La empanada tucumana de carne fue distinguida como la mejor del mundo por un ranking internacional elaborado por Taste Atlas, una de las guías gastronómicas más consultadas a nivel global, que evaluó preparaciones tradicionales de distintos continentes. El reconocimiento, difundido esta semana, coloca a Tucumán en lo más alto del mapa culinario internacional y refuerza el peso cultural y simbólico de uno de los platos más representativos de la identidad argentina.
El anuncio se conoció a mediados de enero 2026 y tuvo rápida repercusión en el Noroeste Argentino, donde la empanada no es solo una receta sino una expresión de pertenencia, tradición y orgullo provincial. Según el relevamiento, la versión tucumana obtuvo el puntaje más alto del ranking, superando a estilos de América Latina, Europa, Asia y Medio Oriente, en una lista dominada por elaboraciones argentinas.
De acuerdo con lo informado por Agencia Noticias Argentinas, Taste Atlas valoró especialmente el equilibrio entre técnica, historia y sabor de la empanada tucumana. La publicación destacó su receta clásica: carne vacuna cortada a cuchillo, cebolla en proporción justa, condimentos precisos, masa artesanal y un relleno jugoso que mantiene su textura tras el horneado. A ese conjunto se suma un rasgo identitario que terminó de inclinar la balanza: el limón, que se exprime sobre la empanada justo antes de comerla y realza los sabores sin taparlos.
El ranking comparó 12 estilos de empanadas de distintos países y regiones, a partir de calificaciones de usuarios y especialistas en gastronomía. En ese listado, el dominio argentino fue claro en los primeros puestos, con la empanada tucumana en la cima, seguida por otras variantes nacionales como la empanada argentina tradicional, la cordobesa y la salteña. El criterio de evaluación no se limitó al gusto: también se ponderaron la técnica de elaboración, la trayectoria histórica de cada receta y su contexto cultural.
La consagración internacional volvió a poner en primer plano una rivalidad histórica: Tucumán versus Salta, un clásico gastronómico que atraviesa generaciones. Ambas provincias defienden con pasión sus versiones de empanada, con similitudes y diferencias que van más allá de los ingredientes. Mientras la tucumana se sirve tradicionalmente sin salsas, acompañada únicamente por limón, la salteña suele presentarse con una salsa picante a base de tomate y ají, que refuerza un perfil más intenso del relleno.
No se trata solo de un detalle culinario, sino de una declaración identitaria. En Tucumán, el limón es parte del ritual y agregar salsa puede considerarse una herejía gastronómica. En Salta, en cambio, la salsa picante es un complemento casi inseparable. La discusión, lejos de agotarse, se renueva con cada fiesta popular, peña folklórica o competencia regional, y ahora suma un nuevo capítulo con el aval de un jurado internacional.
Entre los secretos mejor guardados de la empanada tucumana aparece el repulgue, un sello distintivo que combina técnica y tradición. En localidades como Famaillá, sede de la Fiesta Nacional de la Empanada, la costumbre marca empanadas con 13 o 14 repulgues, un detalle simbólico que se repite año tras año y que forma parte del folclore local. Más allá de lo estético, el repulgue cumple una función clave: sellar correctamente la masa para conservar la jugosidad del relleno durante la cocción.

La campeona de la última edición de la Fiesta Nacional de la Empanada, Gladys Noemí Perea, explicó en distintas oportunidades que la clave está en la calidad de la materia prima y en el equilibrio de sabores. Para el picadillo recomienda carne de buena calidad, cebolla fresca y condimentos medidos con precisión. La masa, en tanto, se elabora con harina 0000 y grasa, utilizando salmuera caliente para lograr elasticidad, sabor y resistencia al horno.
El reconocimiento de Taste Atlas no solo tiene impacto cultural, sino también turístico y económico. En Tucumán, la empanada es un atractivo central para visitantes nacionales e internacionales, y forma parte de circuitos gastronómicos, festivales y propuestas de turismo rural. La visibilidad global refuerza ese posicionamiento y potencia a pequeños productores, cocinas regionales y emprendimientos familiares que sostienen la tradición.

Además, la distinción se da en un contexto en el que la gastronomía regional argentina gana espacio en rankings y guías internacionales, impulsada por la revalorización de recetas tradicionales, técnicas artesanales y productos locales. En ese escenario, la empanada tucumana aparece como un emblema que sintetiza historia, identidad y sabor.
Desde el NOA, la noticia fue celebrada como un triunfo colectivo. Más allá de la competencia simbólica entre provincias, el ranking volvió a poner a la empanada argentina en el centro de la escena global y confirmó que un plato sencillo, bien hecho y cargado de tradición puede competir de igual a igual con las grandes cocinas del mundo.
La información fue difundida por Agencia Noticias Argentinas, a partir del ranking publicado por Taste Atlas, y rápidamente se viralizó en redes sociales, donde usuarios de todo el país celebraron el reconocimiento y reavivaron el debate empanadero. Por ahora, el fallo es claro: para el paladar internacional, la mejor empanada del mundo se come en Tucumán.