El mercado automotor argentino enfrenta 2026 con expectativas de crecimiento moderado, condicionado por la evolución del crédito, el nivel de las tasas de interés y la estabilidad macroeconómica. Así lo expresó Martín Zuppi, presidente de Stellantis Argentina, al proyectar que el sector podría expandirse entre 5% y 10% interanual y cerrar el año con entre 620.000 y 650.000 patentamientos, siempre que se mantengan las actuales condiciones de acceso a la financiación. La información fue difundida por el diario Ámbito.
El directivo sostuvo que el desempeño del mercado dependerá menos de la oferta —hoy amplia y diversificada— y más de la capacidad de los consumidores para financiar la compra de vehículos. En diálogo con Ámbito, afirmó que “con una financiación sostenida y algún grado de recuperación económica, el mercado podría mostrar una expansión de entre 5 y 10%, en línea con los volúmenes que se vienen registrando”. De ese modo, descartó escenarios excesivamente optimistas y ubicó el techo del mercado lejos de las 700.000 unidades anuales que algunos analistas proyectan.
Zuppi también relativizó el impacto del buen arranque de ventas observado en enero. Según explicó a ese medio, “refuerza la idea de continuidad y no da un salto abrupto en la demanda”, lo que sugiere que la recuperación sería gradual y más vinculada a la mejora de las condiciones financieras que a un cambio estructural inmediato en el consumo.

Uno de los puntos centrales del diagnóstico es el peso creciente del financiamiento en la comercialización de vehículos. Hoy, cerca del 50% de las operaciones se concreta a través de algún tipo de crédito, un porcentaje que, según Zuppi, todavía se encuentra por debajo de los estándares internacionales, donde supera el 70%. Para el titular de Stellantis, allí reside una oportunidad clara de expansión del mercado.
Durante su participación en el Summer Car Show 2026, realizado sobre la Ruta 11 entre Cariló y Villa Gesell, Zuppi señaló que la oferta de vehículos es suficiente, pero que “la demanda responde únicamente cuando el crédito acompaña”. Por eso, remarcó que el aspecto crítico a mejorar es el costo de la tasa básica, que hoy limita el acceso de una parte relevante de los potenciales compradores.
En ese marco, consideró razonable que, si se consolida un proceso de desaceleración inflacionaria, las tasas tiendan a bajar. Según explicó a Ámbito, ese escenario permitiría no solo sostener el nivel actual de operaciones financiadas, sino también ampliarlo. Bajo esas condiciones, aseguró que “sería difícil que 2026 termine siendo peor que el año previo”.
Actualmente, el mercado ofrece principalmente planes de financiación de 12 y 18 cuotas, con algunas alternativas de tasa 0% que, en la práctica, implican un fuerte costo para las automotrices y concesionarias que las subsidian. Zuppi evaluó que, si el costo financiero disminuye, podrían aparecer esquemas más accesibles y plazos algo más extensos, aunque descartó un regreso a planes muy largos como los de 60 cuotas que se vieron en otras etapas del mercado argentino.
Más allá del crédito, el presidente de Stellantis identificó otro factor estructural que condiciona el desarrollo del sector: la carga impositiva sobre los vehículos. De acuerdo con los datos citados por Ámbito, los impuestos representan alrededor del 54% del precio final de un auto en la Argentina, un nivel significativamente más alto que el de otros mercados de la región.
Zuppi reconoció avances recientes, como la reducción del impuesto PAIS y del impuesto interno, pero advirtió que el peso fiscal sigue siendo elevado. En comparación, señaló que en Brasil la carga impositiva total sobre un vehículo ronda entre 26% y 30%, aproximadamente la mitad que en el mercado argentino. Esa diferencia, explicó, impacta directamente sobre los precios y limita el acceso de amplios sectores de la población.
En ese contexto, valoró el diálogo con el Gobierno nacional y la voluntad oficial de avanzar en una agenda de reducción de costos para el consumidor. No obstante, planteó que aún existen tributos que podrían revisarse, como el remanente del impuesto interno o el impuesto al cheque, con el objetivo de mejorar la competitividad del sector y ampliar la base de compradores potenciales.
Otro elemento que aparece en el análisis es el cambio en la estructura competitiva del mercado automotor. La llegada de nuevas marcas, en especial de origen chino, y la ampliación de la oferta en segmentos de entrada están configurando un escenario más fragmentado y disputado. Para Zuppi, este fenómeno no implica necesariamente un retroceso para las marcas tradicionales, sino una transformación del mercado.

Según explicó a Ámbito, este contexto hace más difícil sostener liderazgos históricos, pero al mismo tiempo genera un ecosistema más dinámico, con mayor variedad de productos y precios más competitivos. Desde su perspectiva, la clave para las terminales será adaptarse a un consumidor más informado, más sensible al precio y cada vez más atento a las condiciones de financiación.
En conjunto, el panorama que describen las proyecciones de Stellantis combina prudencia y oportunidades. No hay señales de un boom inmediato en las ventas, pero sí de una posible mejora gradual apoyada en el fortalecimiento del crédito y en una eventual baja de tasas. La diferencia respecto de otros ciclos del mercado es que, esta vez, el foco no está puesto únicamente en el volumen de unidades, sino en la calidad del sistema financiero que sostiene las operaciones.
La afirmación de Zuppi —según la cual “el mercado automotor va a tener un sistema financiero más grande que en 2025”— sintetiza ese enfoque. La expectativa no es tanto un salto abrupto en la demanda, sino una evolución progresiva hacia un mercado donde el financiamiento tenga un rol cada vez más central, más estable y más accesible.
Para los consumidores, esto podría traducirse en más opciones de crédito y mejores condiciones si la macroeconomía acompaña. Para las automotrices, implica el desafío de diseñar estrategias comerciales sostenibles, con productos competitivos y esquemas financieros atractivos. Y para el sector en su conjunto, supone una transición hacia un modelo más parecido al de los mercados desarrollados, donde la compra financiada es la norma y no la excepción.