En el Valle de Uco, al pie de la Cordillera de los Andes, existe un pequeño pueblo mendocino que gana protagonismo en el mapa turístico por una combinación poco frecuente: historia vinculada a José de San Martín, entorno natural preservado y una oferta enoturística de alto nivel. Se trata de Los Chacayes, una localidad del departamento de Tunuyán que, sin estridencias ni grandes desarrollos urbanos, atrae a viajeros interesados en un turismo pausado, con identidad y contacto directo con el paisaje.
Ubicado a unos 120 kilómetros de la ciudad de Mendoza, Los Chacayes se desarrolla entre viñedos de altura, cerros, vegetación autóctona y caminos rurales que definen el ritmo del lugar. Su nombre proviene del chacay, un arbusto típico de la zona, y refleja una identidad profundamente ligada al territorio. En los últimos años, este rincón mendocino se transformó en una de las indicaciones geográficas más valoradas del país, impulsado por el crecimiento del vino de calidad y por su cercanía con sitios históricos clave de la gesta libertadora.

El vínculo con San Martín es uno de los ejes simbólicos del destino. Muy cerca de Los Chacayes se encuentra el Manzano Histórico, el lugar donde el Libertador regresó a la Argentina tras cruzar la cordillera. Hoy, ese sitio funciona como reserva natural y espacio cultural, y aporta una dimensión patrimonial que distingue al pueblo dentro del Valle de Uco. La historia no aparece como un elemento aislado, sino integrada al paisaje y a la experiencia del visitante.
En el presente, Los Chacayes es reconocido por su fuerte desarrollo en enoturismo. La zona concentra bodegas de alta gama, muchas de ellas diseñadas con una arquitectura que dialoga con el entorno natural. Las propuestas incluyen degustaciones, visitas guiadas y experiencias gastronómicas, con foco en vinos de altura que expresan las características del suelo y el clima. Malbec, Cabernet Franc y blancos de montaña se destacan entre las variedades que nacen en esta región, favorecidas por la amplitud térmica y los suelos pedregosos.
A diferencia de otros destinos más consolidados, el crecimiento turístico de Los Chacayes se dio de manera gradual. No hay grandes centros comerciales ni infraestructura masiva, sino alojamientos pequeños, posadas rurales y proyectos integrados al paisaje. Ese perfil atrae a un público que prioriza la tranquilidad, el silencio y la posibilidad de recorrer el territorio sin apuro.

Las actividades disponibles refuerzan esa lógica. El visitante puede optar por caminatas y trekking por senderos de montaña, cabalgatas, avistaje de aves y recorridos por caminos secundarios que permiten apreciar el contraste entre viñedos y cordillera. La cercanía con el Parque Temático Sanmartiniano y la Reserva Natural Manzano Histórico suma una dimensión educativa y cultural, ideal para quienes buscan comprender el lugar más allá de la postal.
Los miradores naturales de la zona ofrecen vistas abiertas de la cordillera y del Valle de Uco, especialmente valoradas al amanecer y al atardecer, cuando la luz transforma el paisaje. Esa combinación de naturaleza, historia y vino convierte a Los Chacayes en un destino versátil, apto tanto para escapadas cortas como para estadías más prolongadas.

El acceso es otro de sus puntos a favor. Desde la ciudad de Mendoza, el viaje hasta Tunuyán demanda entre una hora y media y dos horas en auto, tomando la Ruta Nacional 40 hacia el sur. Para quienes viajan desde Buenos Aires, la opción más utilizada es el vuelo hasta Mendoza y luego el traslado terrestre. En auto, el recorrido total ronda los 1.100 kilómetros, atravesando paisajes que anticipan el ingreso a la región cordillerana.
Lejos del turismo masivo, Los Chacayes se posiciona como un pueblo mendocino que apuesta al equilibrio entre desarrollo y preservación. Su crecimiento se apoya en el valor del territorio, en la memoria histórica y en una oferta turística que privilegia la calidad por sobre la cantidad. En un contexto donde muchos destinos buscan diferenciarse, este rincón del Valle de Uco propone algo simple y, a la vez, cada vez más escaso: tiempo, paisaje y una identidad que se mantiene viva.