Perú y comercio global: una red extensa de TLC sin una estrategia de desarrollo definida

El país abrió ampliamente su comercio con numerosos tratados, pero aún depende de exportaciones primarias y carece de una estrategia de largo plazo para competir globalmente

Perú y comercio global: una red extensa de TLC sin una estrategia de desarrollo definida
martes 27 de enero de 2026

El Perú consolidó en las últimas dos décadas una de las redes de tratados de libre comercio (TLC) más amplias de América Latina, al firmar acuerdos con economías que concentran una parte sustancial del producto bruto mundial. Sin embargo, pese a esa apertura, el país no logró transformar de manera significativa su inserción internacional, manteniendo una estructura exportadora basada en productos primarios, una débil integración en cadenas globales de valor y una ausencia de estrategia estatal que articule comercio, desarrollo productivo e innovación. El debate vuelve a cobrar relevancia en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas, transición energética y nuevas reglas ambientales y digitales.

Desde comienzos del siglo XXI, la política comercial peruana se apoyó en una premisa clara: ampliar el acceso a mercados como motor de crecimiento. En ese marco, el país firmó acuerdos con Estados Unidos, la Unión Europea, China, Japón, Corea del Sur, Canadá, Singapur y la mayoría de América Latina. Esta arquitectura jurídica otorgó previsibilidad, redujo aranceles y posicionó al Perú como una economía abierta y confiable para la inversión extranjera. No obstante, la acumulación de tratados no estuvo acompañada por una estrategia integral de desarrollo, capaz de orientar esos instrumentos hacia una transformación productiva sostenida.

Perú y comercio global: una red extensa de TLC sin una estrategia de desarrollo definida

Exportar más no es exportar mejor

A pesar del incremento del comercio exterior, más del 70 % de las exportaciones peruanas continúa concentrado en bienes primarios o de bajo valor agregado, como minerales, hidrocarburos, harina de pescado y algunos productos agrícolas. Si bien sectores como la agroindustria, la pesca para consumo humano y ciertos nichos textiles mostraron dinamismo, la estructura exportadora no experimentó cambios profundos. El país exporta mayores volúmenes, pero con escasa diversificación tecnológica, lo que limita su capacidad de generar empleo de calidad y sostener el crecimiento en el largo plazo.

En contraste, el comercio internacional actual se organiza en torno a cadenas globales de valor, estándares técnicos, propiedad intelectual, servicios basados en conocimiento y, cada vez más, criterios de sostenibilidad ambiental. Economías comparables utilizaron sus acuerdos comerciales para impulsar clústeres industriales, atraer inversión selectiva y promover transferencia tecnológica. El Perú, en cambio, adoptó una postura mayormente pasiva: abrir mercados y confiar en que el sector privado aprovecharía las oportunidades sin un acompañamiento estratégico del Estado.

Perú y comercio global: una red extensa de TLC sin una estrategia de desarrollo definida

Tratados sin agenda interna

Uno de los principales déficits señalados por analistas es la desarticulación entre la política comercial y la política de desarrollo. Varios acuerdos fueron negociados sin una agenda interna sólida en competitividad, infraestructura, innovación o formación de capital humano. La premisa de que el acceso preferencial bastaría para modificar la estructura productiva se reveló insuficiente, especialmente cuando el contexto internacional dejó de estar dominado por altos precios de los commodities.

La relación con China ilustra esta ambivalencia. El TLC bilateral impulsó las exportaciones mineras y pesqueras y permitió al Perú mantener una balanza comercial superavitaria. Sin embargo, también consolidó un patrón tradicional de intercambio: el país exporta materias primas e importa manufacturas, bienes de capital y tecnología. Sigue pendiente una política clara para atraer inversión china en manufactura avanzada, energías renovables o servicios intensivos en conocimiento, sectores clave para una inserción de mayor calidad.

Un escenario similar se observa en los vínculos con Estados Unidos y la Unión Europea. Tras más de una década de vigencia de los acuerdos, la presencia empresarial peruana en esos mercados continúa concentrada en pocos sectores. Las pequeñas y medianas empresas, llamadas a ampliar y democratizar la internacionalización, enfrentan obstáculos logísticos, financieros y regulatorios que los tratados, por sí solos, no resuelven.

Un mundo que cambia

La falta de visión estratégica se vuelve más crítica frente a los nuevos determinantes del comercio internacional. La expansión de la economía digital, los servicios basados en conocimiento, el comercio sostenible y las exigencias ambientales redefinen las reglas de la competencia global. En ese escenario, el Perú llega con retraso y desde una posición reactiva: no lidera iniciativas regionales en comercio digital, carece de un relato consistente sobre sostenibilidad exportadora y no definió una postura clara frente a mecanismos como el ajuste de carbono en frontera, que avanzan en sus principales socios comerciales.

Este rezago se inscribe, además, en un contexto geopolítico fragmentado. La rivalidad entre Estados Unidos y China, la reconfiguración de cadenas productivas, el auge del nearshoring y la creciente preocupación por la seguridad económica están reordenando el comercio mundial. Países como México, Vietnam o Marruecos lograron posicionarse como plataformas productivas estratégicas. El Perú, en cambio, observa estos procesos con una participación marginal, confiando en que su red de TLC será suficiente para sostener su relevancia.

Perú y comercio global: una red extensa de TLC sin una estrategia de desarrollo definida

Apertura no es estrategia

Especialistas coinciden en que el problema no es la apertura comercial en sí misma. Los tratados generaron beneficios claros en previsibilidad normativa, atracción de inversiones y expansión de exportaciones no tradicionales. El error fue equiparar apertura con estrategia. Firmar acuerdos es relativamente sencillo; utilizarlos como palanca de desarrollo exige coordinación institucional, visión de largo plazo y capacidad de reforma.

El desafío para el país pasa por construir una política de desarrollo productivo vinculada al comercio exterior, que identifique sectores prioritarios, promueva encadenamientos, estimule la innovación y aproveche los tratados existentes de manera activa. Sin una política industrial moderna, inversión sostenida en capital humano y una institucionalidad que conciba el comercio en clave geoeconómica, las ventajas estructurales del Perú tienden a diluirse.

En un mundo donde la apertura ya no garantiza éxito, la discusión ya no pasa por cuántos acuerdos firmar, sino por definir qué rol quiere jugar el Perú en el comercio internacional. Tal como advierte Infobae, sin una estrategia clara el país puede terminar multiplicando tratados sin traducirlos en desarrollo sostenible.



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