Nueve bisontes europeos comenzaron un proceso de aclimatación previo a su liberación definitiva en un bosque público de la provincia de Guadalajara, en un hecho histórico para la restauración ambiental de España. La iniciativa, impulsada en enero de 2026 en la localidad de El Recuenco, marca la primera reintroducción de esta especie en las tierras altas ibéricas y busca evaluar el impacto de grandes herbívoros en la recuperación de ecosistemas degradados, la reducción del riesgo de incendios forestales y la reactivación económica de zonas rurales.
La manada, integrada por cinco hembras y cuatro machos de distintas edades, será liberada en una superficie de 400 hectáreas de bosque público, luego de completar varias semanas de adaptación bajo monitoreo veterinario y científico. Los animales están equipados con collares GPS que permitirán seguir en tiempo real sus desplazamientos, su comportamiento y su interacción con el entorno natural.
El proyecto resulta relevante porque introduce, por primera vez en la península, el uso del bisonte europeo como herramienta activa de renaturalización, una estrategia que apuesta por restaurar procesos ecológicos naturales en lugar de depender exclusivamente de intervenciones humanas.

El bisonte es el mamífero terrestre más grande de Europa y una especie clave desde el punto de vista ecológico. Su presencia modifica la estructura del paisaje a través del pastoreo, el pisoteo del suelo y la apertura de claros en zonas boscosas densas, lo que favorece la diversidad vegetal y animal. Estos efectos, acumulados en el tiempo, pueden transformar bosques homogéneos en mosaicos más resilientes frente al cambio climático.
El área elegida para la reintroducción se encuentra en el Sistema Ibérico, una región marcada por la despoblación y el abandono progresivo de actividades tradicionales. El Recuenco, un pueblo de poco más de 80 habitantes, fue seleccionado por sus condiciones ambientales y por el interés de las autoridades locales en impulsar una estrategia que combine conservación y desarrollo.
La liberación de los bisontes no implica el cierre del bosque a los usos habituales. La zona seguirá habilitada para actividades como la recolección de hongos, la caza regulada, el aprovechamiento forestal y el turismo, con el objetivo de garantizar la convivencia entre la fauna silvestre y las prácticas humanas.
Uno de los ejes centrales del proyecto es la prevención de incendios forestales, una amenaza creciente en el interior de España. Al consumir parte de la vegetación y reducir la acumulación de biomasa seca, los bisontes pueden disminuir el material combustible disponible, ayudando a frenar la propagación de grandes incendios.

Lejos de limitarse a desplazarse por el territorio, los bisontes actúan como verdaderos ingenieros del ecosistema. Su peso corporal modifica la microestructura del suelo, favoreciendo la infiltración del agua y creando pequeños parches de suelo desnudo donde pueden germinar nuevas plantas.
El pastoreo selectivo altera la altura y distribución de la vegetación, rompe la uniformidad del bosque y genera claros naturales que permiten el ingreso de luz. Estos espacios favorecen la aparición de especies vegetales diversas y crean hábitats para insectos, aves y pequeños mamíferos.
Este tipo de dinámica resulta especialmente valiosa en paisajes mediterráneos, donde la falta de grandes herbívoros ha contribuido a la homogeneización del bosque y a una mayor vulnerabilidad frente a eventos extremos.
La reintroducción forma parte de un estudio científico internacional que analizará de manera sistemática el impacto de los bisontes en el ecosistema. El seguimiento incluirá la evaluación del estrés del rebaño, la composición de su dieta natural, los cambios en la vegetación herbácea y leñosa, y la evolución del suelo a lo largo del tiempo.
Los collares GPS permitirán mapear los movimientos de los animales y entender cómo utilizan el territorio, qué áreas prefieren y cómo se distribuyen los efectos ecológicos. Estos datos serán clave para definir si el modelo puede ampliarse a otras regiones de España y de Europa con características similares.
El diseño del proyecto contempla su replicabilidad. Existen iniciativas similares en países como Polonia, Países Bajos, Rumania y regiones de Escandinavia, lo que permitirá comparar resultados y ajustar estrategias según el contexto ambiental.

El regreso del bisonte europeo también se produce en un momento simbólico para la especie. A comienzos del siglo XX, el animal estuvo al borde de la extinción, con menos de 60 ejemplares vivos en zoológicos y reservas privadas. Gracias a programas de conservación, su población superó en la última década los 9.000 individuos en Europa.
Esta recuperación permitió avanzar hacia proyectos que no solo buscan preservar al animal, sino también restaurar su rol ecológico en paisajes reales, donde sus efectos puedan medirse y aprovecharse para la gestión ambiental.
Estudios recientes incluso sugieren que el bisonte pudo haber estado presente en la Península Ibérica en el pasado, lo que refuerza la viabilidad ecológica de su reintroducción y su capacidad para ocupar nichos funcionales hoy vacantes.

Un componente clave del proyecto fue el trabajo previo con la comunidad local. Autoridades y técnicos llevaron adelante reuniones informativas, charlas abiertas y recorridas para explicar los objetivos de la iniciativa y despejar dudas entre los vecinos.
La aceptación social resulta fundamental para el éxito de cualquier reintroducción de fauna silvestre, especialmente en territorios donde el uso del suelo es compartido. En este caso, el proyecto fue diseñado para integrarse a la vida local sin desplazar actividades tradicionales.
Además del impacto ambiental, se espera que la presencia del bisonte impulse el turismo de naturaleza, genere empleo y atraiga visitantes interesados en la observación de fauna y la restauración ecológica.

La llegada del bisonte europeo a las tierras altas ibéricas representa mucho más que la reintroducción de una especie emblemática. Es una prueba concreta de cómo los procesos naturales pueden convertirse en aliados estratégicos para enfrentar desafíos ambientales, sociales y productivos.
Si el experimento logra consolidarse, podría abrir una nueva vía para la revitalización de la España rural, combinando biodiversidad, ciencia aplicada y desarrollo local. En ese escenario, el bisonte deja de ser solo un símbolo del pasado para transformarse en una herramienta viva del futuro.