La Guía Michelin, referente internacional en la evaluación de la excelencia gastronómica y hotelera, anunció la creación de una nueva distinción dedicada exclusivamente al mundo del vino. A partir de 2026, el organismo comenzará a premiar a bodegas y viñedos de distintas regiones del planeta mediante un sistema de reconocimientos denominado Uvas Michelin, que buscará establecer un estándar global de calidad en la producción vitivinícola.
El lanzamiento marca un paso estratégico para la publicación, que durante más de un siglo centró sus galardones en restaurantes, chefs y hoteles, y que ahora incorpora formalmente al vino como un eje central de su universo de evaluación. La iniciativa apunta a reconocer no solo el resultado final en botella, sino también el trabajo integral detrás de cada proyecto vitivinícola, desde el manejo del viñedo hasta la consistencia del producto a lo largo del tiempo.
La decisión se apoya en una trayectoria previa de la Guía Michelin dentro del sector. Desde hace décadas, la publicación destaca cartas de vinos sobresalientes y el rol de los sommeliers en la experiencia gastronómica, además de haber creado premios específicos para estos profesionales. Con las Uvas Michelin, el foco se traslada directamente a los productores, a sus territorios y a las personas que sostienen la identidad del vino.
El nuevo sistema de evaluación contempla cuatro categorías de reconocimiento. Las Tres Uvas Michelin distinguirán a productores considerados excepcionales, cuyos vinos mantienen un nivel de excelencia confiable más allá de la añada. Las Dos Uvas identificarán a bodegas de calidad sobresaliente dentro de su región, mientras que Una Uva destacará a productores con vinos de carácter y estilo definido, especialmente en cosechas favorables. A su vez, se incorporará una categoría de viñedos recomendados, destinada a proyectos consistentes que ofrecen experiencias de calidad sostenida.
Según se informó, las bodegas serán evaluadas bajo una metodología única y homogénea en todo el mundo, basada en cinco criterios fundamentales. El primero es la calidad de la agronomía, que analiza el estado del suelo, la vitalidad de la vid y las prácticas de manejo del viñedo. El segundo criterio es el dominio técnico, enfocado en la precisión y rigurosidad del proceso de vinificación, con especial atención a la expresión del terruño y la ausencia de defectos.

El tercer eje de análisis será la identidad, entendida como la capacidad del vino de reflejar la personalidad del productor, el entorno y la cultura que lo rodea. A esto se suma el equilibrio, que evalúa la armonía entre acidez, taninos, alcohol, madera y dulzor, y finalmente la consistencia, un aspecto clave que medirá la calidad del proyecto a lo largo de varias añadas, incluso en contextos climáticos o productivos adversos.
Las evaluaciones estarán a cargo de un equipo internacional de inspectores especializados, empleados de manera exclusiva por el grupo Michelin. Se trata de profesionales con formación y experiencia en el ámbito vitivinícola, entre ellos ex sommeliers, críticos de vino y expertos en producción. Las decisiones se tomarán de forma colectiva, bajo estrictos criterios de independencia y con un proceso de revisión editorial que garantice coherencia y transparencia.
El debut de las Uvas Michelin tendrá lugar en Borgoña y Burdeos, dos de las regiones vitivinícolas más emblemáticas del mundo. La elección no es casual: ambas zonas concentran siglos de historia, prestigio internacional y una diversidad de estilos que representan el ADN del vino francés. Burdeos se destaca por su escala global, su tradición exportadora y su capacidad de adaptación, mientras que Borgoña es sinónimo de identidad territorial, viñedos familiares y atención minuciosa en cada etapa del proceso.
A partir de estas primeras regiones, la Guía Michelin prevé una expansión progresiva hacia otros países y zonas productoras, con el objetivo de construir una cartografía global del vino basada en criterios comparables y reconocibles para consumidores, coleccionistas y profesionales del sector.
El nuevo reconocimiento llega en un contexto de creciente interés por el origen de los vinos, las prácticas sostenibles y la trazabilidad de los productos. En ese marco, las Uvas Michelin aspiran a convertirse en una referencia para orientar decisiones de consumo, inversiones y posicionamiento internacional, del mismo modo que las estrellas han influido históricamente en la gastronomía.
Con esta iniciativa, la Guía Michelin consolida su rol como árbitro global de la excelencia y amplía su alcance hacia uno de los pilares fundamentales de la cultura gastronómica. El vino, con su diversidad de territorios, estilos y tradiciones, suma así un nuevo sistema de reconocimiento que promete elevar el estándar y dar visibilidad al trabajo silencioso que ocurre en viñedos y bodegas de todo el mundo.