Presidentes y jefes de gobierno de siete países de América Latina y el Caribe se reunieron el 28 de enero de 2026 en la ciudad de Panamá, en el marco del Foro Económico Internacional de América Latina, organizado por CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, con un mensaje común: la necesidad de reforzar la integración regional y el diálogo político en un escenario global marcado por tensiones geopolíticas y la pérdida de peso de los organismos multilaterales. El encuentro se realizó sin la participación del presidente argentino Javier Milei, quien había sido invitado formalmente.
El foro, que reunió a cerca de 4.000 asistentes entre funcionarios, empresarios y referentes académicos, buscó consolidarse como un espacio de debate estratégico para la región, con la ambición de posicionarse como una suerte de “Davos latinoamericano”. En ese contexto, los mandatarios coincidieron en la urgencia de construir consensos mínimos que permitan a América Latina ganar protagonismo en el orden internacional, aun en un clima de fuertes diferencias ideológicas.
Entre los líderes presentes se destacaron Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia), José Antonio Kast (presidente electo de Chile), Daniel Noboa (Ecuador) y Bernardo Arévalo (Guatemala), además del anfitrión José Raúl Mulino (Panamá) y el primer ministro de Jamaica, Andrew Holness. También participó Rodrigo Paz, presidente de Bolivia. Todos compartieron el escenario principal del Centro de Convenciones de Panamá junto al presidente ejecutivo de CAF, Sergio Díaz-Granados.
Durante las exposiciones, el llamado a la integración y al diálogo regional atravesó los discursos, incluso cuando cada mandatario dejó en claro sus matices políticos y prioridades nacionales. El brasileño Lula da Silva fue uno de los oradores centrales y puso el foco en la fragmentación política de la región y en la parálisis de los mecanismos de cooperación. Según reconstruyó La Nación, firmada por Esteban Lafuente el presidente de Brasil advirtió que ningún país puede resolver de manera aislada los desafíos económicos y sociales actuales y reclamó una inserción más competitiva de América Latina en el escenario global.
Lula también hizo referencia al debilitamiento de espacios multilaterales como la Celac, al señalar que la región volvió a dividirse y perdió capacidad de coordinación frente a conflictos recientes. En ese sentido, planteó que el pragmatismo debería imponerse sobre las disputas ideológicas para avanzar en acuerdos concretos que fortalezcan a los países latinoamericanos frente a un contexto internacional cada vez más incierto.
Uno de los gestos políticos más observados del foro fue el encuentro bilateral entre Lula da Silva y José Antonio Kast, dos dirigentes con visiones ideológicas opuestas. La reunión fue presentada por ambos como una señal de madurez institucional y de búsqueda de consensos básicos. Kast, quien asumirá la presidencia de Chile en marzo, sostuvo que la unidad regional no implica resignar convicciones, sino comprender la responsabilidad que conlleva el ejercicio del poder y la necesidad de defender los intereses de los ciudadanos más allá de las diferencias políticas.
En la misma línea, el presidente colombiano Gustavo Petro subrayó la importancia de reabrir canales de diálogo en el continente y alertó sobre la ruptura del orden internacional. De acuerdo con lo informado por La Nación, Petro advirtió sobre los riesgos de la escalada de conflictos y remarcó que América Latina debe evitar reproducir tensiones militares y geopolíticas que agraven la inestabilidad regional. Además, vinculó el debate político con el impacto de la actividad económica sobre el ambiente y defendió un modelo de desarrollo que preserve los recursos naturales.
El presidente ecuatoriano Daniel Noboa, por su parte, hizo hincapié en la necesidad de fortalecer las instituciones y generar condiciones de estabilidad para atraer inversiones y promover el crecimiento económico. Mientras tanto, Bernardo Arévalo, mandatario de Guatemala, coincidió en que la región cuenta con recursos estratégicos clave, pero enfrenta desafíos estructurales vinculados a la desigualdad, la pobreza y la corrupción.
El anfitrión José Raúl Mulino destacó el rol de Panamá como punto de encuentro regional y llamó a aprovechar los espacios de diálogo para avanzar en acuerdos que permitan a América Latina tener una voz más influyente en el tablero global. En tanto, Andrew Holness, primer ministro de Jamaica, resaltó la importancia de incluir a los países del Caribe en las discusiones sobre integración económica y cooperación regional.

La ausencia del presidente argentino Javier Milei fue uno de los datos políticos del encuentro. Aunque había sido invitado a través del gobierno panameño, su decisión de no asistir contrastó con la presencia de otros líderes de la región y con el énfasis del foro en la búsqueda de consensos multilaterales. En los pasillos del evento, esa ausencia fue leída por algunos participantes como una señal de la distancia del gobierno argentino respecto de este tipo de ámbitos de diálogo regional.
Desde la organización, CAF remarcó que el foro apunta a consolidar un espacio permanente de debate estratégico sobre los desafíos económicos, políticos y sociales de América Latina y el Caribe. En un contexto global atravesado por la disputa entre grandes potencias, la redefinición de las cadenas de valor y el impacto del cambio climático, los organizadores sostienen que la región tiene una oportunidad para reposicionarse si logra coordinar políticas y superar la fragmentación interna.
El encuentro cerró con un llamado generalizado a transformar los discursos en acciones concretas y a sostener instancias de diálogo más allá de las diferencias ideológicas. La coincidencia entre líderes de perfiles tan diversos dejó en evidencia que, al menos en el plano retórico, la integración regional vuelve a instalarse como una prioridad en la agenda latinoamericana, en un momento en que la región busca redefinir su lugar en el mundo.