En el sur de la provincia de Chubut, la localidad de Sarmiento alberga uno de los patrimonios geológicos más singulares de la Argentina: un bosque petrificado con restos de árboles que superaron los 100 metros de altura y que hoy se conservan como fósiles de piedra con una antigüedad estimada en 65 millones de años. El sitio, de alto valor científico, cultural y turístico, se consolida como uno de los destinos más llamativos de la Patagonia para quienes buscan experiencias vinculadas a la naturaleza y la historia profunda del planeta.
Según informó TN, el Área Natural Protegida Bosque Petrificado Sarmiento resguarda cientos de troncos fosilizados que pertenecieron a antiguas coníferas del período Cretácico, cuando esta región presentaba un clima muy distinto al actual, con mayor humedad y vegetación abundante.
Quien llega por primera vez a este sector de la meseta patagónica encuentra un escenario que rompe con toda expectativa: grandes bloques de piedra con formas cilíndricas, colores ocres, grises y rojizos, dispersos sobre el terreno como si fueran restos de esculturas naturales. En realidad, se trata de troncos que fueron sepultados por cenizas volcánicas y sedimentos, y que con el paso de millones de años quedaron mineralizados hasta convertirse en roca sólida.
Este proceso de petrificación permitió preservar estructuras internas de la madera, visibles hoy en cortes transversales que exhiben vetas y anillos de crecimiento. Para la ciencia, estos restos ofrecen información clave sobre la evolución del clima, la flora prehistórica y los cambios geológicos que atravesó la Patagonia.
El área protegida puede recorrerse mediante senderos señalizados que permiten observar los troncos sin dañar el entorno. La experiencia combina divulgación científica, contacto con la naturaleza y una sensación constante de estar frente a un testimonio tangible del pasado remoto de la Tierra.

La ciudad de Sarmiento se ubica a unos 156 kilómetros de Comodoro Rivadavia, entre los lagos Musters y Colhué Huapi, y a orillas del río Senguer. Con poco más de 14.000 habitantes, se caracteriza por ser uno de los últimos grandes espacios fértiles antes de que domine plenamente la estepa patagónica.
Su ubicación geográfica permite el desarrollo de actividades agrícolas y ganaderas, algo poco frecuente en amplias zonas del sur argentino. La producción local incluye forrajes, frutas, hortalizas y ganado, lo que convierte a la localidad en un verdadero contraste dentro de un entorno predominantemente árido.
Sin embargo, su mayor diferencial no está en su economía actual, sino en el valor natural, paleontológico y cultural que la rodea. En los últimos años, el turismo vinculado a la ciencia, la educación y la naturaleza comenzó a ganar terreno como una oportunidad de desarrollo sostenible para la región.

A pocos metros de la oficina de turismo de Sarmiento se encuentra otro de los espacios que refuerzan el perfil paleontológico del destino: el Parque Paleontológico Valle de los Gigantes. Allí se exhiben 16 esculturas de dinosaurios en tamaño real, basadas en especies que habitaron esta región durante el período Cretácico.
Las reproducciones fueron elaboradas con asesoramiento científico y cumplen una función pedagógica central: permiten a visitantes de todas las edades dimensionar cómo era la fauna que convivía con aquellos antiguos bosques hoy petrificados. La propuesta se convirtió en un punto de interés clave para escuelas, familias y turistas que recorren la zona.
Este tipo de iniciativas busca fortalecer el vínculo entre turismo y conocimiento, posicionando a Sarmiento no solo como un destino recreativo, sino también como un espacio de divulgación científica accesible.

La riqueza patrimonial del área no se limita a la geología. A unos 35 kilómetros del casco urbano se localizan las Cuevas de Sarasola, un conjunto de cavernas que conservan pinturas rupestres con más de 5.000 años de antigüedad. Las visitas guiadas permiten observar estas expresiones artísticas realizadas por pueblos originarios y comprender aspectos de su cosmovisión, su organización social y su vínculo con el territorio.
Este patrimonio cultural convierte a la región en un espacio donde conviven distintas capas de la historia: desde la prehistoria vegetal y animal hasta las huellas humanas más antiguas de la Patagonia.
La combinación de bosque petrificado, parque paleontológico y arte rupestre posiciona a Sarmiento como uno de los puntos más completos en términos de turismo científico y cultural del sur argentino.

Además de sus atractivos históricos, Sarmiento ofrece opciones para quienes buscan actividades al aire libre. La cercanía al río Senguer y al lago Musters habilita la práctica de pesca deportiva, especialmente de trucha y perca, así como paseos en kayak, canoa y otras actividades náuticas.
También existen senderos para caminatas y recorridos por la estepa, ideales para quienes disfrutan de la observación de aves, la fotografía de paisajes y el turismo de naturaleza. Estos circuitos permiten explorar un territorio que mantiene gran parte de su carácter original, lejos de la masificación turística.
La experiencia se completa con una propuesta cultural y gastronómica que refleja la identidad local. El Museo Regional Desiderio Torres, ubicado en la antigua estación ferroviaria, alberga miles de piezas vinculadas a la paleontología, la historia regional y las culturas originarias. En cuanto a la cocina, la ciudad ofrece platos tradicionales como cordero patagónico, carnes, pescados de agua dulce, quesos artesanales y conservas.

En un contexto donde el turismo busca cada vez más experiencias auténticas, sostenibles y vinculadas al conocimiento, lugares como Sarmiento adquieren una relevancia creciente. El bosque petrificado no solo es un atractivo visual impactante: es también una herramienta educativa, un recurso científico y un activo cultural que fortalece la identidad regional.
La preservación de este patrimonio representa un desafío y una oportunidad. Proteger el entorno, promover el turismo responsable y fortalecer la infraestructura sin alterar la esencia del lugar son claves para que este tesoro natural continúe vigente para las próximas generaciones.
En medio de la estepa patagónica, Sarmiento ofrece algo poco frecuente: la posibilidad concreta de caminar sobre millones de años de historia, observar los restos de un mundo desaparecido y comprender, desde el territorio mismo, la magnitud del tiempo geológico.