Un proyecto coordinado por universidades, organismos públicos y productores avanza desde el año 2021 en el Delta del Paraná, donde se incorporan especies nativas dentro de predios forestales y ganaderos para recuperar el monte blanco, el ecosistema original de las islas. La iniciativa —informada por Infobae— es relevante porque busca compatibilizar producción y conservación a través de la restauración ecológica y la integración de funciones naturales que benefician directamente a la actividad económica de la región.
Quienes recorren el Delta suelen observar plantaciones de álamos y sauces, rodeos bovinos y pastizales. Pero, como destacó Infobae, en paralelo avanza un proceso menos visible: la reintroducción paulatina del monte blanco en sectores productivos. El proyecto instaló siete módulos de restauración de 60 m² en campos forestales, ganaderos y silvopastoriles, donde se incorporaron más de 400 individuos de árboles, arbustos, lianas y pastos. A eso se sumó la plantación de 200 árboles nativos en otras 4,5 hectáreas destinadas a reforzar la regeneración del bosque ribereño.
En total, el trabajo abarca casi cinco hectáreas y más de 600 ejemplares de 22 especies nativas. El objetivo no es volver a un estado previo a la ocupación humana, explicaron al medio, sino recuperar funciones ecológicas que aporten resiliencia y generen beneficios directos para los sistemas productivos del Delta.

Los relevamientos iniciales permiten identificar tendencias. Algunas especies —como tarumá, ceibo, anacahuita y canelón verde— muestran un desempeño favorable, mientras que otras —como timbó, palo amarillo y ceibillo— requieren más tiempo para establecerse. El equipo técnico señaló a Infobae que el trabajo no solo apunta a medir crecimiento y supervivencia, sino también a registrar qué plantas llegan de forma espontánea. En los módulos de restauración, las primeras en aparecer son herbáceas nativas, lo que confirma la necesidad de sumar especies arbóreas que permitan reconstruir la estructura del bosque a largo plazo.
El monte blanco no solo es parte del patrimonio natural del Delta: cumple funciones que resultan estratégicas para la actividad forestal y ganadera. Provee refugio a fauna asociada a la polinización y al control natural de plagas, dos servicios que inciden directamente en la productividad y en la sanidad de los sistemas. Además, actúa como corredor biológico entre áreas protegidas y sectores productivos, contribuye a conservar recursos genéticos de valor regional y sostiene una diversidad vegetal vinculada a usos medicinales tradicionales.
En su dimensión física, el bosque nativo aporta estabilidad a las forestaciones, reduce la erosión costera, mejora la calidad del agua y amortigua el impacto de crecientes y fluctuaciones hídricas. Según destacó Infobae, estos beneficios podrían abrir oportunidades vinculadas al manejo sostenible, certificaciones ambientales y eventuales esquemas de carbono, además de fortalecer la identidad turística del Delta.
La iniciativa también relevó cómo varía la vegetación en distintos ambientes productivos. En plantaciones de sauces y álamos predominan especies exóticas invasoras —como zarzamora, ligustro y lirio amarillo—, mientras que en pastizales ganaderos y sistemas silvopastoriles se observa mayor presencia de herbáceas nativas. Estas diferencias ayudan a definir estrategias de manejo adaptadas a cada ambiente, siempre con una perspectiva de sustentabilidad.
El proyecto consolidó una red de cooperación integrada por universidades, organismos públicos, fundaciones, empresas privadas y productores de la zona. Esa articulación, según consignó Infobae, permite sostener el trabajo a largo plazo, coordinar esfuerzos y compartir aprendizajes entre actores con intereses diversos pero complementarios.

De cara a los próximos años, el proyecto continuará midiendo servicios ecosistémicos como la regulación hídrica, la captura de carbono y la provisión de hábitat para fauna clave. También se prevén actividades de investigación, docencia y vinculación con actores locales para fortalecer el enfoque de gestión forestal sostenible en todo el Delta.
La restauración del monte blanco se convierte así en una herramienta para equilibrar producción y conservación, reforzar la adaptación climática y acompañar la recuperación de un ecosistema históricamente transformado. Como señaló el equipo técnico al medio, el desafío está en escalar estas experiencias piloto y generar más evidencia que permita replicarlas en predios de mayor superficie, sin afectar la productividad.
La combinación de módulos experimentales, mediciones continuas y la integración de actores del territorio posiciona a esta iniciativa como un modelo de trabajo que podría extenderse a otras áreas del Delta. Los resultados preliminares confirman que la reintroducción de vegetación nativa dentro de sistemas forestales, ganaderos y silvopastoriles es posible y que sus beneficios se proyectan más allá de la recomposición del paisaje: impactan en la estabilidad del suelo, la disponibilidad de agua, la biodiversidad asociada y la sustentabilidad de las actividades económicas que sostienen a la región.
Con avances sostenidos y una estrategia basada en información científica, el Delta del Paraná comienza a recuperar partes de su identidad ecológica, al tiempo que fortalece la productividad mediante un enfoque que reconoce el valor de los servicios naturales. La restauración del monte blanco, como señala la experiencia difundida por Infobae, se perfila como un camino para integrar conservación, desarrollo y resiliencia en uno de los territorios más dinámicos del país.