Las acciones de Microsoft registraron este jueves una caída intradía del 11,9%, la mayor desde marzo de 2020, luego de que el mercado reaccionara negativamente a los resultados trimestrales de la compañía, publicados el 29 de enero de 2026. El desplome ocurrió en Wall Street, a pesar de que la empresa superó las estimaciones de ingresos y ganancias, debido a las crecientes dudas de los inversores sobre el desempeño de Azure, su negocio de computación en la nube, y sobre el fuerte incremento en las inversiones en infraestructura vinculadas a la inteligencia artificial, según informó Forbes.
Durante la rueda matutina, los papeles de Microsoft llegaron a cotizar en US$424,15, arrastrados por una lectura más crítica del balance que priorizó las señales de desaceleración relativa en la nube y un nivel de gasto de capital muy por encima de lo esperado. La reacción del mercado reflejó un cambio de humor frente a una compañía que venía siendo una de las grandes ganadoras del auge de la IA y que había acumulado una suba superior al 15% en 2025.

En el trimestre, Microsoft reportó ingresos por US$81.270 millones y una ganancia por acción de US$4,14, cifras que superaron las proyecciones del consenso de analistas relevado por FactSet, que anticipaban US$80.300 millones de facturación y US$3,91 por acción. Sin embargo, esos resultados positivos no alcanzaron para disipar las preocupaciones sobre la evolución de su principal motor de crecimiento.
El foco del mercado estuvo puesto en Azure, cuyos ingresos crecieron 39% interanual. Aunque el dato se ubicó levemente por encima del 38,4% que esperaba el mercado, marcó una desaceleración frente al 40% registrado en el trimestre previo. Esa diferencia, mínima en términos absolutos, fue suficiente para alimentar la percepción de que el negocio de la nube podría estar perdiendo impulso en un contexto de inversiones cada vez más exigentes.
A esa lectura se sumó el dato de gasto de capital, que alcanzó los US$29.800 millones en el trimestre. La cifra superó ampliamente los US$23.400 millones que proyectaban los analistas y reforzó la inquietud sobre la relación entre el nivel de inversión y la velocidad de crecimiento de los ingresos. Microsoft viene incrementando de manera sostenida sus desembolsos en centros de datos, capacidad de cómputo y proyectos asociados a la inteligencia artificial, en un intento por consolidar su liderazgo frente a competidores como Amazon Web Services y Google Cloud.

Durante la presentación de resultados, Keith Weiss, analista de Morgan Stanley, sintetizó la preocupación dominante entre los inversores. “Uno de los problemas principales que pesa sobre los inversores es que los gastos de capital de Microsoft están creciendo más rápido de lo esperado y que tal vez Azure está creciendo un poco más lento de lo que esperábamos”, señaló, según consignó Forbes.
El temor del mercado no surge en el vacío. En los últimos meses, varias grandes tecnológicas anunciaron planes de inversión multimillonarios en infraestructura de IA, en un escenario en el que la monetización de esas apuestas todavía genera interrogantes. En el caso de Microsoft, el aumento del gasto coincidió con versiones sobre una eventual moderación en la demanda de soluciones de inteligencia artificial, que la compañía salió a desmentir.
En ese sentido, la empresa negó un informe de Reuters que indicaba una supuesta revisión a la baja de sus expectativas internas sobre productos de IA. No obstante, las aclaraciones no lograron revertir el clima de cautela, y el mercado optó por castigar la acción ante la combinación de crecimiento más lento en la nube y mayores necesidades de capital.
El contraste con el desempeño reciente de Microsoft resulta marcado. En julio de 2025, tras presentar un crecimiento de ingresos del 18% y beneficios netos por US$27.200 millones, la compañía se convirtió en la segunda empresa en la historia en alcanzar una valuación de mercado de US$4 billones, impulsada por el entusiasmo de los inversores frente a su posicionamiento en inteligencia artificial y su alianza estratégica con OpenAI.
Mientras Microsoft enfrentaba ventas masivas, otras grandes tecnológicas mostraron un comportamiento opuesto. Meta, por ejemplo, informó un crecimiento de ingresos del 24% interanual en su último trimestre, hasta alcanzar los US$59.800 millones, lo que impulsó una suba cercana al 7% en el precio de sus acciones. Su CEO, Mark Zuckerberg, ratificó que la compañía continuará con una estrategia de fuerte inversión en infraestructura de IA y anticipó nuevos lanzamientos de productos para este año.
Microsoft, Meta y Tesla fueron las primeras compañías del grupo conocido como las “Siete Magníficas” en presentar sus resultados correspondientes al cierre del año. El mercado sigue ahora con atención los balances de Apple, que tiene previsto publicar sus cifras este jueves, y de Alphabet y Amazon, que lo harán el 4 y 5 de febrero, respectivamente. Nvidia, otra de las protagonistas del boom de la inteligencia artificial, cerrará la ronda de resultados el 25 de febrero.

La reacción a los números de Microsoft deja en evidencia un cambio de exigencia por parte de los inversores. En un contexto de valuaciones elevadas y expectativas muy altas, ya no alcanza con superar las previsiones de ganancias: el mercado demanda señales claras de crecimiento sostenido, disciplina en el gasto y una hoja de ruta convincente para transformar las inversiones en inteligencia artificial en ingresos recurrentes.
En ese escenario, la evolución de Azure y la capacidad de Microsoft para equilibrar su agresiva estrategia de inversión con la rentabilidad futura serán claves para definir el comportamiento de la acción en los próximos meses. Por ahora, el golpe bursátil marca un punto de inflexión para una de las compañías más influyentes del sector tecnológico global.