La campaña agrícola entra en una fase decisiva en Argentina con señales contrastantes entre los principales cultivos: mientras el girasol se consolida como el protagonista positivo gracias a rindes históricos y eleva su proyección nacional, el maíz recorta su estimación por el déficit hídrico en momentos críticos de su desarrollo, y la soja, cuya siembra ya finalizó, enfrenta una definición de rendimiento condicionada por humedades desparejas. El escenario, atravesado por la evolución de las lluvias en las próximas semanas, mantiene en vilo al sector productivo, según informó Infobae.
De acuerdo con el último relevamiento de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA), el comportamiento climático se volvió el factor determinante del mapa productivo. Las precipitaciones recientes aportaron alivio puntual en algunas zonas, pero no alcanzaron para revertir los problemas estructurales de agua en regiones clave, especialmente para la soja y el maíz. En contraste, el girasol capitalizó condiciones más favorables y empuja el promedio nacional.
En soja, la siembra concluyó a nivel nacional tras cubrir los últimos lotes del norte del área agrícola. Sin embargo, el cultivo muestra señales de deterioro en su condición. La proporción de cuadros en estado Normal/Bueno registró una caída de 8,6 puntos porcentuales, mientras que la condición hídrica Adecuada/Óptima retrocedió 5,6 puntos, reflejando el impacto de semanas con lluvias por debajo de lo necesario.

Más del 40% de la soja de primera transita su período crítico de definición de rendimiento en el centro del país, particularmente en el Centro-Este de Entre Ríos, el sur de Córdoba y sectores de la región núcleo, donde la disponibilidad de agua resulta limitada. En contrapartida, el norte de La Pampa y el oeste de Buenos Aires conservan perfiles con mejor humedad, lo que permite sostener expectativas más firmes.
La soja de segunda también comenzó a ingresar en su etapa crítica. Cerca del 16% del área ya se encuentra en fases reproductivas, pero bajo un contexto de déficit hídrico que genera preocupación. En los casos más comprometidos se reportaron abortos de flores e incluso pérdidas de plantas, señales tempranas de un potencial ajuste en los rindes si las lluvias no se normalizan. Las precipitaciones recientes brindaron un alivio parcial, y ahora el foco está puesto en la continuidad de frentes húmedos que permitan sostener el potencial productivo durante febrero.
En maíz, la campaña muestra un avance casi total de la siembra destinada a grano comercial, con un 99% del área implantada, restando apenas algunos lotes en el NEA y el NOA. Además, comenzó la cosecha de maíz temprano en Entre Ríos y el norte de Santa Fe, con rindes iniciales que se ubican entre 60 y 70 quintales por hectárea, valores acordes a lo esperado para los planteos tempranos.

A nivel nacional, el 87% de los cuadros en pie se mantiene en condición Normal/Buena, y la situación hídrica general no mostró cambios significativos en la última semana. Sin embargo, esta foto promedio oculta realidades dispares. El sur de Córdoba y otros sectores del sur del área agrícola evidencian el impacto de la falta de humedad durante el período crítico del cereal, con mermas de rendimiento y, en algunos casos, pérdidas de superficie.
En esas zonas más afectadas, algunos lotes fueron destinados a picado para forraje, una decisión que refleja la imposibilidad de alcanzar rindes comerciales aceptables. Este escenario obligó a la BCBA a ajustar la proyección nacional de producción de maíz, que pasó de 58 a 57 millones de toneladas. La cifra final, advierten los técnicos, dependerá en gran medida de que las lluvias acompañen el llenado de granos en las regiones que aún conservan potencial.
El girasol, en cambio, se afirma como la nota positiva de la campaña. La BCBA incrementó su estimación de producción en 400 mil toneladas, alcanzando 6,2 millones de toneladas, impulsada por rindes sobresalientes en el NEA, Córdoba y el centro-norte de Santa Fe. En estas zonas, las condiciones climáticas y el manejo agronómico permitieron expresar altos potenciales productivos.
Las lluvias de las últimas semanas también mejoraron las perspectivas en la región núcleo y en el norte de La Pampa–oeste de Buenos Aires, donde se esperan rindes superiores a 25 qq/Ha, consolidando al cultivo como una alternativa rentable en la rotación. Este desempeño refuerza el atractivo del girasol en un contexto donde otros cultivos enfrentan mayores riesgos climáticos.
No obstante, el panorama no es homogéneo. En el centro y sur de Buenos Aires y en La Pampa, entre el 20% y el 30% del área de girasol atraviesa floración y llenado de granos con reservas hídricas ajustadas y pronósticos poco alentadores. En estas regiones, la evolución del clima en las próximas semanas será determinante para confirmar o recortar las proyecciones actuales.
El contraste entre cultivos pone de relieve cómo el clima redefine el mapa productivo campaña tras campaña. Mientras el girasol capitaliza ventanas climáticas favorables y sorprende con rindes elevados, la soja y el maíz quedan más expuestos a la variabilidad de las precipitaciones en momentos críticos. Para los productores, esta dinámica exige ajustes permanentes en las estrategias de manejo, desde fechas de siembra hasta decisiones de cosecha anticipada o cambios de destino del grano.
En términos macro, el desempeño de estos cultivos resulta clave para el ingreso de divisas, el nivel de actividad en las economías regionales y la planificación comercial del país. La soja continúa siendo el principal generador de exportaciones, pero su resultado final aún está abierto. El maíz, pese al recorte, mantiene un volumen relevante, aunque con mayor incertidumbre en algunas zonas. El girasol, por su parte, gana protagonismo y diversifica la oferta agrícola.
De cara a las próximas semanas, el foco estará puesto en la evolución de las lluvias. Un escenario con precipitaciones regulares permitiría estabilizar los rindes de soja y sostener el llenado de granos en maíz y girasol. En cambio, si persiste la falta de agua, podrían registrarse nuevos ajustes productivos, especialmente en los cultivos que ya ingresaron en fases irreversibles de su ciclo.
Así, con la siembra concluida y la cosecha en marcha para algunos planteos, la campaña 2025/26 entra en su tramo decisivo. El resultado final dependerá menos de la superficie implantada y más de un factor que vuelve a ser central en la agricultura argentina: el clima.