El acuerdo Mercosur–Unión Europea reaviva expectativas en la pesca, con las retenciones en el centro del debate

El sector pesquero ve una oportunidad histórica para ganar competitividad en Europa, aunque advierte que sin cambios internos el impacto sería limitado

El acuerdo Mercosur–Unión Europea reaviva expectativas en la pesca, con las retenciones en el centro del debate
martes 27 de enero de 2026

El complejo pesquero argentino volvió a poner en agenda el impacto potencial del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea, luego de que el debate se reactivara el 23 de enero de 2026, tras nuevas discusiones políticas en el Parlamento Europeo. El entendimiento, que aún no entró en vigencia, es considerado clave por el sector porque permitiría eliminar aranceles de importación para productos estratégicos como merluza y langostino, principales generadores de divisas de la actividad. Sin embargo, las cámaras empresarias advierten que el beneficio podría verse neutralizado si no se eliminan las retenciones a las exportaciones, vigentes en Argentina.

La relevancia del acuerdo no es menor. La pesca es el octavo complejo exportador del país, con ventas externas cercanas a los US$ 2000 millones anuales, y una fuerte dependencia de los mercados internacionales. En ese esquema, Europa ocupa un lugar central, ya que países como España, Italia y Francia concentran hasta el 40% de las exportaciones argentinas, especialmente de las dos especies más importantes en términos de valor.

Desde la Cámara Argentina Patagónica de Industrias Pesqueras (Capip) calificaron el acuerdo como “muy positivo”, al señalar que la Unión Europea no incluyó exclusiones para los productos pesqueros. Esto implica que todas las posiciones arancelarias del sector llegarían al arancel cero al final del período de implementación, que podría extenderse entre 0 y 10 años desde la entrada en vigor del tratado.

En el detalle por especie, la merluza tendría una reducción inmediata de la mayoría de los aranceles, mientras que el resto se eliminaría en plazos de entre cuatro y siete años. En el caso del langostino, el cronograma prevé una baja gradual entre la entrada en vigencia y los cuatro años, con una excepción puntual que se extiende hasta los diez años. Otras especies relevantes como calamar, vieira, merluza negra y corvina ingresarían al mercado europeo con arancel cero desde el inicio.

El impacto competitivo sería significativo. “Con el acuerdo ganamos competitividad”, sintetizó Agustín de la Fuente, presidente de Capip, en declaraciones a AgroLatam. Actualmente, la merluza argentina paga un 15% de arancel para ingresar a la Unión Europea y compite directamente con Sudáfrica, mientras que el langostino enfrenta cargas de entre 12% y 20%, en desventaja frente al camarón vannamei de Ecuador, que accede al mercado europeo sin aranceles.

Más allá de Europa, el sector mantiene una diversificación de destinos. China y Estados Unidos continúan siendo mercados relevantes, con un crecimiento sostenido de la demanda china durante el último año. Aun así, los empresarios destacan que Europa sigue siendo estratégica para sostener precios, absorber volumen y dar previsibilidad a las exportaciones de largo plazo.

Mientras el frente externo abre una ventana de oportunidades, el principal obstáculo aparece puertas adentro. Las retenciones a las exportaciones son señaladas como el mayor factor de pérdida de competitividad. Según estimaciones de la Cámara de Armadores de Pesqueros y Congeladores de la Argentina (CaPeCa), durante 2024 el sector pagó entre US$ 120 y US$ 130 millones en derechos de exportación, con alícuotas que van del 1% al 9%, dependiendo de la especie y el nivel de procesamiento.

Desde el sector advierten que la pesca no fue incluida dentro del esquema de economías regionales, a pesar de su fuerte perfil exportador y su generación de empleo en zonas costeras. “Cada punto de competitividad cuenta”, señalan las cámaras, en un contexto marcado por costos laborales elevados, convenios colectivos desactualizados y paradas de flota, como las registradas recientemente en la pesquería de langostino.

La estructura productiva del sector refuerza la necesidad de reglas claras. Argentina produce más de 700.000 toneladas anuales de productos pesqueros y tiene un consumo interno bajo, lo que genera un excedente exportable significativo. En ese escenario, cualquier mejora en el acceso a mercados externos impacta directamente en la rentabilidad y en la sostenibilidad de la actividad.

El acuerdo Mercosur–Unión Europea reaviva expectativas en la pesca, con las retenciones en el centro del debate

El acuerdo Mercosur–Unión Europea aparece así como una oportunidad histórica para reducir barreras comerciales y equiparar condiciones frente a competidores directos. No obstante, las empresas advierten que, sin una revisión del esquema impositivo y de los costos internos, el beneficio del arancel cero podría diluirse antes de llegar al productor y a la industria.

El mensaje del sector pesquero es contundente: Argentina cuenta con recursos, mercados y demanda, pero necesita condiciones más equilibradas para competir en el comercio global de alimentos. En un tablero internacional cada vez más exigente, la pesca espera que la política acompañe con decisiones que permitan transformar la expectativa en crecimiento real.

 

 



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