Ecosistemas Acuícolas / Pesca Turística

El regreso del atún barrilete transforma el verano en el puerto de Mar del Plata

Descargas históricas, pesca deportiva a pocas millas y un fenómeno oceanográfico que vuelve a unir turismo y producción

El regreso del atún barrilete transforma el verano en el puerto de Mar del Plata
miércoles 04 de febrero de 2026

La reaparición del atún barrilete frente a la costa de Mar del Plata, registrada desde fines de enero y con descargas significativas confirmadas el 3 de febrero de 2026 en la Banquina Chica, volvió a colocar al puerto en el centro de la escena productiva y turística en plena temporada estival. El fenómeno, asociado al ingreso de corrientes cálidas provenientes del norte, generó capturas que no se repetían desde 1997 y reconfiguró tanto la dinámica económica del muelle como la oferta de experiencias vinculadas al mar.

Según consignó el medio especializado Pesare.com, en los últimos días comenzaron a observarse descargas de barrilete con volúmenes y regularidad poco habituales para esta latitud. La presencia sostenida de la especie despertó la atención de pescadores, operadores portuarios y visitantes, que se acercaron al muelle para presenciar un movimiento inusual en pleno verano, cuando la actividad turística suele concentrarse lejos del ámbito productivo.

El comportamiento del recurso responde, de acuerdo con análisis coincidentes publicados por Pesare.com y otros medios locales del sector pesquero, a una combinación de factores oceanográficos. El avance de masas de agua más cálidas desde Brasil, sumado al desplazamiento de especies  que integran la cadena alimentaria del barrilete, generó condiciones propicias para que los cardúmenes se aproximaran a la costa bonaerense.

Para la flota artesanal que opera desde la Banquina Chica, el impacto es inmediato. El atún barrilete presenta valores comerciales superiores al variado costero tradicional, lo que modifica la ecuación de rentabilidad sin alterar de manera significativa la lógica operativa diaria. No obstante, se trata de una especie que exige mayor precisión técnica, ya que combina velocidad, resistencia y una notable capacidad de evasión, factores que obligan a maniobras más cuidadas durante la pesca.

El movimiento en el muelle tuvo además un correlato en la cadena gastronómica. Parte de las capturas se destinó a conserveras que aún mantienen actividad en la ciudad, mientras que otra porción ingresó a circuitos de elaboración de productos frescos y listos para consumo, orientados a un público que valora la trazabilidad y el origen del pescado. Medios locales destacaron que esta dinámica refuerza el atractivo del puerto como espacio turístico activo, donde el visitante no solo observa barcos, sino también procesos productivos en tiempo real.

En paralelo, el fenómeno abrió una oportunidad destacada para la pesca deportiva embarcada. De acuerdo con lo informado por Pesare.com y replicado por portales náuticos regionales, en las últimas dos semanas se registraron capturas de barrilete y pez limón a pocas millas de la costa, un escenario poco frecuente en la zona y más asociado a latitudes tropicales. La cercanía de los cardúmenes permitió salidas breves, accesibles incluso para embarcaciones deportivas de mediano porte.

En ese contexto, la circulación temprana de información entre pescadores resultó clave. Uno de los primeros avisos sobre la presencia del recurso permitió que embarcaciones comerciales arribaran rápidamente al área y concretaran capturas que fueron celebradas como un logro colectivo, según reconstruyeron crónicas publicadas en medios especializados del ámbito portuario.

Las tallas observadas, en torno a los 3 a 5 kilos, aportaron un atractivo adicional tanto desde el punto de vista deportivo como comercial. Se trata de un pez combativo, de carne apreciada y con alta demanda, lo que explica el entusiasmo que se percibió en el muelle y en los clubes náuticos durante los últimos días.

El martes 3 de febrero, con condiciones de mar calmo, el escenario volvió a confirmarse. Según detalló Pesare.com, ingresaron al puerto cuatro embarcaciones que, bajo la modalidad de pesca a la pareja, descargaron más de 200 cajones, equivalentes a cerca de 5.000 kilos de atún barrilete, en el muelle de la Banquina Chica. El volumen fue considerado significativo para la flota artesanal y reforzó la idea de que no se trataba de un episodio aislado.

Para Mar del Plata, el regreso del barrilete refuerza una identidad que va más allá del turismo de playa. En pleno verano, la ciudad vuelve a mostrar su perfil portuario, con actividad económica, saberes tradicionales y una relación directa entre el mar, el trabajo y la mesa. Así lo señalaron distintos medios locales, que coincidieron en destacar el valor simbólico y productivo del fenómeno.

En un contexto de cambios climáticos y variaciones en los patrones oceánicos, la presencia del atún barrilete en estas latitudes también despierta interés entre técnicos y especialistas, que advierten sobre la necesidad de monitorear estos movimientos para comprender su impacto a largo plazo en el ecosistema y en la actividad pesquera.

Mientras tanto, el puerto capitaliza el momento. La imagen de las descargas, el movimiento en la Banquina Chica y el diálogo espontáneo entre pescadores y visitantes consolidan al área como un espacio vivo, donde producción, turismo y cultura marítima conviven. En este verano, el barrilete se convirtió en el símbolo de un mar que vuelve a sorprender y a reunir, frente al muelle, a la ciudad con su historia.

 



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