La Lucila del Mar se afirma en el verano 2026 como una de las alternativas más elegidas por quienes buscan playas amplias, menor densidad turística y un entorno natural cuidado, a unas cuatro horas de la Ciudad de Buenos Aires. El balneario, ubicado en el Partido de La Costa, gana protagonismo entre familias y parejas que priorizan la tranquilidad frente a destinos más concurridos del corredor atlántico. La tendencia, destacada por TN, se explica por su combinación de accesibilidad, servicios y un perfil que evita la masividad.
A 356 kilómetros de la Capital Federal, el acceso sencillo por ruta convierte a La Lucila del Mar en una escapada viable para fines de semana largos y vacaciones extendidas. El crecimiento del interés no se traduce, por ahora, en saturación: la localidad mantiene un ritmo pausado, con una propuesta enfocada en el descanso, el contacto con la naturaleza y una oferta gastronómica acorde a la escala del lugar.
Uno de los rasgos más valorados son sus playas anchas, que permiten instalarse con comodidad incluso en plena temporada. Los médanos naturales y una galería de eucaliptos que acompaña la costanera aportan sombra y resguardo del viento, un diferencial frente a otros puntos de la costa atlántica. La posibilidad de alternar entre sol y sombra, sin perder la vista del mar, se volvió un atributo central para quienes buscan desconectarse del ritmo urbano.

El paisaje se completa con un ícono histórico: el muelle de pesca, inaugurado en 1954. Con 100 metros de extensión, funciona como punto de encuentro para pescadores, caminantes y visitantes ocasionales. Allí conviven la actividad recreativa, la observación del mar y servicios básicos como resto-bar, alquiler de mediomundos y venta de carnada. Más allá de la pesca, el muelle se transformó en un espacio social que ordena la vida costera del balneario.
La vida cotidiana en La Lucila del Mar se apoya en una oferta gastronómica que acompaña el perfil del destino. Parrillas, restaurantes de cocina casera y propuestas con foco en pescados y mariscos conforman un circuito que prioriza la calidad y la cercanía con el visitante. La escala del lugar permite un trato personalizado, un factor que explica la fidelización de quienes regresan temporada tras temporada.
La ubicación estratégica amplía las opciones para el turista. A pocos minutos en auto se accede a otros balnearios del Partido de La Costa como San Bernardo, Costa Azul, Aguas Verdes y Mar de Ajó, lo que habilita excursiones de medio día sin resignar la calma del alojamiento. Esta cercanía suma valor para quienes buscan variedad sin instalarse en centros urbanos más densos.

El calendario anual también aporta movimiento fuera del verano. La Fiesta de la Bandera, cada 20 de junio, y la Fiesta Patronal de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, el 27 de noviembre, convocan a vecinos y visitantes, fortaleciendo la identidad local y el turismo de cercanía. Estos eventos refuerzan el carácter comunitario del balneario y diversifican la oferta más allá de la temporada alta.
En términos de actividades, el destino propone un menú simple pero efectivo: caminatas, paseos en bicicleta por calles arboladas, tardes de playa sin apuro y jornadas de pesca recreativa. La ausencia de grandes centros nocturnos o espectáculos masivos es parte de su identidad y uno de los motivos por los que suma adeptos entre quienes buscan descanso real.
El acceso desde la Ciudad de Buenos Aires es directo. En auto, el recorrido habitual incluye la Autovía 2 hasta Dolores, el empalme con Ruta 63 y luego Ruta 11 hasta La Lucila del Mar, con un tiempo estimado de cuatro horas según el tránsito. En transporte público, existen servicios de micro desde Retiro y otras terminales; también es posible llegar a San Bernardo o Mar de Ajó y completar el trayecto en remis o taxi.

En un contexto donde muchos destinos tradicionales enfrentan problemas de saturación, La Lucila del Mar aparece como una alternativa equilibrada: accesible, con servicios suficientes y una propuesta alineada con la demanda de descanso y naturaleza. Según consignó TN, este perfil explica por qué el balneario suma visitantes sin resignar su esencia, un desafío clave para su desarrollo futuro.