Trevelin, Chubut – Enclavado en el corazón de la cordillera patagónica, el pueblo de Trevelin, fundado por inmigrantes galeses en 1888, sigue conservando con orgullo su lengua y tradiciones, a más de 130 años de su asentamiento. La historia de esta localidad comenzó con la colonización del valle del río Chubut, donde los primeros 153 colonos, llegados en la embarcación Mimosa desde Liverpool en 1865, buscaron un lugar donde hablar su idioma y profesar su religión con libertad.
La fundación oficial de lo que hoy se conoce como Trevelin se dio tras la expedición de 1888 liderada por el gobernador del entonces territorio nacional de Chubut, Jorge Luis Fontana, con el baqueano John Daniel Evans como guía. El grupo de colonos identificó el fértil valle cordillerano llamado Cwm Hyfryd o “Valle Encantador”, donde decidieron establecer la Colonia 16 de Octubre, nombre que rememoraba la sanción de la ley que creó los territorios nacionales en 1884.
La importancia de Trevelin en la región se consolidó gracias al cultivo de trigo y al establecimiento del molino de Evans, que permitió a los colonos producir harina suficiente para su comunidad. En 1891, Evans logró que el molino funcionara con la fuerza del agua, y más tarde incorporó un segundo molino a vapor, aumentando la producción a tres toneladas diarias. Este desarrollo convirtió al molino en un centro económico clave para la zona, impulsando la llegada de nuevos inmigrantes y fortaleciendo la prosperidad de la colonia.

Sin embargo, la llegada del ferrocarril a Esquel en 1945, conocido como la Trochita, y el surgimiento de competidores industriales provocaron que la producción harinera local disminuyera, llevando al cierre del molino en 1959. Pese a ello, la historia y la memoria de Evans y de los colonos que superaron sequías, inundaciones y largos viajes a caballo permanecen en la identidad de la comunidad. Hoy, el Museo Regional de Trevelin, ubicado en el edificio del antiguo molino, preserva estos recuerdos y la tradición galesa en la región.
El idioma galés, la música, la danza y las festividades siguen siendo un sello distintivo de Trevelin. Las celebraciones como el Día de la Patria Galesa o el tradicional Tea Galés, que reúne a locales y visitantes para compartir tortas y té, mantienen viva la herencia de los pioneros. Según fuentes del Museo Histórico Regional de Gaiman, “la comunidad ha logrado que su identidad cultural no se diluya con el tiempo, convirtiéndose en un atractivo turístico único en la Patagonia”.
El turismo se ha convertido en un motor económico adicional para el pueblo. La cercanía con el aeropuerto de Esquel, sumada a la belleza del valle y la cordillera, facilita la llegada de visitantes interesados en la historia de los colonos, el paisaje montañoso y actividades como pesca, trekking y observación de flora y fauna nativa. Los antiguos caminos de las expediciones galesas, así como el Valle de los Mártires, evocan las primeras travesías y dificultades enfrentadas por Evans y sus compañeros.

El proceso de asentamiento no estuvo exento de desafíos. Las primeras expediciones hacia el oeste del Chubut, antes de 1888, enfrentaron emboscadas indígenas, escasez de víveres y accidentes que marcaron la memoria colectiva, como la muerte de tres acompañantes de Evans en lo que luego se denominó Valle de los Mártires. A pesar de estos obstáculos, la determinación de los colonos permitió la instalación de canales de riego, la expansión del trigo y la consolidación de un núcleo poblacional que luego evolucionaría en Trevelin.
Con el tiempo, la creación de la oficina de telégrafos en 1904, la comisaría y el juzgado de paz sentaron las bases para la administración local. La donación de tierras por parte de colonos alrededor del molino de Evans en 1918 permitió finalmente el trazado urbano, consolidando al pueblo como centro agrícola y cultural de la región cordillerana.
Actualmente, Trevelin combina su identidad histórica con el desarrollo turístico. Los visitantes pueden recorrer el Museo Regional, participar de festivales galeses, conocer el molino restaurado y explorar el entorno natural que fascinaron a los primeros colonos. La localidad es ejemplo de cómo la memoria histórica puede convivir con la modernidad, manteniendo vivas las tradiciones y convirtiéndose en un destino emblemático de la Patagonia argentina.
“El sacrificio y la determinación de los colonos galeses nos permiten hoy disfrutar de un valle fértil y un pueblo que respeta su historia”, explican desde la Comisión de Fomento de Trevelin, destacando que la comunidad sigue impulsando actividades culturales, educativas y turísticas que vinculan pasado y presente.
En síntesis, Trevelin es más que un pueblo cordillerano; es un testimonio de la emigración, la resiliencia y la construcción de identidad cultural en la Patagonia. Cada calle, molino, escuela y fiesta recuerda a los colonos que transformaron un valle remoto en un espacio de prosperidad y memoria viva. Tal como destacó La Nación en su crónica sobre la colonización galesa, la historia de Trevelin simboliza el esfuerzo de una comunidad que, a pesar del aislamiento y las adversidades, logró dejar una huella perdurable en el paisaje y en la identidad patagónica.