El acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur quedó en la antesala de su firma tras más de dos décadas de negociaciones, con proyecciones que lo ubican como el mayor tratado de libre comercio del mundo por alcance económico y poblacional. La expectativa se aceleró luego de la reciente aprobación política del Consejo de la UE y ante la posibilidad de que la rúbrica se concrete en los próximos días en Asunción, Paraguay, un paso considerado relevante porque podría redefinir la relación económica entre ambos bloques y modificar el equilibrio del comercio internacional. La información fue difundida por Forbes.
El embajador de la Unión Europea en Argentina, Erik Høeg, sostuvo que el entendimiento birregional generará un mercado de más de 700 millones de personas y concentrará alrededor del 35% del comercio mundial, lo que lo convertiría en el acuerdo comercial más amplio a escala global. “Celebramos la decisión del Consejo de la UE. Estamos muy cerca de concretar un acuerdo histórico que abrirá nuevas oportunidades para la UE, Argentina y el Mercosur y fortalecerá una asociación de beneficio mutuo y valores compartidos”, afirmó el diplomático en declaraciones citadas por Forbes. Y añadió: “Al concretarse, será el mayor acuerdo comercial del mundo, creando un mercado de más de 700 millones de personas, representando alrededor del 35% del comercio internacional”.
La eventual firma marcaría el cierre de un proceso iniciado a fines de la década de 1990 y caracterizado por avances, retrocesos y extensas pausas políticas. Para el Mercosur, el tratado sería el más relevante desde su creación en 1991. Para la Unión Europea, representa una jugada estratégica orientada a diversificar socios comerciales y reducir dependencias en un contexto global atravesado por tensiones geopolíticas, disputas arancelarias y competencia tecnológica entre potencias.

El tratado no se limita a la reducción de aranceles. Está estructurado sobre tres pilares: político, de cooperación y comercial. Ese diseño apunta a consolidar una relación de largo plazo entre ambos bloques, con compromisos vinculados a normas institucionales, previsibilidad jurídica, promoción de inversiones y fortalecimiento del vínculo diplomático. La lógica de fondo es construir un marco estable que trascienda los ciclos económicos y políticos.
De acuerdo con los datos difundidos por Forbes, en conjunto la UE y el Mercosur concentran más del 30% del Producto Bruto Interno mundial y cerca del 35% del comercio global. El texto del acuerdo prevé la eliminación o reducción de aranceles en más del 90% del comercio bilateral, con un esquema de apertura gradual que reconoce las asimetrías entre economías desarrolladas y emergentes. En la práctica, la apertura sería más rápida del lado europeo, mientras que los países sudamericanos contarían con plazos más extensos para adaptar sus sectores sensibles.
Las estimaciones económicas anticipan impactos concretos. Según proyecciones basadas en modelos de equilibrio general computable, las exportaciones europeas hacia el Mercosur podrían crecer un 39%, mientras que las ventas del bloque sudamericano hacia Europa aumentarían alrededor de un 17%. En términos de producto, el PBI de la UE podría incrementarse en unos 77.600 millones de euros hacia 2040, y el del Mercosur en aproximadamente 9.400 millones de euros en el mismo horizonte temporal.

El capítulo comercial del acuerdo incluye concesiones significativas. La Unión Europea eliminaría el 92% de los aranceles que hoy enfrentan las exportaciones del Mercosur y liberalizaría el 99% del comercio agrícola, lo que facilitaría el ingreso de productos como frutas, vinos, aceites, alimentos procesados y bienes pesqueros. También se contemplan cuotas ampliadas para productos sensibles, entre ellos carne vacuna, carne aviar, maíz y etanol, con aranceles reducidos o directamente eliminados.
Desde la perspectiva sudamericana, el tratado también podría tener un efecto estructural sobre la competitividad industrial. La reducción de aranceles a la importación de maquinaria, insumos y bienes de capital europeos, hoy protegidos con tasas promedio de hasta el 18%, permitiría disminuir costos productivos y acelerar procesos de modernización tecnológica. Este punto resulta central para sectores que buscan integrarse a cadenas globales de valor y competir en mercados más exigentes.
El acuerdo incorpora además un capítulo específico para servicios, con oportunidades en áreas vinculadas al conocimiento, la tecnología y los servicios profesionales. En particular, los servicios basados en conocimiento, uno de los sectores más dinámicos de la economía argentina y regional, aparecen como potenciales beneficiarios de un marco normativo más claro y previsible para operar en el mercado europeo.

Para Argentina, el tratado con la UE implica la posibilidad de recuperar preferencias comerciales que se perdieron tras la salida del país del Sistema Generalizado de Preferencias (SGP) europeo. Entre los sectores con mayor potencial aparecen el biodiésel, los aceites vegetales, los langostinos, los cítricos y los productos pesqueros, además de diversos alimentos con valor agregado.
Uno de los puntos más sensibles para la economía argentina es la eliminación del arancel del 20% sobre la cuota Hilton, lo que podría mejorar la competitividad de la carne vacuna de alta calidad en el mercado europeo. También se prevé el reconocimiento de 104 indicaciones geográficas argentinas, un aspecto clave para fortalecer el posicionamiento internacional de vinos y productos regionales con denominación de origen.
En el plano industrial, la baja de aranceles sobre insumos y equipos importados desde Europa podría favorecer a sectores como el automotriz, metalmecánico y químico, al reducir costos y facilitar procesos de actualización tecnológica. A esto se suma un capítulo orientado a pymes, con disposiciones destinadas a simplificar procedimientos, mejorar el acceso a información comercial y facilitar la inserción de pequeñas y medianas empresas en mercados internacionales.
La firma del acuerdo no implicará su entrada en vigor inmediata. Una vez rubricado, el texto deberá ser aprobado por el Parlamento Europeo y luego ratificado por cada país del Mercosur de acuerdo con sus procedimientos internos. En paralelo, la Comisión Europea prevé movilizar un Fondo de Cooperación Reforzada de 1.800 millones de euros para acompañar la implementación del tratado y apoyar a los sectores más expuestos al cambio.
Høeg sostuvo que el contexto internacional refuerza el valor estratégico del acuerdo. “En un escenario marcado por crecientes tensiones geopolíticas, la UE y el Mercosur eligen una integración basada en reglas, confianza mutua y complementariedad”, expresó, según consignó Forbes. Esa definición sintetiza el espíritu político que rodea al entendimiento: más allá del comercio, se trata de consolidar una alianza entre regiones con afinidades institucionales y valores compartidos.
Si los tiempos políticos acompañan y los procesos de ratificación avanzan sin bloqueos, la entrada en vigor podría concretarse hacia finales de 2026. De ocurrir, el acuerdo UE–Mercosur no solo modificaría los flujos comerciales entre ambas regiones, sino que también podría convertirse en un punto de inflexión para la inserción internacional del bloque sudamericano y, en particular, para la estrategia de desarrollo de países como Argentina.