El Banco Central de Chile decidió mantener sin cambios su tasa de interés de referencia en 4,5%, una medida adoptada este martes en Santiago por el consejo encabezado por Rosanna Costa, en un contexto marcado por una desaceleración gradual de la inflación y un mayor optimismo sobre la evolución de la economía en los próximos meses. La decisión resulta relevante porque confirma una pausa en el ciclo de recortes iniciado el año pasado y anticipa una política monetaria más cautelosa frente a un escenario de recuperación económica.
La resolución estuvo en línea con las expectativas del mercado. Según consignó Bloomberg, casi la totalidad de los economistas consultados preveía que el instituto emisor mantendría el nivel actual del costo del dinero, con una única estimación que anticipaba una baja de 25 puntos básicos. Durante 2025, el Banco Central ya había aplicado dos recortes que totalizaron 50 puntos básicos, incluido uno en diciembre, lo que había llevado la tasa desde niveles más restrictivos a su actual ubicación.
Desde la autoridad monetaria explicaron que, si bien la inflación muestra una trayectoria de convergencia hacia la meta del 3%, persisten factores que aconsejan prudencia. En los próximos meses, el índice de precios podría ubicarse en torno al objetivo, pero las proyecciones internas indican que hacia fines de año volvería a situarse por encima de ese umbral, en un contexto de mayor dinamismo de la actividad económica.
El escenario macroeconómico se ve influido por las expectativas asociadas a la próxima administración de José Antonio Kast, quien asumirá la presidencia el 11 de marzo. El mandatario electo ha anunciado un programa orientado a reducir impuestos corporativos y eliminar regulaciones, con el objetivo de estimular la inversión privada y acelerar el crecimiento. De acuerdo con estimaciones previas del propio Banco Central, el Producto Interno Bruto (PIB) podría expandirse hasta 3% este año, una mejora respecto del 2,4% proyectado para 2025.

Analistas internacionales interpretaron la decisión como una señal de confianza en la resiliencia de la economía chilena. “El crecimiento de la actividad es resistente, por lo que los incentivos para recortar más son limitados”, señalaron economistas de Barclays Plc, entre ellos Gabriel Casillas, en un informe difundido antes del anuncio, según reprodujo Bloomberg. En el mismo documento advirtieron que, pese a la mejora en las perspectivas inflacionarias, “la inflación de los servicios básicos sigue siendo algo elevada”, un factor que restringe el margen para una política monetaria más expansiva.
En el plano fiscal y de gestión económica, el futuro ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, reforzó esta visión en una entrevista publicada el domingo por el diario El Mercurio. Allí sostuvo que la segunda mitad del año mostrará un crecimiento “dinámico”, impulsado por la reactivación de proyectos de inversión que permanecían postergados. El funcionario designado anticipó además una mejora sostenida del mercado laboral, con la creación de cerca de 200.000 puestos de trabajo en un horizonte de entre 12 y 24 meses.
Los datos más recientes de inflación respaldan la cautela del Banco Central. Según la agencia nacional de estadísticas, los precios al consumidor aumentaron 3,5% interanual en diciembre, un nivel todavía por encima de la meta oficial. No obstante, la trayectoria descendente ha sido favorecida por la apreciación del peso chileno, que se fortaleció alrededor de 12% en los últimos seis meses, abaratando las importaciones y moderando las presiones sobre los precios internos.
Este fortalecimiento de la moneda local también ha contribuido a mejorar las condiciones financieras y a reforzar la credibilidad de la política monetaria. Para el Banco Central, la combinación de un tipo de cambio más fuerte, expectativas inflacionarias mejor ancladas y una actividad que muestra señales de recuperación justifica mantener una postura de espera, a la espera de mayor claridad sobre la evolución del escenario externo y doméstico.
En el ámbito político, el debate económico se ha visto atravesado por definiciones ideológicas que, según analistas, muestran una convergencia hacia posiciones más moderadas. “Kast tiende al centro desde la derecha, al igual Boric lo hizo desde la izquierda”, señalan observadores del proceso chileno, en referencia a la búsqueda de consensos que favorezcan la estabilidad macroeconómica y la gobernabilidad. Este giro hacia el centro es interpretado por los mercados como un factor adicional de previsibilidad.
De cara a los próximos meses, los economistas coinciden en que la política monetaria estará condicionada por el equilibrio entre crecimiento e inflación. Un repunte más fuerte de la actividad podría reactivar presiones inflacionarias, mientras que una desaceleración inesperada abriría nuevamente la puerta a recortes de tasas. Por ahora, la señal del Banco Central es clara: la prioridad es consolidar la convergencia de los precios sin poner en riesgo la recuperación en ciernes.