Portugal eligió este domingo a su próximo presidente y lo hizo con una señal clara de continuidad política e institucional. El socialista António José Seguro se impuso con amplitud en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, celebradas el 9 de febrero, al obtener más del 66% de los votos, frente a menos del 34% alcanzado por su rival, el dirigente de ultraderecha André Ventura. El resultado es relevante por el margen de la victoria y por el freno que supone al avance de fuerzas antisistema en el país.
Aunque la presidencia portuguesa tiene atribuciones limitadas y un rol principalmente moderador, el desenlace electoral tuvo un fuerte contenido político. Una eventual victoria de Ventura habría implicado un giro inédito, con un presidente dispuesto a ampliar al máximo los márgenes de intervención de una figura tradicionalmente institucional. Ese escenario actuó como factor de movilización para amplios sectores del electorado.
El desempeño de Ventura en la primera vuelta, donde había logrado el 23,52% de los sufragios, encendió alertas tanto en la izquierda como en el centroderecha. En el balotaje, votantes de distintos espacios confluyeron detrás de Seguro con el objetivo de bloquear el avance del partido Chega y su discurso de ruptura.

Consciente de ese contexto, Seguro encaró la campaña con un perfil bajo en lo ideológico. Alejado de la primera línea política durante la última década, evitó presentarse como un dirigente partidario clásico y optó por una estrategia “suprapartidaria”, centrada en el consenso y la estabilidad institucional. Esa postura le permitió ampliar su base de apoyo, especialmente entre votantes moderados que no tenían una opción propia en la segunda vuelta.
El escrutinio confirmó la amplitud del respaldo. Aun con condiciones climáticas adversas provocadas por el temporal Marta, que afectó la participación en algunas regiones, Seguro logró reunir más de 3,4 millones de votos, la cifra más alta alcanzada por un candidato presidencial desde el restablecimiento de la democracia. La diferencia final rondó el millón y medio de votos.
La victoria fue especialmente sólida en distritos clave como Lisboa y Oporto, donde el socialista se impuso con márgenes amplios. Ventura reconoció la derrota pocas horas después del cierre de los comicios, aunque su candidatura presidencial también funcionó como plataforma para consolidar su liderazgo dentro de la derecha portuguesa y proyectarse hacia las elecciones generales previstas para 2029.

Con este resultado, Portugal inicia una nueva etapa política con el sexto presidente desde la restauración democrática, tras la caída de la dictadura salazarista en 1974. La llegada de Seguro al Palacio de Belém refuerza la apuesta por la estabilidad institucional en un contexto europeo marcado por el avance de fuerzas extremas y la fragmentación política.