Hein Deprez, hoy con poco más de 60 años, es un exitoso empresario belga. Vive parte del tiempo en su selecto Castillo de Malé, una edificación histórica que data del siglo IX, en Brujas. Es cofundador, accionista mayoritario y director ejecutivo de Greenyard Foods Group, una empresa internacional del sector de alimentos, concentrada en frutas y verduras, que factura cerca de 3.000 millones de euros por temporada. Años atrás, este importante ejecutivo visitaba periódicamente el Valle de Río Negro haciendo un seguimiento sobre las producciones de peras y manzanas. Era el principal accionista de la firma Expofrut, la compañía de frutas más importante de la región -y el país- que existió entre las décadas de 1980 y 2000.
Era un enamorado de los paisajes de la Patagonia y tenía enormes proyectos para desarrollar la región. El principal de ellos era el abastecimiento de alimentos desde la zona bajo riego hacia los mercados del hemisferio norte. "Es enorme el potencial productivo y económico que hay aquí en este Valle", era una de sus frases recurrentes. Pero las idas y vueltas de los programas económicos de los distintos gobiernos que pasaron en estos últimos años por la Argentina terminaron por vencer la ilusión de hacer del Valle de Río Negro un gran polo productivo exportador de frutas y hortalizas. Como muchos otros empresarios internacionales que tenían inversiones en la región, no pudo con los condicionamientos para producir que imponían los modelos económicos y, finalmente, bajó los brazos para retirarse definitivamente del país hace ya varios años.
Otra de sus frases habituales era: "Argentina es el único país, siendo gran productor, en donde el consumidor paga la manzana más cara de todo el mundo". Expofrut era una empresa que siempre miró al mercado externo, y Deprez era consciente de que la única manera de desarrollarse y crecer era a través de la exportación. "Los países que cierran las fronteras y terminan vendiendo en su mercado interno están condenados, tarde o temprano, al fracaso", argumentaba en aquel entonces mientras recorríamos —con quien escribe— las enormes plantaciones frutícolas de la empresa.
Más de una década después, todo lo señalado por el ejecutivo se terminó cristalizando en la fruticultura del valle. La producción de peras y manzanas está en una crisis que parece no tener fin. Por supuesto, escuchamos las voces de algunas empresas del sector argumentando que la actividad sigue siendo rentable, pero es el sistema el que se ajustó bruscamente, dejando a miles de productores fuera del modelo y a una decena de empresas que solo intentan sacar provecho de un esquema que, aparentemente, no tiene ningún tipo de futuro.
Esta semana volvió a materializarse una de las frases de Deprez en relación con los fabulosos precios que consigue la manzana argentina en el mercado local. En Godoy Cruz, Mendoza, el miércoles 26 de marzo, en una de las puntas de góndola de un importante supermercado de la localidad, el kilo de manzanas se ofrece al público a 5.980 pesos. Esa misma manzana, en una sucursal de la misma cadena en la zona norte del Gran Buenos Aires, alcanza los 6.500 pesos, un valor equivalente a 6,25 dólares. Un precio que ningún consumidor del mundo hoy está pagando por un kilo de manzanas.
Manzana en las góndolas de un hipermercado en Madrid. (Foto sacada el 17 de marzo de 2025).
En mercados como Estados Unidos, Alemania, España o Polonia —por dar solo tres ejemplos dentro de la Unión Europea—, los precios del kilo de manzana en la actualidad oscilan entre 2,0 y 3,8 dólares. Y hay que tener en cuenta que la manzana del hemisferio norte hoy carga un costo de energía importante ya que sale después de estar almacenadas alrededor de seis meses en las cámaras frigoríficas para llegar a las góndolas. "Para la Gala que va a entrar de Chile a partir de mayo, esperamos buenos precios. Los mismos pueden ubicarse para el consumidor entre 2,8 y 3,2 euros por kilo", confió un importante operador del mercado del norte de Europa en conversación con +P. Estos valores equivalen a 3 y 3,4 dólares por kilo, respectivamente.
¿Estos precios logrados en las góndolas locales muestran que la fruticultura argentina está pasando por un excelente momento? Lejos de ello, está sumergida en una crisis sin precedentes.
Precios de las manzanas en un importante supermercado de Berlín (Foto tomada el 27 de marzo de 2025)
El techo de precios en Europa para un kilo de manzanas al consumidor está muy lejos del pico de poco más de 6,2 dólares que se puede conseguir en el mercado argentino. ¿Por qué se da este escenario tan particular en nuestro país? Si bien la respuesta a este interrogante tiene varias aristas, es probable que sean dos los factores que definan el contexto tan especial del mercado argentino para esta pomácea.
- Los modelos económicos de las últimas décadas. Sin lugar a dudas, un país con una inflación estructural promedio de dos dígitos mensuales genera enormes distorsiones en el mercado. Esto trae aparejado una alta volatilidad en los precios, y las manzanas no quedan fuera de este contexto. El consumidor pierde la noción de lo que valen los alimentos y va a la góndola en busca del producto que desea sin tener una clara idea de lo que va a pagar por él. Esto se manifiesta aún más en aquellas familias de alto poder adquisitivo.
- El atraso cambiario en la actualidad. Si bien el Gobierno asegura que "el dólar no está atrasado, sino que son los precios los que están adelantados", la realidad es que existe una estructura de costos en la actividad frutícola del Valle que está creciendo en dólares, y esto se termina trasladando, en términos generales, al precio del producto final en góndola. Colocar manzana en el exterior con altos costos en dólares se complica para el empresario local, y de ahí que las firmas eligen enviar la fruta al mercado interno. Está claro que una manzana a más de 6 dólares el kilo para el consumidor local es un valor que trasciende los argumentos mencionados; es la posición de una empresa que quiere obtener retornos extraordinarios en un contexto de volatilidad de precios.
Modelos con claros sesgos anti-exportadores
Durante las últimas décadas, la mayor parte de los gobiernos aplicaron modelos económicos con claros sesgos anti-exportadores. Obviamente, estos esquemas terminaron por modificar las matrices comerciales de las empresas regionales, haciendo que el mercado interno se convirtiera en un destino clave para la manzana argentina. En contraposición, la exportación perdió fuerza progresivamente, cediendo espacios a otros países productores de manzanas.
Este contexto nos vuelve a traer las palabras de Hein Deprez: "Los países que cierran las fronteras y terminan vendiendo en su mercado interno están condenados, tarde o temprano, al fracaso". Hoy, Argentina es un actor marginal en el mercado internacional de manzanas, y esto terminó repercutiendo en la producción y comercialización de frutas en las últimas décadas. El mercado interno tiene un claro techo para absorber la producción. Si un país verdaderamente quiere desarrollarse, debe mirar hacia el mundo, porque es allí donde la demanda tiene techos muchísimo más altos. Eso sí, para llegar a ellos, hay condiciones que cumplir que mucha de la manzana argentina no tiene.
La fruticultura del Valle de Río Negro y Neuquén, en los últimos años, se ha degradado hasta tal punto que no solo perdió niveles sensibles de producción de manzanas, abandonando los mercados internacionales, sino que el producto también está siendo desplazado, por varias causas, de las góndolas del mercado interno. Esto se ve reflejado en la caída del consumo per cápita en los últimos años.
La gráfica adjunta muestra con claridad la evolución que ha tenido la producción y el consumo interno de manzana en las últimas tres décadas. En 1997, el Valle de Río Negro cosechaba cerca de 1,4 millones de toneladas y el consumo local se ubicaba en poco más de 12 kilos de manzana por año por habitante. El año pasado, la producción apenas llegó a las 466.000 toneladas y el consumo tocó mínimos de 5 kilos. Es decir, ambas variables se desplomaron un 65% y un 58%, respectivamente, en el período bajo análisis. Un verdadero 'fruticidio' para la región.
Puede que a algunas empresas hoy les vaya bien con este modelo, pero las frías estadísticas muestran con claridad cómo los distintos programas económicos terminaron por dinamitar un innovador complejo agroexportador diseñado a mediados del siglo pasado.
¿Cuánta manzana vale más de 6 dólares?
En varias oportunidades hemos escuchado a los empresarios regionales señalar que "como mucho, el 15% de la manzana que se destina al mercado interno logra altos precios en las góndolas". Es real. Las estadísticas así lo reflejan. Sin embargo, este es otro síntoma que evidencia la pendiente en la que se encuentra la actividad desde hace ya varias décadas.
Problemas de calidad, falta de nuevas variedades, calibres inadecuados y cobertura parcial de color en las manzanas, son solo algunas de las variables que el mercado recrimina cuando llega la oferta del producto. La falta de uniformidad en la mercadería que alcanza las góndolas determina que la diferencia entre los precios máximos y mínimos de un kilo de manzana en el mercado interno alcance las cuatro veces. En Europa, por dar un marco comparativo, ese indicador difícilmente supere las 2 veces.
Estadísticas del Mercado Central de Buenos Aires remarcan que el 40% de los envíos de manzanas se vende a precios que generan retornos marginales para la actividad, el 15% obtiene altos retornos y el 45% no llega a cubrir los costos. Buscando mejorar esta ecuación, no son pocos los que aplican políticas 'non sanctas' para compensar los bajos ingresos obtenidos en el mercados interno, como la elusión y la evasión impositiva, entre otras prácticas que, desde ya, están al margen de las leyes argentinas.
En definitiva, las dos frases de Hein Deprez, sentenciadas hace ya décadas, vuelven al presente para hacernos reflexionar sobre el trágico destino de la fruticultura del Valle de Río Negro y Neuquén. Pero la historia nos muestra que hay esperanzas para el cambio. Y para ello, es clave el surgimiento de un liderazgo empresarial que marque un nuevo norte hacia donde tiene que confluir el sistema.
LMNeuquen