El Estado uruguayo incorporó formalmente las islas Chala, Ingá y Pingüino al sistema nacional de áreas protegidas, una donación que amplía en más de 500 hectáreas la superficie del área protegida Esteros de Farrapos, sobre el río Uruguay, y que adquiere relevancia estratégica por su potencial para impulsar la creación de un parque binacional con la Argentina. El acto se realizó el 13 de enero de 2026, en el departamento de Río Negro, y fue encabezado por el presidente Yamandú Orsi.
La donación eleva la superficie total de Esteros de Farrapos de 16.424 a 21.565 hectáreas, consolidando a esta región como uno de los corredores de biodiversidad más importantes del litoral uruguayo. Con la incorporación de estas nuevas tierras, el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP) pasará a administrar un total de 35 islas en esta zona del río Uruguay, fortaleciendo el esquema de conservación en un ecosistema clave para aves migratorias, flora nativa y fauna ribereña.

El valor de la iniciativa no se limita al crecimiento territorial. La ampliación representa un paso concreto en una estrategia de conservación de largo plazo, que combina protección ambiental, planificación pública y articulación con organizaciones civiles. En un contexto regional donde la presión sobre los humedales y los sistemas fluviales crece año tras año, la incorporación de estas islas constituye una señal institucional fuerte a favor de la preservación.
La donación fue realizada por el filántropo estadounidense Gilbert Butler, fundador de Butler Parklands, quien transfirió las tierras al Estado uruguayo como parte de una iniciativa orientada a conservar ecosistemas estratégicos en América Latina. El proceso contó con la participación activa de organizaciones como AMBÁ, WCS, TNC y Banco de Bosques, que acompañaron el diseño técnico, la articulación institucional y la integración del proyecto con las comunidades locales.
Desde el Ministerio de Ambiente se subrayó el carácter inédito de la donación. El ministro Edgardo Ortuño destacó que es la primera vez que Uruguay recibe una transferencia de tierras de esta magnitud para integrarlas al sistema nacional de áreas protegidas. La incorporación de las islas, afirmó, refuerza el enfoque de desarrollo sostenible y consolida la protección de ecosistemas nativos de alto valor ecológico.
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Además del impacto ambiental, el proyecto incorpora una dimensión social y productiva. La organización AMBÁ continuará desarrollando el Proyecto Río Uruguay, una iniciativa orientada a restaurar el vínculo entre las comunidades y el entorno natural, promover la educación ambiental y generar condiciones para un modelo de desarrollo local basado en la conservación. El enfoque apunta a que la protección del territorio no sea una barrera para la actividad económica, sino una plataforma para nuevas oportunidades vinculadas al turismo de naturaleza y a la economía verde.
Uno de los aspectos más relevantes de esta ampliación es su proyección internacional. Durante el acto, el presidente Orsi remarcó que la iniciativa abre una oportunidad concreta para trabajar junto a la Argentina en la creación de un parque binacional sobre el río Uruguay. La propuesta apunta a integrar esfuerzos de conservación, ordenar el uso turístico y construir una agenda común entre ambos países en torno a un ecosistema compartido.
La idea de un parque binacional no es solo simbólica. Implica coordinar políticas públicas, armonizar criterios de protección ambiental y generar una oferta turística integrada que potencie el valor del corredor natural del río Uruguay. En términos estratégicos, también puede convertirse en una herramienta de cooperación regional con impacto positivo en la gestión de los recursos naturales y en la proyección internacional de la región.

A nivel local, el proyecto también es visto como una oportunidad de desarrollo. El intendente de Río Negro, Guillermo Levratto, señaló que el desafío será preparar a las comunidades para aprovechar el potencial del turismo náutico fluvial y el ecoturismo. En ese sentido, la capacitación de prestadores locales, guías y emprendedores aparece como un eje central para que el crecimiento de la actividad turística tenga un impacto directo en el empleo y en la economía regional.
Las islas donadas ya cuentan con infraestructura básica, como muelles y refugios, lo que permite proyectar una apertura gradual al público bajo criterios de manejo responsable. La propuesta oficial es avanzar hacia un modelo de economía restaurativa, que combine la llegada de visitantes con la protección efectiva de los ecosistemas, evitando prácticas extractivas o usos intensivos que comprometan la biodiversidad.
La expansión de Esteros de Farrapos también fortalece la posición de Uruguay en materia de compromisos ambientales internacionales. La ampliación de áreas protegidas es uno de los indicadores más relevantes en los acuerdos globales de biodiversidad y cambio climático, y contribuye a consolidar una política pública que trasciende coyunturas políticas y se proyecta en el largo plazo.
En términos ambientales, la región del río Uruguay concentra humedales, bosques ribereños y sistemas de islas con alta riqueza biológica. Estos ambientes cumplen funciones ecológicas esenciales: regulan el ciclo del agua, actúan como sumideros de carbono, protegen la calidad del suelo y sostienen cadenas alimentarias complejas. La protección efectiva de estos espacios no solo tiene valor natural, sino también impacto directo en la calidad de vida de las poblaciones cercanas.
La posibilidad de avanzar hacia un parque binacional con Argentina suma una dimensión adicional al proyecto. Experiencias similares en otras regiones del mundo muestran que los espacios protegidos compartidos entre países pueden convertirse en herramientas poderosas para fortalecer la cooperación diplomática, atraer turismo internacional y consolidar estándares más altos de conservación.
Para Uruguay, la incorporación de las islas Chala, Ingá y Pingüino representa mucho más que una expansión territorial. Es una señal política, ambiental y estratégica que combina conservación, cooperación internacional y desarrollo local en un mismo proyecto. Para la región del río Uruguay, puede marcar el inicio de una nueva etapa, con un enfoque más integrado sobre el uso del territorio y sobre el valor de los bienes naturales compartidos.
El desafío, a partir de ahora, será sostener el impulso inicial con políticas concretas, financiamiento adecuado y una planificación que equilibre la apertura al turismo con la preservación efectiva. La ampliación del área protegida ya es un hecho. El camino hacia un parque binacional, en cambio, recién comienza, pero la decisión política y el consenso institucional que rodearon esta donación ofrecen una base sólida para avanzar.