Por Denise Sol Mazzitello | Agroempresario.com
En el marco del Ciclo de Seminarios In-House “Argentina Agrega Valor en Origen”, Agroempresario.com organizó su Primera Edición sobre “Proteínas Animales: ¿Puede haber un boom de producción y exportación?”, realizada el pasado 18 de noviembre y coordinada por Fernando Vilella, Director de Desarrollo de Agroempresario.com. Néstor Eggs, Presidente de Noelma, Joaquín de Grazia, Presidente de Granja Tres Arroyos y Vicepresidente de Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), y Javier Prida, Presidente Ejecutivo de la Cámara Argentina de Productores e Industrias Avícolas (CAPIA), expusieron su visión sobre la evolución histórica del sector, los desafíos de competitividad y las oportunidades internas y externas para la industria.
La historia personal de cada referente refleja, en muchos sentidos, la evolución misma de la avicultura nacional. Néstor Eggs, Presidente de Noelma, abrió su intervención con un relato que trazó el duro camino de los primeros años de la actividad. Recordó cómo, en la década del 70, repartía pollos en Buenos Aires viajando desde Entre Ríos “arriba de un camioncito verde”, enfrentando caminos de ripio, niebla y ferrys que se detenían por horas. “Hemos pasado durísimos tiempos que nos curtió”, resumió sobre aquel período.

Eggs relató cómo la falta de infraestructura obligaba a desvíos interminables y decisiones improvisadas. Sin rutas consolidadas, sin túneles disponibles y con constantes interrupciones, la logística exigía determinación y una dosis extraordinaria de adaptabilidad. En ese contexto, planteó que la avicultura argentina se construyó “en manos de luchadores”, donde cada productor debió aprender a diversificar para sostener el negocio. Hoy, tras más de cinco décadas de trabajo, Noelma está distribuida en 24 provincias y consolida un crecimiento que atribuye al esfuerzo y a la capacidad de adaptación.
La historia de Joaquín de Grazia, Presidente de Granja Tres Arroyos y Vicepresidente de CEPA, tiene un origen similar. Su familia llegó de Calabria en la década del 30, encontró en el pollo una oportunidad y comenzó vendiendo aves vivas por las calles de Buenos Aires. Él mismo repartía en bicicleta, “hoy llamado delivery”, recordó. De Grazia puso en valor el acceso a la educación pública argentina como motor del progreso: “Argentina, como país generoso, te brinda posibilidades extraordinarias”, afirmó, para destacar que su formación profesional fue clave para luego desarrollar una empresa que creció y se diversificó en distintas provincias.
También repasó un momento histórico para la industria: el inicio de la exportación de carne aviar en 1973, cuando Argentina y Brasil firmaron contratos simultáneos con clientes de Oriente. Mientras Brasil escaló hasta superar las 5 millones de toneladas exportadas, Argentina quedó rezagada. De Grazia atribuyó parte de esa brecha a las asimetrías en costos laborales, tipo de cambio y financiamiento, pero también al desafío de incorporar tecnología en forma constante, algo que la avicultura requiere para sostener la eficiencia.

Por su parte, Javier Prida, Presidente Ejecutivo de CAPIA, repasó el origen de la producción de huevo en la Argentina, también marcada por la agricultura familiar. Contó cómo su padre, ya en los años 70, comenzó cruzando “con una bolsita” para comprar huevos porque no existía un mercado concentrado, hasta que decidió producir por su cuenta. CAPIA cumple 45 años y representa a un sector integrado por productores pequeños y medianos que, en promedio, manejan entre 60.000 y 95.000 aves.
Prida explicó que la gran transformación del huevo ocurrió con la mejora genética desde la década de los 70, permitiendo producir durante todo el año y no solo en primavera-verano, como sucedía antes. Esa evolución tecnológica convirtió al sector en uno de los más eficientes del país, con niveles de conversión que “no tienen nada que envidiarle al mundo”.
Cada trayectoria personal, con su cuota de dificultad y progreso, permitió delinear un panorama común: la avicultura argentina nació de esfuerzos familiares, evolucionó gracias a la incorporación de tecnología y hoy se proyecta como una actividad estratégica, tanto por su aporte a la economía interna como por su potencial exportador.
Los tres referentes coincidieron en que la competitividad del sector depende cada vez más de la tecnología y la eficiencia. De Grazia fue contundente al explicar que la avicultura es una actividad de inversión permanente: “Cuando vamos a una feria de tecnología vemos desarrollos que no podemos dejar de comprar”, señaló, porque el avance global obliga a modernizar instalaciones para sostener competitividad.
Un ejemplo central fue la transición hacia galpones de gran escala. Mientras que antiguamente predominaban estructuras de 50 metros por 10, hoy un solo galpón moderno reemplaza a ocho de los más pequeños y aloja hasta 40.000 pollos. Esa magnitud permite mejorar la conversión, la bioseguridad, el bienestar animal, la eficiencia energética y el manejo automatizado. Sin embargo, la incorporación de estas tecnologías requiere crédito accesible, algo que, según De Grazia, constituye una de las principales asimetrías frente a Brasil.
Eggs, desde su perspectiva, resaltó otro componente clave para la competitividad: la trazabilidad. Planteó que debe entenderse como un proceso que comienza antes de instalar una granja, ya que exige considerar la calidad del agua, la energía disponible, el manejo del ripio, la ubicación estratégica y la infraestructura. Relató cómo su nieto, trabajando para supermercados europeos, le transmitió las exigencias actuales del mercado internacional como el cuidado del suelo, uso racional del agua, bienestar laboral y procesos certificados. “La exigencia nos va a llegar con la trazabilidad mucho más de lo que creemos”, advirtió.
En el sector del huevo, Prida destacó que la eficiencia productiva alcanzada en los últimos años es extraordinaria. Empresas argentinas han sido reconocidas internacionalmente por superar las tablas de rendimiento de las casas genéticas, superando incluso los datos oficiales. Además, señaló que la adopción tecnológica dio lugar a un sistema de economía circular, donde prácticamente todos los subproductos encuentran un destino de valor, desde la cáscara destinada a la industria minera hasta la membrana utilizada para fortalecer componentes de impresoras 3D.

Prida también remarcó que la tecnología no solo debe enfocarse en la producción sino en la comprensión del consumidor. Explicó que, cuando se consulta al público por precio o salud, el huevo aparece como el alimento más conveniente y más saludable. Esa percepción, combinada con la eficiencia productiva, convierte al sector en un actor clave dentro del sistema de proteínas.
Los tres referentes coincidieron en que Argentina tiene recursos naturales, conocimiento técnico y genética de primera línea. Pero el desafío pasa por generar condiciones de financiamiento, infraestructura y estabilidad normativa que permitan acompañar la inversión tecnológica y potenciar la competitividad.
En materia de mercados internacionales, las experiencias de los tres empresarios confluyen en una misma conclusión: el mundo demanda proteína aviar y Argentina tiene oportunidades, aunque enfrenta barreras.
Eggs compartió anécdotas de sus primeras incursiones internacionales en la década del 90, recorriendo ferias por Europa, Sudáfrica, China, Malasia, Indonesia, Filipinas y Singapur. Sin hablar inglés, aprendió “a los golpes” y logró posicionar productos en más de 38 países. Su relato pone en evidencia que las exportaciones avícolas requieren presencia, vínculo directo con clientes y una comprensión profunda de las preferencias culturales y comerciales de cada destino. Destacó que periódicamente un contenedor de sus pollos llega a las bases en la Antártida.
Uno de los desafíos mencionados por De Grazia es la producción de pollos más chicos para mercados árabes, donde se consume tradicionalmente un ave completa por persona. Esto obliga a faenar animales de entre 800 y 1.300 gramos, lo que resulta técnicamente complejo y menos eficiente. Sin embargo, la demanda crece no solo en Medio Oriente sino también en Europa, donde se amplía el consumo de pollo halal por parte de comunidades musulmanas.

De Grazia recordó emocionado haber visto productos de su empresa en góndolas de Malvinas, reenviados desde Inglaterra. Esa experiencia reforzó la importancia del desarrollo exportador, aunque también dejó en claro que Argentina aún está lejos de alcanzar el potencial del sector. Mientras Brasil exporta más del doble de lo que nuestro país produce, Argentina mantiene una participación marginal en un mercado global en expansión.
Para Prida, el huevo y sus derivados también tienen grandes oportunidades, especialmente por su imagen positiva en términos de salud y costo. Explicó que el sector trabaja en la ampliación de mercados y en la diversificación de destinos, con un enfoque en valor agregado y en la sostenibilidad del sistema productivo.
Los tres referentes coincidieron en que el potencial exportador de la avicultura argentina es enorme, especialmente en un mundo que demanda proteínas accesibles y con bajo impacto ambiental. Pero el crecimiento dependerá de una estrategia nacional que fomente la inversión, mejore la infraestructura logística, reduzca asimetrías con competidores y asegure estabilidad normativa y sanitaria.