Los osos polares del archipiélago de Svalbard, en el Ártico noruego, presentan hoy un mejor estado corporal que a comienzos de la década de 1990, pese a la pérdida sostenida de hielo marino provocada por el cambio climático. El hallazgo surge de una investigación basada en casi tres décadas de mediciones sobre cientos de ejemplares adultos y resulta relevante porque contradice las proyecciones más extendidas sobre el impacto inmediato del calentamiento global en estos grandes depredadores. La información fue reportada por la BBC, a partir de un estudio publicado en la revista científica Scientific Reports.
La investigación analizó datos de 770 osos polares adultos capturados, pesados y evaluados entre 1992 y 2019 en Svalbard, una de las regiones del planeta que más rápido se está calentando. Según los resultados, los animales no solo no mostraron un deterioro físico, sino que evidenciaron un incremento significativo en sus reservas de grasa, un indicador clave de salud, supervivencia y éxito reproductivo en esta especie.

Los osos polares dependen históricamente del hielo marino como plataforma para cazar focas, su principal fuente de alimento y de grasa. Estas reservas energéticas son esenciales para atravesar largos períodos sin comida, mantener la temperatura corporal en condiciones extremas y permitir que las hembras produzcan leche rica en nutrientes para sus crías. Por eso, la disminución del hielo había sido asociada, en la mayoría de las regiones del Ártico, con una peor condición física y una reducción poblacional.
Sin embargo, el caso de Svalbard parece responder a una dinámica diferente. De acuerdo con los investigadores, los osos de esta zona se habrían adaptado de manera parcial a la pérdida de hielo incorporando con mayor frecuencia presas terrestres y costeras, como renos y morsas, además de modificar sus estrategias de caza de focas.
“Cuanto más gordo está un oso, mejor”, explicó Jon Aars, investigador principal del estudio y científico del Instituto Polar Noruego, en declaraciones citadas por la BBC. “Yo habría esperado ver un deterioro en la condición física de los osos, dado que la pérdida de hielo marino ha sido tan considerable”, admitió.

El contexto climático en el que se desarrolló el estudio refuerza el carácter inesperado de los resultados. Durante el mismo período analizado, el aumento de la temperatura global provocó que Svalbard registre casi 100 días adicionales sin hielo por año, a un ritmo promedio de cuatro días más sin hielo anualmente. Se trata de una de las transformaciones ambientales más rápidas documentadas en el Ártico.
Una de las claves identificadas por los científicos es la recuperación de la población de morsas, que están protegidas en Noruega desde la década de 1950, luego de haber estado al borde de la extinción por la caza intensiva. Esta recuperación habría generado una nueva fuente de alimento rica en grasas para los osos polares. “Ahora hay muchas más morsas [para que cacen]”, señaló Aars. “También es posible que puedan cazar focas de forma más eficiente”.

El estudio plantea además que la reducción del hielo marino puede, en algunos casos, concentrar a las focas en áreas más pequeñas, lo que facilitaría su captura. Si bien esto no compensa la pérdida de hábitat a largo plazo, podría explicar por qué ciertos grupos de osos logran mantener o incluso mejorar su condición corporal en el corto plazo.
No obstante, los propios investigadores advierten que estos resultados no deben interpretarse como una señal tranquilizadora frente al avance del cambio climático. A medida que el hielo marino continúa retrocediendo, los osos se ven obligados a recorrer distancias mayores para encontrar alimento, lo que incrementa el gasto energético y termina por erosionar sus reservas de grasa.
La organización Polar Bears International recordó que los osos polares de Svalbard fueron, hasta la implementación de acuerdos internacionales en la década de 1970, algunos de los más cazados del mundo. En ese sentido, los especialistas consideran que parte de la mejora observada podría estar vinculada a la recuperación poblacional tras décadas de protección, combinada con un entorno que, por ahora, ofrece alternativas alimenticias excepcionales.

Desde la comunidad científica remarcan que estos efectos positivos son transitorios y regionales. Investigaciones paralelas en Svalbard mostraron que el aumento de los días sin hielo reduce la supervivencia de las crías, así como de las hembras subadultas y de mayor edad, lo que compromete la estabilidad de la población en el mediano plazo.
“Los resultados son positivos a corto plazo, pero la condición física es solo una parte del problema”, explicó John Whiteman, científico jefe de investigación de Polar Bears International, en declaraciones reproducidas por la BBC. Según el especialista, otros indicadores demográficos muestran señales de alerta que no pueden ser ignoradas.
La situación contrasta con lo que ocurre en otras regiones del Ártico. Existen 20 subpoblaciones conocidas de osos polares, y muchas de ellas ya muestran descensos sostenidos. En la bahía de Hudson, en el este de Canadá, donde se encuentra una de las poblaciones mejor estudiadas y más australes, la disminución del número de osos se ha vinculado directamente con el aumento de las temperaturas y la pérdida de hielo estacional.
En esas zonas, la escasez de hielo ha llevado a los osos a acercarse a comunidades humanas en busca de alimento, incrementando los conflictos y los riesgos tanto para las personas como para los animales. Este fenómeno refuerza la idea de que la respuesta de los osos polares al cambio climático no es homogénea, sino que depende de factores locales como la disponibilidad de presas, la presión humana histórica y las políticas de conservación.
Whiteman fue contundente al evaluar el escenario de largo plazo: los osos polares necesitan hielo marino para sobrevivir. “La pérdida de hielo, en última instancia, significa una disminución de la población de osos”, afirmó. El estudio de Svalbard, añadió, demuestra que “la situación a corto plazo puede variar mucho según la región”, pero no altera la tendencia general.

En ese sentido, los científicos coinciden en que el caso de Svalbard no invalida las advertencias globales sobre el futuro de la especie. Por el contrario, subraya la complejidad de los ecosistemas árticos y la necesidad de análisis regionales detallados, sin perder de vista que, si el calentamiento global continúa sin control, incluso las poblaciones que hoy muestran resiliencia podrían enfrentar un colapso.
El trabajo, difundido por la BBC, aporta así una mirada matizada: revela una capacidad limitada de adaptación en un contexto específico, pero también refuerza el consenso científico de que el retroceso del hielo marino sigue siendo la principal amenaza para la supervivencia de los osos polares a escala planetaria.