Italia y Japón acordaron elevar su vínculo bilateral a una asociación estratégica especial con foco en seguridad, defensa, tecnología y cadenas de suministro, durante una cumbre celebrada esta semana en Tokio entre la primera ministra italiana Giorgia Meloni y su par japonesa Sanae Takaichi. El entendimiento, anunciado en el marco del 160° aniversario de las relaciones diplomáticas entre ambos países, busca responder a un escenario internacional marcado por la rivalidad entre potencias, la presión sobre los flujos comerciales estratégicos y el deterioro del entorno de seguridad global.
El acuerdo es relevante porque consolida a dos aliados occidentales clave —uno europeo y otro asiático— en una agenda común que excede lo bilateral y apunta a reforzar la autonomía estratégica frente a la dependencia de terceros actores, tanto en materia económica como militar. La cooperación abarca desde la industria de defensa y el desarrollo tecnológico avanzado hasta el aseguramiento del suministro de minerales críticos, energía y capacidades en inteligencia artificial, robótica y espacio.
La visita de Meloni a Japón no se limitó a una conmemoración diplomática. Ambas mandatarias acordaron formalizar un vínculo de mayor profundidad política y operativa, al considerar que los desafíos actuales requieren socios confiables y de largo plazo. En la declaración conjunta, Italia y Japón coincidieron en que la estabilidad del espacio euroatlántico y del Indo-Pacífico está crecientemente interconectada, lo que vuelve indispensable una coordinación más estrecha entre países con valores y objetivos afines.
La sintonía política entre las líderes también jugó un rol central. Meloni y Takaichi son las únicas mujeres al frente de gobiernos del G7, provienen de espacios conservadores y comparten una visión centrada en la defensa de los intereses nacionales, el alineamiento con Occidente y el fortalecimiento del rol del Estado en áreas estratégicas. Esa afinidad personal facilitó un diálogo directo y una agenda ambiciosa, que ambas buscaron proyectar más allá de sus mandatos.

Uno de los ejes centrales del acuerdo fue la seguridad económica, en particular la necesidad de reducir vulnerabilidades en las cadenas de suministro. Italia y Japón se comprometieron a reforzar la cooperación para asegurar el acceso a minerales críticos y tierras raras, insumos esenciales para la transición energética, la industria tecnológica y la defensa.
El tema adquiere peso estratégico en un contexto donde China concentra cerca del 70% de la producción mundial de tierras raras, lo que genera preocupación en las economías avanzadas. Sin mencionar países de forma explícita, las mandatarias expresaron su inquietud por el uso de restricciones a la exportación, prácticas no orientadas al mercado y mecanismos de coerción económica que pueden interrumpir los flujos globales de abastecimiento.
Además de los minerales, el entendimiento incluye la cooperación para garantizar el suministro de Gas Natural Licuado (GNL), especialmente en situaciones de emergencia. Para Italia y Japón, dos países altamente dependientes de importaciones energéticas, este punto es clave para reforzar la seguridad energética y mitigar riesgos ante crisis geopolíticas o comerciales.
La seguridad militar constituye otro pilar del nuevo vínculo. Italia y Japón ratificaron su compromiso con proyectos conjuntos en materia de industria de defensa, con especial énfasis en el Programa Global Combat Air (GCAP), que desarrollan junto con el Reino Unido. El proyecto apunta a diseñar un avión de combate de sexta generación, cuya entrada en servicio está prevista para 2035.
El GCAP busca reemplazar al Eurofighter Typhoon, utilizado por Italia y el Reino Unido, y al Mitsubishi F-2 de Japón. Más allá del plano militar, el programa tiene una fuerte dimensión industrial y tecnológica: pretende reducir la dependencia de proveedores externos y fortalecer capacidades propias en sistemas avanzados, sensores, inteligencia artificial y plataformas aéreas de última generación.
“El GCAP no es solo un proyecto de refuerzo de la defensa; también es un proyecto de fortalecimiento industrial y tecnológico”, sostuvo Giorgia Meloni durante la cumbre. En línea con ese objetivo, las mandatarias acordaron ampliar la cooperación a otras áreas militares y técnicas, incluyendo ejercicios conjuntos y logística.
En ese marco, se confirmó que unidades de la marina italiana visitarán Japón en 2026, facilitadas por el acuerdo logístico ACSA, vigente desde 2025. El entendimiento permite el uso recíproco de bases, suministros y servicios, y refuerza la interoperabilidad entre las fuerzas armadas de ambos países.

La agenda estratégica también incorpora una dimensión tecnológica de largo plazo. Italia y Japón avanzarán en la creación de un panel de consulta espacial y en el fortalecimiento de los lazos entre la Agencia Espacial Italiana (ASI) y la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA). El objetivo es coordinar proyectos en observación terrestre, exploración y aplicaciones duales, con impacto tanto civil como en seguridad.
Asimismo, se acordó profundizar la cooperación en robótica, semiconductores e inteligencia artificial, áreas consideradas críticas para la competitividad futura y la soberanía tecnológica. Estos sectores no solo tienen aplicaciones industriales, sino también un rol creciente en defensa, ciberseguridad y gestión de infraestructuras críticas.
El acercamiento entre Roma y Tokio se inscribe en una lectura común del escenario internacional. Ambas mandatarias coincidieron en que el sistema global atraviesa una etapa de alta volatilidad, con tensiones crecientes entre grandes potencias, conflictos abiertos y un debilitamiento de los marcos multilaterales tradicionales.
Japón reiteró su condena a la invasión rusa de Ucrania, mientras que Italia expresó su preocupación por cualquier movimiento que altere el statu quo en el mar de China Meridional y Oriental. En este contexto, la cooperación entre países “con ideas afines” aparece como una respuesta pragmática para sostener la estabilidad internacional.
“A medida que la comunidad internacional enfrenta una crisis compleja y el entorno estratégico se ha vuelto más severo, la colaboración estrecha entre países con ideas afines se ha vuelto más importante que nunca”, afirmó Sanae Takaichi.
Aunque Italia y Japón mantienen alianzas históricas con Estados Unidos, el acuerdo también refleja la búsqueda de mayor autonomía estratégica frente a un contexto internacional impredecible. La volatilidad de la política exterior estadounidense y el avance del proteccionismo llevaron a ambos países a diversificar socios y coordinar posiciones en ámbitos clave.

Un ejemplo concreto es la decisión de coordinar iniciativas en África, alineando el Plan Mattei impulsado por Italia con la Conferencia Internacional de Tokio sobre el Desarrollo de África (TICAD), promovida por Japón. El objetivo es reforzar la presencia y la influencia de ambos países en el continente, ofreciendo alternativas de cooperación frente al avance de otros actores externos.
La asociación estratégica entre Italia y Japón marca un paso significativo en la convergencia entre Europa y el Indo-Pacífico. Más allá de los acuerdos firmados, el entendimiento refleja una visión compartida sobre los desafíos del siglo XXI y la necesidad de respuestas coordinadas.
Con agendas que abarcan defensa, energía, tecnología y seguridad económica, Roma y Tokio buscan posicionarse como actores activos en la configuración del nuevo orden global, apostando a la cooperación antes que a la competencia y a la articulación estratégica frente a un escenario internacional cada vez más fragmentado.