Por Denise Sol Mazzitello | Agroempresario.com
En el marco del Ciclo de Seminarios In-House “Argentina Agrega Valor en Origen”, Agroempresario.com organizó su Primera Edición sobre “Proteínas Animales: ¿Puede haber un boom de producción y exportación?”, realizada el pasado 18 de noviembre y coordinada por Fernando Vilella, Director de Desarrollo de Agroempresario.com. El especialista en políticas agroindustriales del Grupo de Política y Estrategia Agroindustrial (GPS), Marcelo Regúnaga, afirmó que “Argentina está planteando un cambio de paradigma que es crecer exportando”, que se convirtió en el eje central de su exposición y que marcó el rumbo de la discusión sobre el futuro de las proteínas animales en el país. Por otro lado, Gustavo Oliverio, CoFundador, Asesor y Coordinador de proyectos de la Fundación Producir Conservando, destacó la necesidad de que Argentina fortalezca la inteligencia comercial y construya instituciones privadas profesionales que impulsen la promoción de exportaciones. Subrayó que el país tiene un enorme potencial para generar valor en cadenas como carne bovina, aviar y porcina.
Desde el inicio, Regúnaga explicó que el país enfrenta una oportunidad excepcional en un mercado internacional dinámico, especialmente en la exportación de carnes. “Hay un mercado internacional de la carne, es dinámico, en el cual podemos participar y hay una cantidad muy grande de alternativas de agregado de valor”, señaló. Sin embargo, advirtió que Argentina arrastra dos problemas históricos: “Exportamos principalmente commodities de muy bajo valor unitario y exportamos a muy pocos mercados”. Esta concentración, agregó, representa un riesgo estratégico que debe revertirse mediante una política activa de diversificación.
A lo largo de su exposición, destacó que el país cuenta con oportunidades inmediatas vinculadas a la utilización de los granos: “La forma más fácil de agregar valor es transformar esos granos en carnes”, precisó, en referencia al potencial argentino en carne bovina, porcina y aviar. Afirmó además que el actual contexto político ofrece condiciones favorables: “Contamos con un gobierno que plantea crecer exportando, es ahora la oportunidad”.

En concordancia con Regúnaga, Gustavo Oliverio expresó que Argentina debe dejar atrás su mirada interna para convertirse en un actor competitivo en el comercio exterior de alimentos. “Somos un país que potencialmente puede crecer en todo lo que hacemos en el rubro alimentos, pero el comercio exterior es central porque los consumos internos ya están abastecidos”, señaló. Destacó que el ingreso de dólares será decisivo para el desarrollo económico argentino y que la apertura de mercados debe convertirse en política de Estado.
Regúnaga dedicó un extenso tramo a analizar el contexto global y señaló que la incertidumbre geopolítica obliga a fortalecer la inteligencia de mercados. “Hoy vivimos en un mundo tremendamente incierto, donde los problemas geopolíticos han generado la destrucción del sistema multilateral. Hoy no tenemos reglas”, expresó. En ese escenario, advirtió que decisiones comerciales entre potencias pueden desplazar a la Argentina de destinos clave: “Estados Unidos hace un acuerdo con Vietnam que nos saca del mercado para determinados productos”.
Por ese motivo, consideró fundamental que el Estado y el sector privado trabajen con estructuras modernas, coordinadas y preparadas para competir internacionalmente. “Cuando uno compara el promedio de precio de exportación de Australia con el de Argentina, el de Australia es casi el doble”, sostuvo. Según explicó, esta diferencia se debe a que los países competidores optimizan qué productos destinan a cada mercado, cuentan con diplomacia comercial robusta y desarrollan estrategias de promoción consolidadas.
El análisis institucional se complementó con la exposición de Gustavo Oliverio, quien puso el foco en la necesidad de profesionalizar la inteligencia comercial y fortalecer los sistemas de promoción desde lo privado. “Este trabajo que estamos haciendo tiene que ver con dejar al sector público un manual de procedimientos para mejorar la inteligencia comercial de los mercados”, explicó para referirse al proyecto impulsado junto a GPS y FAO.

Durante su intervención, recordó experiencias internacionales que muestran cómo otros países lograron expandir sus exportaciones mediante estructuras privadas fuertes y coordinadas. “Los americanos, los australianos, Brasil y Chile hace 20 años que están haciendo inteligencia desde el sector privado para ver cómo y por dónde entrar”, subrayó. Además, enfatizó que Estados Unidos desarrolló modelos de éxito gracias a instituciones privadas que promovieron inversiones, mercados y productos: “Tyson Foods hacía 15 años apoyado en los programas de promoción privados que tenía la agricultura americana estaba desarrollando nuevos mercados, nuevos productos y nuevos agregados de valor”.
En comparación, consideró que Argentina se encuentra muy por detrás en la capacidad del sector privado para organizarse y coordinar estrategias comunes. “Nos cuesta mucho a los privados ponernos de acuerdo. Somos muy individualistas”, afirmó. Por ese motivo, sostuvo que el país necesita construir instituciones privadas profesionales, pequeñas y eficientes, orientadas exclusivamente a promocionar exportaciones y diseñar estrategias de largo plazo: “Ese es el camino para mí indelegable”.
Por otro lado, Regúnaga, remarcó que Argentina necesita más recursos técnicos en el exterior: “Somos uno de los países en relación a nuestra capacidad productiva, que tenemos menos agregados agrícolas. Necesitaríamos el triple”, aseguró. Fortalecer estas representaciones, indicó, es clave para abrir nuevos mercados, identificar oportunidades y sostener acuerdos sanitarios complejos.
Además propuso reconstruir una nueva arquitectura institucional pública y privada para desarrollar un país exportador: “Nos tenemos que replantear la estructura institucional, pública y privada, para pensar en un país exportador, porque por ahora seguimos siendo un país que mira para adentro”. Por otro lado, afirmó que este cambio requiere decisión política sostenida, profesionalización y coordinación estratégica entre todos los actores de la cadena agroindustrial.
Oliverio también destacó el potencial productivo y exportador de las cadenas animales. Recordó estudios que proyectan un fuerte crecimiento en las ventas externas: “Argentina tenía que ir a casi 20 mil millones de dólares más que en 2023 con carne bovina, avícola, porcina, lácteos y el complejo de granos”. Afirmó que este incremento sería equivalente al nivel de divisas por las que el país debatió durante largo tiempo en torno al swap financiero, lo que muestra la magnitud del aporte potencial del sector agroindustrial.
Al abordar la sustentabilidad, Regúnaga se refirió al potencial de los activos ambientales, especialmente el secuestro de carbono, como una fuente adicional de ingresos. “Vamos a poder vender activos de carbono porque nuestra agricultura es una de las pocas regiones que tiene un potencial enorme para secuestrar carbono”, afirmó. Aseguró que este proceso será impulsado por organismos internacionales y por consumidores globales cada vez más exigentes en materia de sustentabilidad.

En concordancia, Oliverio explicó que será un atributo decisivo para competir en los próximos años. “El consumidor está pidiendo bonos de carbono, mirar y ver la sustentabilidad de todo lo que está comprando”, afirmó y agregó que Argentina tiene una oportunidad única porque “no todos los países agrícolas tienen los sistemas productivos que tenemos y los hacemos bien; realmente somos muy eficientes”. Esto no solo agrega valor económico, sino que ofrece garantías ambientales en línea con las nuevas demandas globales.
El seminario permitió concluir que Argentina atraviesa un momento decisivo. Los especialistas coincidieron en que el país posee recursos productivos, conocimiento técnico y ventajas naturales para ganar protagonismo en el comercio mundial de proteínas animales, pero su principal desafío es institucional. La estabilidad, la articulación público-privada, la diversificación de mercados y la construcción de una estrategia exportadora integral serán los elementos que definirán la capacidad de crecimiento en los próximos años.
Regúnaga resumió este desafío con claridad: “Para crecer exportando tenemos que hacer una nueva arquitectura pública y privada”. Mientras que Oliverio reforzó la responsabilidad del sector privado al afirmar: “El desafío está en nosotros; tenemos que ser capaces de construir estructuras que potencien nuestros negocios para el futuro”.