El Gobierno argentino oficializó este martes una inversión inicial de US$7.000 millones para impulsar el megaproyecto minero Vicuña —que unifica los yacimientos Josemaría y Filo del Sol en la provincia de San Juan— en lo que constituye la mayor inversión extranjera directa en la historia del país, según informaron fuentes oficiales. El anuncio se realizó tras una reunión en la Casa Rosada entre el presidente Javier Milei y ejecutivos de Vicuña Corp., encabezados por el CEO Ron Hochstein y el country director José Morea.
El plan contempla una vida útil de al menos 25 años, con una inversión total que podría ascender a US$18.000 millones cuando se completen las etapas operativas y de expansión. Se espera que el proyecto produzca en promedio 395.000 toneladas de cobre, 711.000 onzas de oro y 22,2 millones de onzas de plata por año durante su fase plena de desarrollo.
Desde la Casa Rosada, el Gobierno destacó la magnitud de la apuesta y su impacto potencial sobre las exportaciones, la generación de divisas y el empleo en regiones tradicionalmente rezagadas en materia de inversión productiva.

La confirmación de este desembolso se enmarca en un renovado impulso al sector minero que, hasta hace pocos años, no había logrado consolidarse como un motor estructural de la economía argentina. El megaproyecto Vicuña, desarrollado por las multinacionales BHP y Lundin Mining, se suma a otros esfuerzos recientes para reactivar y diversificar la producción de minerales metálicos, con especial atención al cobre, un insumo estratégico para la transición energética global.
El presidente Milei calificó el avance como “un hito para la inserción internacional de Argentina en un mercado de alta tecnología y valor agregado”, vinculando la iniciativa con el potencial del país para atraer inversiones de largo plazo en sectores intensivos en capital y tecnología.
Por su parte, los directivos de Vicuña Corp. señalaron que la confirmación de este paquete inversor refleja confianza en los marcos regulatorios y en la estabilidad macroeconómica relativa alcanzada tras la implementación de incentivos específicos para grandes inversiones.
Analistas empresariales y consultoras especializadas atribuyen el reciente interés de grandes firmas mineras en Argentina a dos factores clave. El primero es el crecimiento sostenido de la demanda mundial de cobre, impulsada por las necesidades de electrificación, energías renovables y movilidad eléctrica. La cotización internacional del metal rojo se mantiene en niveles históricamente altos, con picos recientes alrededor de US$6,03 por libra y un promedio en torno a US$5,82, cifras que estimulan la ejecución de proyectos de gran escala.
El segundo factor es la puesta en marcha del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), que oferta reducciones impositivas y mayores garantías cambiarias a proyectos considerados estratégicos para la economía nacional. Este marco, diseñado para atraer capital foráneo, se percibe como una herramienta crucial para revertir décadas de escasa actividad en la minería metálica.
Según la consultora Invecq, mientras países vecinos como Chile y Perú desarrollaron buena parte de su estabilidad macroeconómica gracias al cobre, Argentina quedó prácticamente al margen por mucho tiempo. El nuevo escenario, con mejores condiciones para la inversión, intenta corregir esa tendencia estructural.

Además del proyecto Vicuña, el sector minero argentino está registrando otras iniciativas de relevancia que, en conjunto, podrían movilizar inversiones por más de US$10.000 millones en los próximos tres años.
Entre estas se destaca la reactivación de Bajo de la Alumbrera, en Catamarca, impulsada por Glencore, que retoma operaciones tras años de inactividad. Asimismo, la habilitación de la minería de cobre en la provincia de Mendoza —tras una prohibición que estuvo vigente durante 25 años— representa una apertura significativa para el desarrollo del sector en la región cuyana.
Otro proyecto en marcha es MARA, que busca integrar los depósitos de Bajo de la Alumbrera y Agua Rica con una inversión estimada en US$4.500 millones para ser ejecutado entre 2028 y 2031.
El denominado proyecto El Pachón, también en San Juan, podría atraer hasta US$9.000 millones, aunque su avance está condicionado por la discusión en torno a la ley de Glaciares, que define los alcances de la protección de glaciares y geoformas periglaciares en territorio provincial y nacional.
Especialistas del sector subrayan que, de consolidarse, la expansión minera podría generar un impacto económico comparable al de los principales complejos productivos del país. Actualmente, la minería representa menos del 1% del Producto Bruto Interno, aunque las exportaciones mineras alcanzaron un récord de US$6.037 millones en 2025 —un incremento del 70% respecto a 2015— y equivalen a casi el 7% de las ventas externas argentinas, según datos oficiales.
En comparación, Chile, líder regional en producción de cobre, registró exportaciones por US$55.188 millones en 2025, mientras Perú alcanzó US$27.223 millones. La concreción de proyectos como Vicuña, MARA, El Pachón y otros emergentes como Los Azules (de McEwen Inc.) y Taca Taca (de First Quantum Minerals) podría posicionar a Argentina como un actor más relevante en el mercado global de metales.
Si bien la expansión minera suscita expectativas de crecimiento y generación de divisas, también plantea desafíos de gestión ambiental, diálogo con comunidades locales y articulación de políticas públicas que aseguren beneficios compartidos. La discusión sobre la protección de glaciares y la regulación ambiental será un elemento central en la maduración de estos proyectos.
Consultores y expertos coinciden en que el desarrollo sostenido del sector requerirá no solo condiciones macroeconómicas favorables y marcos regulatorios estables, sino también prácticas operativas que integren estándares internacionales en materia de sustentabilidad y responsabilidad social.
No obstante, con la confirmación de inversiones multimillonarias y un contexto global demandante de recursos estratégicos, Argentina busca recuperar protagonismo en la minería mundial, capitalizando los vientos de una transición energética que exige más cobre, oro y plata, al tiempo que sienta las bases para un sector con alto potencial de crecimiento económico y generación de divisas a mediano y largo plazo.Según informó La Nación.