En una reserva natural de 20.000 hectáreas ubicada en Los Colorados, en la provincia de La Rioja, se proyecta la instalación de Solar54, un ambicioso emprendimiento público-privado de tecnología aeroespacial que busca simular las condiciones de vida en Marte y desarrollar sistemas innovadores de producción de alimentos para futuras misiones espaciales. El proyecto, impulsado por un consorcio de empresas, organismos científicos y universidades, apunta a recrear un hábitat autosustentable en uno de los paisajes terrestres más similares al planeta rojo por su geografía, coloración y condiciones climáticas extremas.
La iniciativa prevé la construcción de un conjunto de domos geodésicos destinados a hábitat humano, laboratorios y módulos de cultivo inteligente, con el objetivo de investigar cómo podrían desarrollarse actividades productivas y de subsistencia en un entorno hostil como el marciano. La relevancia del proyecto radica en que combina exploración espacial, innovación tecnológica, energías renovables y ciencia aplicada, con impacto potencial tanto en el desarrollo aeroespacial como en la producción de alimentos en contextos adversos en la Tierra.
Solar54 fue concebido como un centro experimental de simulación marciana, donde se pondrán a prueba tecnologías vinculadas a la vida fuera del planeta, desde la generación de energía hasta la alimentación y el manejo de recursos críticos como el agua. Según explicaron sus impulsores, la idea central es reproducir, con el mayor grado de precisión posible, las condiciones ambientales y tecnológicas que enfrentarían los seres humanos en una futura misión de colonización de Marte.
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El corazón del proyecto estará compuesto por módulos habitacionales y productivos construidos bajo un diseño geodésico, una estructura que permite optimizar la resistencia, el aislamiento térmico y la eficiencia energética. Estos domos albergarán laboratorios científicos, espacios de vida y sistemas de cultivo hidropónico controlados mediante Internet de las Cosas (IoT), que permitirán monitorear en tiempo real variables como temperatura, humedad, nutrientes y consumo energético.
Los cultivos se desarrollarán sin suelo, en circuitos cerrados, replicando las limitaciones que existirían en un entorno extraterrestre. La información obtenida servirá tanto para la investigación espacial como para el desarrollo de soluciones aplicables a regiones áridas o afectadas por el cambio climático. En paralelo, el proyecto contempla la integración de un laboratorio geodésico para estudiar la sustentabilidad del hábitat y el desarrollo de nanosatélites vinculados a la exploración espacial.
Todas las instalaciones funcionarán exclusivamente con energía solar, lo que permitirá que el complejo sea carbono neutral. Esta decisión tecnológica no solo responde a las limitaciones energéticas que existirían en Marte, sino que también busca consolidar un modelo de desarrollo alineado con criterios de sustentabilidad ambiental.
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Solar54 se gestó a partir de una articulación entre el sector público y privado, con participación de organismos científicos y académicos. En sus primeras etapas contó con financiamiento del Consejo Federal de Inversiones (CFI) y el acompañamiento de instituciones como la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), el Conicet, la Universidad Nacional de La Rioja y la Universidad Tecnológica Nacional, entre otras.
El proyecto logró completar su fase II en 2023, correspondiente al desarrollo civil y de ingeniería, que define el diseño base para arquitectos, ingenieros y proyectistas. Sin embargo, a partir de 2024, el avance se vio interrumpido por el recorte presupuestario aplicado a nivel nacional, lo que obligó a sus impulsores a replantear la estrategia de financiamiento.
Ante ese escenario, los responsables de Solar54 iniciaron la búsqueda de alianzas estratégicas y joint ventures internacionales, con el objetivo de reactivar la iniciativa. Según señalaron, el proyecto despertó interés en agencias espaciales y centros de investigación del exterior, en particular en Medio Oriente, donde existe una fuerte apuesta estatal y privada por la exploración espacial y la innovación tecnológica.
De concretarse el financiamiento, la primera misión experimental podría comenzar seis meses después de la instalación del primer módulo, marcando un hito para la ciencia y la tecnología argentina.
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El emplazamiento elegido no es casual. Los Colorados presenta un paisaje árido y rojizo que lo convierte en uno de los entornos más parecidos a Marte en la Tierra. Pero además, se trata de un territorio con una profunda carga histórica, cultural y ambiental.
Hace unos 300 millones de años, la zona fue fondo marino, como lo demuestran restos fósiles de conchas hallados por arqueólogos. Miles de años después, pueblos originarios dejaron su huella en petroglifos tallados en las rocas, y más tarde las culturas diaguitas habitaron el área, utilizando morteros de piedra y desarrollando una economía basada, entre otros recursos, en la algarroba.
En el siglo XIX, el lugar fue refugio de Ángel Vicente “el Chacho” Peñaloza, figura central del federalismo riojano, y también quedó marcado por el paso del antiguo ferrocarril del Norte, cuya traza seguía rutas prehispánicas y coloniales.
Desde 2015, el predio está declarado reserva provincial y es administrado por una cooperativa local, integrada por habitantes del paraje. De sus cerca de 70 pobladores, una parte significativa trabaja en actividades vinculadas al turismo, la producción artesanal y la gestión del área protegida.

La posible instalación de Solar54 abrió un debate local entre quienes ven en el proyecto una oportunidad de desarrollo y empleo, y quienes expresan preocupación por el impacto ambiental y cultural en un ecosistema sensible. En su etapa de construcción, el emprendimiento demandaría más de 150 puestos de trabajo, una cifra que duplica la población estable del lugar.
Mientras algunos habitantes destacan el potencial económico, tecnológico y turístico del proyecto, otros advierten sobre los riesgos para la biodiversidad y el equilibrio de la reserva. El desafío será compatibilizar progreso científico, desarrollo regional y conservación ambiental, en un territorio que funciona como testimonio del paso del tiempo y de múltiples capas de historia.
Solar54 se presenta así como una iniciativa que trasciende la ciencia ficción y plantea interrogantes concretos sobre el futuro de la exploración espacial, la producción de alimentos y el vínculo entre innovación y territorio. Si logra avanzar, La Rioja podría convertirse en un laboratorio a cielo abierto donde se ensaya, desde la Tierra, cómo vivir algún día en Marte.