En el norte de San Luis, en el pueblo de San Francisco del Monte de Oro, ocurrió en 1826 un hecho clave para la historia argentina: allí Domingo Faustino Sarmiento, con apenas 15 años, fundó su primera escuela por impulso de su tío, el fraile José de Oro. El episodio, que marcó el inicio de una vocación decisiva para el desarrollo de la educación pública en el país, convirtió a esta pequeña localidad serrana en un punto de referencia histórica que hoy combina patrimonio, cultura y turismo.
El pueblo se encuentra rodeado de sierras, ríos y monte nativo, un entorno natural que favorece el descanso y las actividades al aire libre. Sin embargo, su relevancia excede el atractivo paisajístico: el antiguo edificio donde funcionó aquella primera escuela se transformó con el tiempo en uno de los espacios históricos más significativos de la provincia.
El hecho se remonta a 1826, cuando José de Oro y su sobrino Sarmiento llegaron a la villa. Allí, el joven maestro inició la enseñanza con siete alumnos que, en algunos casos, eran mayores que él. La escena quedó asociada al origen de una trayectoria que años después impactaría en la organización del sistema educativo argentino.

La construcción donde se dictaron esas primeras clases era modesta: muros de adobe, techo de paja y barro sostenido por vigas de madera, y un corredor formado por la prolongación del alero apoyado en troncos. Con el paso de las décadas, ese espacio fue preservado como símbolo del nacimiento de una idea que luego se expandiría a escala nacional.
Hoy el sitio es conocido como el Solar Histórico “Primera Escuela de Sarmiento”, declarado Monumento Histórico Nacional en 1941. En 1957 se levantó un templete de hormigón para resguardar la estructura original. El predio incluye un patio de actos, un mástil, una estatua de Sarmiento y una biblioteca-museo que conserva libros antiguos y objetos vinculados con su legado.
Cada 11 de septiembre, en el Día del Maestro, el Solar se convierte en el centro de las actividades conmemorativas. Actos oficiales, expresiones culturales y homenajes refuerzan el vínculo entre el pueblo y la figura del llamado “Maestro de América”. La fecha atrae visitantes y reafirma la identidad histórica de la localidad.
Las visitas guiadas permiten recorrer el lugar y comprender el contexto en el que surgió aquella primera experiencia educativa. Los guías locales explican el impacto que tuvo ese episodio en la formación de un proyecto de país que colocó a la educación como herramienta de transformación social.

Más allá del valor histórico, San Francisco del Monte de Oro sostiene una agenda turística activa. El dique Las Palmeras ofrece pesca deportiva durante todo el año. También se desarrollan actividades como cabalgatas, trekking serrano y propuestas culturales que complementan el atractivo patrimonial.
Con una escala urbana pequeña y un ritmo de vida tranquilo, el pueblo se consolidó como un destino que articula naturaleza e historia. La preservación del Solar Histórico y la continuidad de las celebraciones educativas refuerzan su lugar como punto de origen de una vocación que marcaría la política educativa argentina.
En ese equilibrio entre pasado y presente, San Francisco del Monte de Oro mantiene vigente un episodio que trascendió sus límites geográficos y lo proyectó a la historia nacional.