Rusia presentó una propuesta de cooperación tecnológica en materia de defensa dirigida a países de América Latina, con el objetivo de fortalecer sus capacidades industriales y militares mediante acuerdos de producción conjunta, transferencia de tecnología y desarrollo de largo plazo. La iniciativa fue expuesta en 2025, durante un evento internacional del sector realizado en Brasil, y es relevante porque vuelve a ubicar a la región en el radar de las grandes potencias tecnológicas en un escenario global marcado por la competencia estratégica y la redefinición de alianzas, según informó El Cronista.
La propuesta fue impulsada por Rosoboronexport, la empresa estatal rusa encargada de las exportaciones de armamento, y apunta a establecer asociaciones industriales con países latinoamericanos interesados en avanzar hacia una mayor autonomía estratégica. El planteo contempla no solo la venta de equipamiento, sino también la participación de empresas locales en procesos de fabricación, ensamblaje, mantenimiento y desarrollo tecnológico.
De acuerdo con lo expuesto por la compañía, Rusia busca abrir canales de diálogo con gobiernos y actores del sector privado de países como Brasil, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, entre otros, con la intención de analizar proyectos conjuntos adaptados a las necesidades de cada mercado. El foco está puesto en iniciativas de largo plazo que permitan crear capacidades productivas locales y reducir la dependencia de proveedores externos.

La presentación se realizó en el marco de la feria LAAD, considerada la principal exposición de defensa y seguridad de América Latina, que se llevó a cabo en Río de Janeiro. Allí, Rosoboronexport confirmó formalmente su estrategia regional y detalló las áreas en las que propone cooperar con los países latinoamericanos, en un contexto internacional atravesado por tensiones geopolíticas y una creciente competencia por influencia tecnológica.
Según explicó el director general de la empresa, Alexander Mikheev, el objetivo central de la participación rusa en la feria fue discutir proyectos de cooperación tecnológica que incluyan esquemas de producción conjunta y transferencia de conocimiento. “El interés está puesto en desarrollar capacidades industriales locales con el respaldo de la experiencia tecnológica rusa”, señaló el directivo durante el evento, de acuerdo con lo informado.
Entre los segmentos identificados como prioritarios para la cooperación se encuentran las armas pequeñas y armamento ligero, los vehículos aéreos no tripulados (drones), los sistemas de armas de precisión, los vehículos blindados y distintas plataformas navales. Se trata de áreas que, según la empresa, despiertan un interés creciente en América Latina por su impacto tanto en la defensa como en el desarrollo de industrias de alto valor agregado.
Desde Rosoboronexport indicaron que varios países de la región evalúan estrategias para fortalecer sus propias industrias de defensa, no solo por razones de seguridad, sino también como una vía para impulsar el desarrollo tecnológico, la generación de empleo calificado y la incorporación de conocimiento en sectores estratégicos. En ese marco, la propuesta rusa se presenta como una alternativa de cooperación integral frente a modelos tradicionales basados exclusivamente en la compra de equipamiento terminado.
Durante la feria LAAD, la delegación rusa mantuvo reuniones con representantes de ministerios de Defensa y Fuerzas Armadas de Brasil y de otros países latinoamericanos. Si bien el espacio expositivo de Rusia fue más acotado en comparación con el de otros fabricantes internacionales, la empresa priorizó los encuentros técnicos y las presentaciones privadas, orientadas a explorar intereses concretos y posibles líneas de trabajo conjunto.
En el stand se exhibieron réplicas y material técnico de algunos de los sistemas más avanzados del catálogo exportable ruso, entre ellos los cazas Su-57E y Su-35, el tanque T-90MS y el navío de transporte BK-16E. Estos equipos fueron presentados como ejemplos de las capacidades tecnológicas disponibles para eventuales programas de cooperación, aunque desde la empresa aclararon que cualquier proyecto se definiría en función de las necesidades específicas de cada país.

El interés ruso por América Latina se inscribe en una estrategia más amplia de política exterior e industrial, orientada a sostener vínculos técnicos y comerciales con regiones consideradas clave en un mundo cada vez más fragmentado. Para Moscú, la región representa un espacio con potencial para establecer alianzas fuera de los tradicionales ejes de poder, especialmente en sectores sensibles como la industria militar y la tecnología avanzada.
Para los países latinoamericanos, la propuesta aparece en un contexto de diversificación de socios internacionales y de revisión de sus políticas de defensa. En los últimos años, varias naciones de la región manifestaron interés en modernizar sus fuerzas armadas y, al mismo tiempo, desarrollar capacidades industriales propias, un objetivo que suele verse limitado por restricciones presupuestarias y tecnológicas.
Brasil, anfitrión de la feria LAAD, ocupa un lugar central en este esquema. El país cuenta con una de las industrias de defensa más desarrolladas de América Latina y mantiene vínculos históricos con múltiples proveedores internacionales. La presencia rusa en el evento buscó reforzar el diálogo con ese ecosistema industrial, aunque también se extendió a otros países con menor desarrollo relativo pero con interés en avanzar en ese camino.
Analistas del sector señalan que este tipo de iniciativas refleja la creciente competencia global por influencia tecnológica, en la que la transferencia de conocimiento y la producción local se convierten en herramientas clave de diplomacia económica. En ese escenario, América Latina aparece como una región en disputa, no solo por sus recursos naturales, sino también por su potencial como plataforma industrial y tecnológica.
Si bien no se anunciaron acuerdos concretos durante la feria, la propuesta rusa dejó abierta la puerta a negociaciones futuras y a la conformación de mesas técnicas para evaluar proyectos específicos. La concreción de esas iniciativas dependerá, en gran medida, de las definiciones políticas de cada país, de sus marcos regulatorios y de la evolución del contexto internacional.
Con esta movida, Rusia busca reafirmar su presencia en América Latina y posicionarse como un socio dispuesto a ofrecer algo más que equipamiento: tecnología, cooperación industrial y desarrollo conjunto. Para la región, el desafío será evaluar estas propuestas en función de sus intereses estratégicos, su inserción internacional y el equilibrio entre seguridad, desarrollo industrial y política exterior.