitre, Río Negro, y comenzó a recuperar su potencial productivo. Hoy, a los 65 años, trabaja 2.000 hectáreas, de las cuales unas 1.300 están bajo riego, donde combina cría, recría y terminación de ganado con cultivos como alfalfa, maíz, cebada, centeno y cebolla. La experiencia muestra el desarrollo de un sistema productivo diversificado en uno de los valles con mayor potencial agrícola y ganadero de la región, según informó Diario Río Negro.
Zágari no provenía de una familia vinculada al campo. Su padre era comerciante y él se incorporó inicialmente a la actividad familiar, aunque desde joven tenía interés por la producción agropecuaria.
“Yo siempre tuve inclinación por el tema campo y empecé a jorobar: ‘Papá, tenemos que invertir en campo’”, contó a Río Negro Rural.
La respuesta de su padre fue concreta: “Dale, me dijo, metele una sola condición: que tenga agua”.
La oportunidad apareció mientras Zágari repartía mercadería en Guardia Mitre. El establecimiento que visitó había permanecido prácticamente abandonado durante una década y contaba con antecedentes de infraestructura de riego.

“Vinimos a ver el campo, me gustó, lo recorrimos, nos pusimos de acuerdo”, relató. El comienzo fue desde cero: “Campo cero: había tranquera nada más y bueno, ahí empezó la historia”.
Tres décadas después, el establecimiento integra ganadería y agricultura bajo riego. La producción incluye alrededor de 140 hectáreas de alfalfa, además de superficies destinadas a maíz, cebada, centeno y cebolla.
En ganadería, Zágari desarrolló un sistema que abarca cría, recría y terminación. En los rodeos de cría trabaja principalmente con Hereford y busca reducir el peso de los terneros al nacimiento para facilitar los primeros partos.
En las vaquillonas alcanzó cerca del 90% de preñez, mientras que en las vacas los resultados se ubicaron entre 93% y 94%. Los terneros nacen con unos 27 a 28 kilos y luego el objetivo es recuperar esa diferencia durante la crianza.
Después del destete, que se realiza aproximadamente entre los seis y ocho meses, comienza la recría. Allí el productor busca avanzar hacia un sistema pastoril basado en las nuevas alfalfas implantadas.

Los animales ingresan con unos 180 a 200 kilos y la meta es llevarlos hasta los 250 o 260 kilos. En una experiencia reciente, incluso logró ganancias de 1,1 a 1,2 kilos diarios con terneros muy jóvenes alimentados con concentrados y granos.
La terminación se realiza a corral. Los animales llegan con unos 250 o 260 kilos y el objetivo es llevarlos hasta 350 o 360 kilos, mediante dietas basadas principalmente en maíz y un núcleo nutricional.
La agricultura cumple un papel central porque buena parte de los alimentos utilizados en el establecimiento se producen allí mismo. La alfalfa puede permanecer entre cinco y seis años, mientras que el maíz se utiliza tanto para alimentar a los animales como para cosechar y conservar.
El productor también incorporó la cebolla hace aproximadamente una década. El cultivo requiere una elevada disponibilidad de agua, por lo que distribuye las parcelas en distintos sectores para evitar sobrecargar los canales secundarios.
En el caso de la alfalfa, calcula que utiliza unos 14 kilos de semilla por hectárea y que la implantación puede representar entre $250.000 y $300.000, además del costo de la semilla. Para el maíz se suman semillas, fertilizantes, herbicidas y labores.
El riego constituye otro de los principales costos. Zágari utiliza bombas accionadas por motores de combustión para extraer agua, por lo que el precio del combustible incide directamente sobre la ecuación productiva.
A pesar de las dificultades, el productor considera que Guardia Mitre tiene un enorme potencial. Según su estimación, el valle alcanza unas 40.000 hectáreas y podría ampliar significativamente su actividad si mejora la infraestructura.

Uno de los principales reclamos es la construcción de un puente sobre el río, ya que actualmente el acceso continúa dependiendo de una balsa. Para Zágari, esa situación genera demoras y mayores costos logísticos para productores y transportistas.
“Esto puede tener una explosión muy grande”, sostuvo sobre el futuro del valle.
Después de 30 años, su apuesta continúa. “Si le aportamos esas dos o tres condiciones básicas, el valle va a funcionar y muy bien”, afirmó, según informó Diario Río Negro.