La petrolera Shell está evaluando la posibilidad de vender sus activos en Vaca Muerta, uno de los yacimientos de esquisto más importantes del mundo. Según Reuters, la empresa ya ha iniciado conversaciones con potenciales compradores para sondear el interés del mercado, aunque aún no hay confirmación oficial de la transacción. Esta decisión, que se suma a otros movimientos similares de Shell a nivel global, parece formar parte de una estrategia más amplia definida por la compañía para reestructurar su portafolio de activos.
La salida de Shell de Vaca Muerta no sería aislada, sino que se enmarca en una serie de decisiones tomadas por la nueva administración liderada por Wael Sawan, quien asumió como presidente ejecutivo de la compañía en 2023. Durante su mandato, Shell ha comenzado a desprenderse de varios activos no estratégicos en un esfuerzo por optimizar su desempeño, especialmente luego de una transición complicada hacia las energías renovables.
Shell fue uno de los primeros impulsores de la explotación de Vaca Muerta cuando comenzó a operar en el yacimiento en 2012. Desde entonces, la compañía ha expandido su presencia en la región, con cuatro bloques donde posee mayoría accionaria, además de participaciones en otros tres bloques de YPF. En 2024, la producción de la empresa en Argentina alcanzó un promedio de 15.610 barriles diarios, mientras que su producción global asciende actualmente a unos 45.000 barriles diarios.
A pesar del crecimiento de la producción en Vaca Muerta en los últimos años, factores como la caída de los precios del petróleo, los costos operativos elevados y las limitaciones en el transporte han generado incertidumbre sobre la viabilidad de mantener un ritmo de expansión sostenido. Según declaraciones de Mark Nelson, vicepresidente de Chevron, los costos de perforación en la región superan en un 35% los de otras formaciones de esquisto en Estados Unidos.
No obstante, estimaciones de Andy McConn, director de Enverus Intelligence Research, apuntan a que los activos de Shell en Vaca Muerta podrían alcanzar el punto de equilibrio incluso con precios del Brent por debajo de los 50 dólares por barril. Esto hace que sus márgenes y la escala sean competitivos frente a otros activos globales de esquisto, lo que podría ser un factor decisivo a la hora de tomar una decisión final sobre la venta.
La posible salida de Shell se produce en un contexto en el que otros actores importantes están reforzando su presencia en Vaca Muerta. A principios de enero, la empresa Continental Resources, del magnate estadounidense Harold Hamm, adquirió participaciones en cuatro bloques del yacimiento que anteriormente pertenecían a Pan American Energy. La compañía calificó a Vaca Muerta como uno de los yacimientos de esquisto más atractivos del mundo, lo que subraya la creciente competencia por estos recursos.
En paralelo, Shell también está evaluando su salida de otros proyectos internacionales. Recientemente, se conoció que la empresa planea retirarse del yacimiento petrolífero de Al Omar, en Siria, y está considerando alternativas para desprenderse de su participación en LNG Canadá, lo que sugiere que la venta de activos en Vaca Muerta forma parte de una estrategia más amplia de reorientación global.
A pesar de los desafíos, el yacimiento de Loma Campana, operado por YPF y Chevron, sigue mostrando señales de fortaleza. Este bloque, que se considera la "cuna" de Vaca Muerta, alcanzó un récord histórico al superar los 100.000 barriles diarios de petróleo, convirtiéndose en el bloque más productivo de Argentina y el primero en la región de Vaca Muerta en alcanzar esa cifra.
La producción en Vaca Muerta sigue siendo un tema clave para la industria energética argentina, ya que la región tiene un enorme potencial para transformar el país en un gran productor y exportador de hidrocarburos. Sin embargo, la salida de un actor clave como Shell podría tener repercusiones en el desarrollo futuro del yacimiento.
A medida que la industria petrolera global atraviesa una transición hacia energías más limpias, las decisiones de Shell, como la posible venta de sus activos en Vaca Muerta, reflejan una tendencia de reestructuración en busca de un modelo más sostenible. Con los costos de la energía renovable en descenso y una presión creciente por reducir las emisiones de carbono, grandes compañías como Shell están reevaluando sus inversiones en proyectos de petróleo y gas, en favor de otras iniciativas más alineadas con sus objetivos a largo plazo.
En este contexto, la posible salida de Shell de Vaca Muerta podría ser un indicio de los cambios que se avecinan en el sector energético mundial. Las negociaciones en torno a la venta de los activos de la petrolera en Neuquén serán claves para definir el futuro de la región, que sigue siendo uno de los pilares de la producción de hidrocarburos de Argentina.
A medida que Shell evalúa su salida de Vaca Muerta, el futuro de la región y el impacto en la industria petrolera argentina se mantienen en suspenso. La decisión de la compañía de reestructurar su portafolio y vender activos no estratégicos refleja las tensiones dentro del sector energético global, donde la transición hacia energías más limpias y los costos crecientes del petróleo son factores cada vez más determinantes.