Un ensayo inédito con maíces precoces e hiperprecoces comenzó a desarrollarse en el norte de Neuquén con el objetivo de mejorar la disponibilidad de forraje y fortalecer los sistemas ganaderos de la región. La iniciativa es impulsada por la agencia de extensión rural del INTA Chos Malal junto al laboratorio LILAB S.A., de capitales franco argentinos, y se ejecuta desde enero de 2026 en campos de productores de Lileo y Chos Malal, bajo riego. La relevancia del proyecto radica en que apunta a resolver un problema estructural para los crianceros: la falta de reservas alimentarias suficientes para atravesar el invierno.
Las pruebas se enfocan en evaluar el desempeño agronómico y nutricional de materiales genéticos capaces de completar su ciclo en períodos productivos cortos, una condición clave en zonas de altura con veranos breves y alta variabilidad climática. Entre los parámetros analizados figuran la emergencia, la sanidad del cultivo, la respuesta frente al estrés hídrico, la velocidad de llenado de grano, el rendimiento por hectárea y su potencial como forraje conservado.

Desde el organismo técnico señalaron que el propósito central es identificar variedades que permitan garantizar reservas para el invierno, considerado un “cuello de botella histórico” para los sistemas productivos locales. En esa línea, remarcaron que los primeros resultados obtenidos hasta ahora son alentadores y muestran materiales con muy buen comportamiento agronómico, lo que abre la posibilidad de incorporar de manera estable este tipo de cultivos en la matriz forrajera del norte neuquino.
La apuesta por los maíces de ciclo corto presenta ventajas concretas en contextos ambientales restrictivos. Este tipo de materiales permite sembrar más tarde, escapar a las heladas tempranas y reducir riesgos productivos, además de demandar menor cantidad de biomasa y recursos que los maíces tradicionales. En una región donde las sequías son recurrentes y los eventos climáticos extremos se intensificaron en los últimos años, estas características resultan decisivas para mejorar la estabilidad productiva.
El convenio entre el INTA y LILAB también fue destacado por promover un esquema de articulación entre el sector público y el privado orientado a la innovación en territorios rurales con menor acceso a opciones tecnológicas. La experiencia se desarrolla directamente en campos de productores, lo que permite validar los resultados en condiciones reales y acortar la brecha entre la experimentación y la adopción práctica.

De consolidarse los resultados actuales, el impacto podría extenderse a distintos sistemas ganaderos de la región. La mejora en la disponibilidad de forraje local contribuiría a reducir la dependencia de compras externas y a fortalecer la sustentabilidad económica de explotaciones ovinas, bovinas y especialmente caprinas, que constituyen la base productiva más extendida en esa zona de la provincia.
En paralelo al avance de los ensayos agrícolas, la agencia del INTA en Chos Malal anunció una medida clave para el desarrollo de la ganadería caprina: la ampliación del alcance del sello de denominación de origen del Chivito del Norte Neuquino. La decisión está vinculada con la recategorización del matadero de Andacollo, que pasó de tener tránsito municipal a contar con habilitación provincial, lo que amplía de manera significativa su capacidad operativa y comercial.
Este cambio de categoría permitirá que un mayor número de productores y crianceros pueda certificar su producción bajo el sello de origen, un proceso que hasta ahora se veía limitado por obstáculos logísticos y económicos. Según estimaciones técnicas, en la actualidad existen alrededor de 120.000 chivitos en condiciones de ser certificados en la región, pero en la campaña 2024-2025 solo se logró certificar cerca de 12.000. La brecha evidencia un amplio margen de crecimiento para los próximos años.
La habilitación provincial del matadero de Andacollo tiene implicancias concretas: reduce costos para los productores, facilita los procesos administrativos y diversifica los puntos de faena autorizados. Además, habilita a que más crianceros puedan acceder a los beneficios asociados a la certificación, entre ellos el incentivo ganadero, que contempla pagos de hasta un 80% adicional para quienes comercializan bajo estándares reconocidos.
La combinación de ambos procesos —innovación tecnológica en la producción forrajera y fortalecimiento institucional del sistema de certificación caprina— configura un escenario de oportunidad para el norte neuquino. Por un lado, la posibilidad de contar con maíz adaptado a condiciones de altura puede mejorar la base alimentaria de los rodeos y aumentar la productividad. Por otro, la ampliación de la denominación de origen fortalece el posicionamiento comercial del chivito como producto con identidad territorial y valor agregado.
Especialistas del sector consideran que, si se mantienen las tendencias actuales, la región podría multiplicar por diez la cantidad de chivitos certificados en los próximos años y consolidarse como una referencia nacional en carnes con sello de origen. Ese horizonte de crecimiento está directamente vinculado con la capacidad de articular infraestructura, asistencia técnica, políticas públicas y adopción tecnológica por parte de los productores.

En un contexto más amplio, las iniciativas en marcha reflejan una estrategia de desarrollo territorial que busca diversificar la producción, agregar valor en origen y generar condiciones para que las economías regionales ganen competitividad. La experiencia con maíces precoces, todavía en etapa experimental, representa una apuesta concreta a la adaptación al cambio climático y a la búsqueda de soluciones productivas ajustadas a las particularidades del territorio.
Mientras avanzan los ensayos en los lotes de Lileo y Chos Malal y se amplía la capacidad operativa del matadero de Andacollo, el norte neuquino comienza a delinear un nuevo escenario productivo. Uno en el que la innovación agronómica y el fortalecimiento de la identidad territorial aparecen como dos ejes complementarios para superar limitaciones históricas y proyectar un crecimiento más sostenible para sus comunidades rurales.