Rio Tinto Group y Glencore iniciaron conversaciones para avanzar en una posible fusión a nivel global que daría origen a la mayor compañía minera del mundo, con un valor de mercado combinado superior a los USD 200.000 millones, según informó Infobae. Las negociaciones se desarrollan por estos días entre las cúpulas empresariales en el Reino Unido y otros centros financieros, y resultan relevantes no solo por su impacto en la industria internacional sino también por la fuerte presencia que ambas compañías tienen en Argentina, donde operan proyectos estratégicos de litio y cobre.
Las propias empresas confirmaron que evalúan distintas alternativas de combinación, incluida una operación íntegramente en acciones, que podría abarcar parte o la totalidad de sus negocios. La noticia tuvo un impacto inmediato en los mercados: las acciones de Glencore subieron hasta 9,9% en la apertura en Londres, mientras que los papeles de Rio Tinto retrocedieron 2,5%, luego de haber caído más de 6% en la rueda australiana.
La eventual fusión sería la operación más grande de la historia del sector minero y consolidaría un nuevo líder global en un momento en que las grandes compañías compiten por posicionarse en minerales críticos para la transición energética, en especial el cobre.

El posible acuerdo tiene implicancias directas para Argentina. Rio Tinto anunció inversiones para desarrollar su proyecto de litio Rincón, en la provincia de Salta, y además cuenta con activos mineros en Jujuy y Catamarca. En tanto, Glencore reactivó recientemente la actividad en la mina de cobre Bajo de la Alumbrera, también en Catamarca, tras siete años de inactividad, y mantiene otros negocios relevantes en el país.
Una compañía resultante de la fusión concentraría una parte significativa de los principales proyectos de cobre y litio en territorio argentino, dos recursos considerados estratégicos a nivel global por su vínculo con la electrificación, las energías renovables y la movilidad sustentable. Por ese motivo, el avance de las conversaciones es seguido con atención tanto por gobiernos provinciales como por el sector empresario local.
De concretarse, la unión entre Rio Tinto y Glencore daría lugar a un coloso capaz de competir de manera directa con BHP Group, que durante años ostentó el título de la minera más grande del mundo. La operación se inscribe en una ola de consolidación que atraviesa a toda la industria, impulsada por la necesidad de asegurar reservas de cobre ante un escenario de oferta limitada y demanda en alza.
El cobre cotizó esta semana por encima de los USD 13.000 por tonelada, un máximo histórico, impulsado por interrupciones en la producción global y por compras anticipadas en Estados Unidos frente al temor de nuevos aranceles. Ese contexto fortaleció el interés estratégico por los grandes activos cupríferos que poseen tanto Rio como Glencore.
Ambas compañías controlan yacimientos de alta calidad a nivel mundial. Para Rio, un acuerdo con Glencore significaría ampliar de manera sustancial su producción de cobre y obtener participación en la mina chilena Collahuasi, una de las más ricas del planeta, que la empresa codicia desde hace años.

A pesar del interés estratégico, el camino hacia una fusión no está libre de obstáculos. Analistas del mercado señalaron que existen diferencias profundas entre ambas compañías, tanto en su cultura corporativa como en la composición de sus negocios.
Glencore es uno de los mayores productores y comercializadores de carbón del mundo, un sector que genera fuertes cuestionamientos ambientales y que Rio Tinto decidió abandonar en años anteriores como parte de su estrategia de descarbonización. Esa divergencia podría convertirse en uno de los puntos más sensibles de la negociación.
John Ayoub, gestor de cartera en Wilson Asset Management, afirmó, según reprodujo Infobae: “El carbón es donde la falta de detalle es evidente. Uno pensaría que el carbón sería una de las primeras desinversiones que una empresa fusionada buscaría”. Esa definición refleja una preocupación compartida por inversores institucionales que priorizan criterios ambientales, sociales y de gobernanza.
En el pasado, Glencore llegó a evaluar la posibilidad de escindir su negocio de carbón, pero finalmente desistió ante la presión de sus accionistas, que consideraron que ese segmento sigue siendo una fuente relevante de ingresos.
No es la primera vez que ambas empresas exploran una combinación. En 2024 mantuvieron conversaciones que finalmente fracasaron por diferencias en la valoración de cada compañía. Desde entonces, el escenario cambió. Rio Tinto renovó su conducción ejecutiva y Glencore reforzó su estrategia pública de crecimiento en cobre.
En conversaciones privadas citadas por Infobae, el director ejecutivo de Glencore, Gary Nagle, llegó a describir una eventual unión con Rio como “el acuerdo más obvio de la industria”. Sin embargo, la distancia entre las capitalizaciones bursátiles sigue siendo un punto de tensión: Rio Tinto ronda los USD 137.000 millones de valor de mercado, mientras que Glencore se ubica cerca de los USD 70.000 millones.

Del lado de Rio, el nuevo CEO, Simon Trott, enfocó su gestión inicial en reducir costos, simplificar la estructura del grupo y desprenderse de activos no estratégicos. Esa política apunta a fortalecer el balance antes de encarar grandes adquisiciones. El presidente de la compañía, Dominic Barton, sostuvo públicamente que la empresa dejó atrás una etapa de operaciones fallidas y que ahora adoptará un enfoque más disciplinado en materia de fusiones y compras.
Ben Cleary, gestor de cartera de Tribeca Investment Partners, resumió el sentimiento del mercado al afirmar: “Tiene mucho sentido. Es el gran acuerdo minero pendiente que existe”, según publicó Infobae.

Las conversaciones entre Rio y Glencore se producen en medio de una ola de operaciones corporativas en el sector. En los últimos meses, Anglo American avanzó en un acuerdo para adquirir Teck Resources, luego de haber rechazado un intento de compra por parte de BHP. La tendencia refleja un diagnóstico compartido por las grandes mineras: el futuro del negocio dependerá cada vez más del acceso a grandes reservas de cobre, litio y otros minerales críticos.
En ese escenario, la posible creación de un gigante de más de USD 200.000 millones marcaría un punto de inflexión para la industria y reconfiguraría el mapa global de la minería.
Por el momento, no existe una oferta formal presentada ante los mercados. Bajo las reglas de adquisiciones del Reino Unido, Rio Tinto tiene plazo hasta el 5 de febrero para confirmar si avanzará con una propuesta concreta o si se retirará de las negociaciones por al menos seis meses.
Mientras tanto, la expectativa crece tanto en los mercados financieros como en los países donde ambas compañías tienen operaciones relevantes, incluida Argentina. Si la fusión avanza, el país podría quedar en el centro de la estrategia global de uno de los mayores jugadores mineros del planeta, con implicancias económicas, productivas y políticas que aún están por verse.