Las exportaciones de alfalfa producida en Santiago del Estero registraron en 2025 un crecimiento interanual del 70 %, impulsadas por la apertura y consolidación de mercados internacionales y por el rol sanitario clave del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA), que certificó un total de 4.548 toneladas destinadas al comercio exterior. El avance, verificado durante el último año calendario, posiciona a la provincia como un actor cada vez más relevante dentro del negocio forrajero exportador y refuerza la diversificación de la oferta agroindustrial argentina.
Según datos oficiales del organismo sanitario, los envíos tuvieron como principales destinos a Brasil, China, Emiratos Árabes Unidos y Vietnam, mercados que demandan alfalfa de alta calidad para alimentación animal y que exigen estrictos requisitos fitosanitarios. La certificación emitida por el SENASA avaló el cumplimiento de esas condiciones, habilitando el ingreso del producto argentino y fortaleciendo la confianza comercial.
El crecimiento registrado en 2025 marca una diferencia significativa respecto de 2024 y refleja tanto el aumento de la producción exportable como una mejora en los procesos de acondicionamiento, control y trazabilidad. Desde el sector destacan que la alfalfa santiagueña combina condiciones agroecológicas favorables, disponibilidad de superficie y un esquema sanitario que permitió sostener el ritmo de los envíos aun en un contexto internacional exigente.
El SENASA desempeña un papel central en este circuito. A través de la emisión de Certificados Fitosanitarios, el organismo garantiza que la mercadería cumpla con los protocolos establecidos por cada país de destino. Este procedimiento no solo es una condición de acceso a los mercados, sino también un factor determinante para sostener la competitividad del producto argentino frente a otros proveedores globales.
Las tareas de certificación incluyen inspecciones en los establecimientos habilitados, muestreos sistemáticos y análisis de laboratorio, realizados por personal técnico especializado del Centro Regional NOA Sur. Estos controles permiten verificar la sanidad del forraje, prevenir la dispersión de plagas y enfermedades y asegurar la calidad del producto exportado, aspectos cada vez más valorados por los compradores internacionales.
El incremento de las exportaciones de alfalfa se inscribe en una tendencia más amplia de crecimiento de los forrajes argentinos en el comercio exterior. En particular, la demanda de países de Asia y Medio Oriente responde al aumento de los sistemas intensivos de producción ganadera y lechera, que requieren insumos de calidad homogénea y suministro confiable. En ese marco, la Argentina aparece como un proveedor competitivo, con capacidad de escalar volúmenes y cumplir estándares.
Para Santiago del Estero, el desempeño de 2025 representa además una oportunidad de agregado de valor territorial. La exportación de alfalfa genera empleo en las etapas de producción, procesamiento, acondicionamiento y logística, y contribuye a dinamizar economías regionales que históricamente tuvieron menor inserción en los mercados externos. El crecimiento del 70 % en toneladas certificadas consolida esa dinámica y abre expectativas para los próximos ciclos productivos.
Desde el sector productivo señalan que el desafío hacia adelante será sostener el ritmo de expansión sin perder competitividad. Esto implica continuar invirtiendo en infraestructura, mejorar la eficiencia logística y profundizar el trabajo articulado con los organismos sanitarios para responder con rapidez a los requerimientos de cada destino. En ese sentido, el sistema de certificación fitosanitaria es visto como una herramienta estratégica más que como un trámite administrativo.
El desempeño exportador también está vinculado a la diversificación de mercados. Si bien Brasil continúa siendo un socio regional relevante, el peso creciente de China, Vietnam y los Emiratos Árabes Unidos evidencia un cambio en el mapa de destinos, con mayor presencia en economías extrarregionales. Esta diversificación reduce riesgos comerciales y amplía las posibilidades de colocación ante eventuales cambios de demanda.
En el plano nacional, el avance de la alfalfa santiagueña se alinea con los objetivos de ampliar la canasta exportadora agroindustrial y de fortalecer productos con menor exposición a las fluctuaciones de precios de los commodities tradicionales. La consolidación de nichos como el forrajero permite sumar divisas y generar estabilidad en regiones que no siempre participan de los grandes complejos exportadores.
De cara a 2026, las perspectivas del sector son moderadamente optimistas. Productores y técnicos coinciden en que la experiencia acumulada en materia de certificación, junto con la demanda sostenida de los mercados internacionales, podría permitir un nuevo incremento de los envíos, siempre que se mantengan las condiciones sanitarias y logísticas. En ese escenario, el rol del SENASA continuará siendo determinante para respaldar la sanidad, la calidad y la reputación del producto argentino.
El crecimiento del 70 % en las exportaciones de alfalfa desde Santiago del Estero durante 2025 no solo refleja un dato estadístico, sino que confirma la consolidación de un circuito productivo que combina producción regional, control sanitario y proyección internacional, y que se perfila como una alternativa sólida dentro del entramado agroexportador del país.