En la producción de semillas se encuentra una oportunidad para agregar valor; así lo afirmó Raimundo Lavignolle, presidente del INASE, en Argentina Supermercado del Mundo, Congreso Audiovisual organizado por Multimedios Agroempresario.
El Instituto Nacional de Semillas, órgano que se desprende del Ministerio de Agroindustria de la Nación, tiene como objetivo principal la aplicación de la Ley de Semillas (20.247): “El poder de policía nos da la incumbencia de controlar todo el mercado de semilla, de entrar donde presume que pueda haber semilla en infracción, donde pueda haber ilícitos, de decomisar, destruir”, explicó Lavignolle y agregó que también buscan “proteger la propiedad intelectual, asegurar la certificación y la calidad”, además de proponer toda la normativa que regula el mercado de las semillas.
La ley 20.247 tiene tres objetivos fundamentales: primero, desarrollar la producción y el comercio de las semillas, “porque eso desarrolla la agricultura nacional”, sostuvo el presidente del INASE. En segundo lugar, “asegurar al productor la identidad y calidad de la semilla”, es decir que el productor confíe en que la semilla que compre es lo que necesita para obtener una buena producción, explicó Lavignolle. Y, finalmente, proteger la propiedad intelectual: “La ley trata el tema para las variedades vegetales, el título de propiedad”, señaló.
Para aplicarla, el INASE gestiona registros para los distintos actores dentro del mercado de semillas: Dentro del ámbito empresarial, “unos 2.500 son los actores; abarca desde las empresas que crean variedades, que nosotros denominamos criaderos, las empresas que multiplican, las que comercian, las que importan y exportan, los laboratorios, los viveros. Todos deben estar inscriptos en el INASE porque da una garantía al usuario de semilla y a la cadena productiva de que tiene realmente las instalaciones necesarias, la capacidad técnica, el curso de capacitación”, explicó el presidente del organismo.
También existe el registro para los usuarios de semillas; “la idea es usar información de toda la cadena y ver cómo podemos interactuar para logar un mejor mercado”, remarcó Lavignolle. Actualmente, este tipo de registro funciona para los cultivos de soja y trigo, cuya declaración es obligatoria; así, se busca combatir el mercado ilegal y obtener información en cuanto a qué cantidad hay de uso propio, fiscalizada e ilegal.
“En función de la nueva disponibilidad de presupuesto y la nueva forma de encarar los controles, ya sea de planificación o controles guiados a partir de la información que vamos obteniendo a lo largo de toda la cadena, hemos podido mejorar mucho la identificación del mercado ilegal”, destacó el presidente del INASE.
Respecto de la fiscalización de semillas orgánicas, Lavignolle comentó que están trabajando con la Mesa Nacional de Orgánicos porque hay un déficit en este tipo de semillas. “El objetivo es, primero, concientizar a los productores orgánicos sobre la importancia de producir semilla de calidad”. El presidente del INASE explicó que se requiere un sistema de protección muy especial porque, como no se pueden utilizar agroquímicos, la genética de la semilla debe estar muy adaptada para enfrentarse a las adversidades y desarrollar un cultivo de calidad. El segundo objetivo del organismo, en esta materia, es capacitar a los productores para que empiecen con cultivos para producir semilla, en lugar de cultivos para producir un producto agrícola y de allí obtener la semilla.
La tecnología, aplicada en todo tipo de cultivos, es muy bien recibida en la Argentina; esto “se ve en la rapidez con que se incorporan a la agricultura nacional los eventos biotecnológicos que son desarrollados internacionalmente”, indicó Lavignolle. “El sector semillero argentino es un espejo del sector agrícola”, expresó.
Según manifestó el presidente del INASE, en todas las provincias del país se producen semillas; “el riego ayuda mucho a la producción de alta calidad”, y, además, “la diversidad agroecológica nacional permite que haya desarrollo del sector semillero en todo el país”.
En lo que refiere al mercado local, según Lavignolle, el maíz es el cultivo que tiene mayor cantidad de semilla fiscalizada, con una representación mayor a la mitad de las 20 millones de bolsas que se producen en total. La secundan el sorgo y el girasol en materia de fiscalización. “El 100% de lo que se cultiva en Argentina es híbrido; es un avance tecnológico muy importante”, destacó Lavignolle. También se producen alfalfa y forrajeras para praderas; de este sector, el 50% es fiscalizado. En cuanto a las autógamas (soja, trigo, legumbres) la fiscalización corresponde al 15-20%. “El 80% restante es o uso propio o mercado ilegal”, explicó.
La Argentina es un actor muy importante en el mercado internacional: “La idea es tener productos de mayor calidad y de mayor valor para poder exportar y enriquecer la balanza comercial nacional”, declaró el presidente del INASE. En este sentido, remarcó que los grandes mercados, como pueden ser Estados Unidos y la Unión Europea, compran alrededor de 300 millones de dólares. Una de las ventajas competitivas de la Argentina es el reconocimiento por organismos internacionales que regulan el comercio de semillas: ISTA, AOSCA, OCDE y UPOV.
Según explicó Lavignolle, “un certificado naranja emitido en la Argenteina le avala el lote en cualquiera de los 78 países miembros”.
“Una semilla certificada bajo normas AOSCA por el INASE en el territorio nacional, puede exportarse a Estados Unidos sin ningún inconveniente y va a valer tanto como una semilla certificada y producida dentro del territorio americano”, explicó Lavignolle.
Tal como señaló Lavignolle, “una semilla producida en Argentina y certificada por el INASE dentro del esquema de certificación OCDE, puede entrar a cualquier país miembro” (58 en total).
En total, son alrededor de 90 países miembros. Los fitomejoradores de esos países, “pueden venir y proteger sus variedades acá sabiendo que se les va a respetar el derecho de la variedad”, explicó el presidente del INASE y agregó que, además, los fitomejoradores nacionales “pueden ir y proteger sus variedades en cualquiera de los otros 90 estados que son miembros de la UPOV y los van a tratar igual que a un local, lo cual agranda el mercado”.
Para finalizar, Lavignolle enumeró seis aspectos que le dan ventajas competitivas a la Argentina en el mercado de semillas: las condiciones agroecológicas favorables, tiene “una agricultura altamente receptiva a los avances tecnológicos”, el sistema de propiedad intelectual, las capacidades técnicas y de instalación, puede producir para el hemisferio norte (mercados más grandes) en contra-estación y la calidad institucional para abastecer a los mercados y apoyar a la producción nacional.