Darwin en la Patagonia: el estuario de Santa Cruz que conserva el paisaje que lo deslumbró

La Ría Deseado, en el noreste de Santa Cruz, fue uno de los puntos donde Charles Darwin acampó en 1833 y hoy sigue intacta como reserva natural de alto valor ecológico

Darwin en la Patagonia: el estuario de Santa Cruz que conserva el paisaje que lo deslumbró
sábado 31 de enero de 2026

Según informó TN, un rincón de la Patagonia austral mantiene casi intacto el paisaje que asombró a Charles Darwin durante su histórica travesía científica por Sudamérica. Se trata de la Ría Deseado, un estuario ubicado en el noreste de la provincia de Santa Cruz, a pocos kilómetros de Puerto Deseado, donde el naturalista británico acampó en 1833 mientras navegaba a bordo del HMS Beagle. A casi dos siglos de aquella visita, el área conserva su fisonomía original y se consolidó como una de las reservas naturales más singulares del país por su biodiversidad y valor histórico.

La relevancia del sitio no se limita a su vínculo con el autor de la teoría de la evolución. La Ría Deseado es un estuario único en Sudamérica, formado por la invasión del mar sobre el antiguo cañón del río Deseado, un fenómeno geomorfológico excepcional en la Patagonia. Su importancia ecológica llevó a su declaración como Reserva Natural, con el objetivo de preservar un ecosistema que alberga una notable diversidad de especies marinas y terrestres.

Durante su paso por la región en diciembre de 1833, Darwin registró en su diario de viaje observaciones detalladas sobre el paisaje, la fauna y la sensación de aislamiento extremo que ofrecía ese territorio. Aquella breve escala dejó una huella que hoy forma parte del patrimonio científico y cultural argentino. El lugar exacto donde el naturalista instaló su campamento se encuentra a unos 42 kilómetros río adentro desde Puerto Deseado y actualmente es conocido como Campamento Darwin, integrado a circuitos turísticos y visitas guiadas.

Darwin en la Patagonia: el estuario de Santa Cruz que conserva el paisaje que lo deslumbró

La singularidad de la ría reside en su dinámica natural. Las mareas, muy marcadas, transforman el paisaje de manera constante: cuando el agua avanza, cubre cañadones y costas; cuando retrocede, deja al descubierto extensas planicies de barro y formaciones rocosas. Este proceso crea hábitats diversos que sostienen una biodiversidad excepcional, con presencia de lobos marinos, pingüinos de Magallanes, toninas overas, delfines, cormoranes y numerosas aves migratorias.

El área también fue un punto clave para la exploración científica del siglo XIX. Además de Darwin, otros integrantes de la expedición del Beagle dejaron registros visuales y escritos del lugar. Entre ellos se destaca el artista Conrad Martens, quien realizó dibujos de la zona, como la conocida Piedra de Darwin, una formación rocosa que aún puede visitarse y que refuerza el valor histórico del sitio.

Uno de los aspectos que más sorprende a quienes recorren hoy la Ría Deseado es la sensación de continuidad temporal. El paisaje, prácticamente inalterado, permite imaginar con facilidad cómo era la región cuando Darwin la describió como un espacio de “soledad y desolación”, pero también de una belleza que transmitía una percepción de eternidad. Esa permanencia se explica en parte por la baja intervención humana y por las políticas de conservación que buscan preservar el equilibrio natural del estuario.

Desde el punto de vista turístico, la ría ofrece múltiples posibilidades. El acceso desde Puerto Deseado es sencillo y puede realizarse en vehículo particular. La ciudad se desarrolla a lo largo del estuario, lo que facilita el contacto con distintos puntos panorámicos tanto hacia el este como hacia el oeste. Para internarse en la ría, existe un camino costero de ripio que avanza paralelo al cauce y permite llegar a miradores y áreas de observación de fauna. En condiciones normales, no se requiere un vehículo especial, aunque se recomienda circular con precaución y respetar la señalización.

Darwin en la Patagonia: el estuario de Santa Cruz que conserva el paisaje que lo deslumbró

Otra alternativa es tomar la Ruta Provincial 281 en dirección a Jaramillo, desde donde parten desvíos señalizados que conducen a puntos elevados con vistas amplias del estuario. Estos accesos permiten apreciar la magnitud del paisaje y comprender la compleja interacción entre el mar y el antiguo valle fluvial.

La conservación de la Ría Deseado no solo protege un ecosistema frágil, sino que también resguarda un capítulo clave de la historia científica mundial. La presencia de Darwin en estas tierras forma parte del proceso intelectual que, años más tarde, derivaría en la formulación de la teoría de la evolución. En ese sentido, el estuario santacruceño es mucho más que un atractivo natural: es un testimonio vivo de la exploración, la observación científica y el vínculo entre naturaleza y conocimiento.

Darwin en la Patagonia: el estuario de Santa Cruz que conserva el paisaje que lo deslumbró

A casi 200 años de aquella expedición, la Ría Deseado continúa ofreciendo el mismo escenario que cautivó al naturalista inglés. Su permanencia intacta refuerza la importancia de las áreas protegidas y posiciona a este enclave patagónico como un destino donde confluyen historia, ciencia y naturaleza, en uno de los paisajes más singulares del sur argentino.



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