El sector agropecuario y forestal argentino multiplicó por diez sus proyectos certificados de carbono en apenas tres años y superó el millón de hectáreas incorporadas al mercado internacional, según datos difundidos por la Mesa Argentina de Carbono (MAC) y publicados por ArgentinaForestal.com. El crecimiento, registrado desde la creación de la entidad en 2022 hasta febrero de 2026, marca un punto de inflexión en la inserción del país en los mercados globales de créditos de carbono, con impacto directo en la generación de ingresos complementarios para el agro y en la atracción de inversiones.
De acuerdo con la información oficial, Argentina cuenta actualmente con diez iniciativas validadas bajo estándares internacionales, entre ellos Verra, Cercarbono y el Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL). En conjunto, los proyectos abarcan más de un millón de hectáreas, una superficie equivalente a casi 50 veces la Ciudad de Buenos Aires.
“El aumento de proyectos certificados demuestra que el sector agropecuario y forestal del país está viendo al mercado de carbono como un mecanismo que complementa la producción sustentable mediante ingresos económicos adicionales. Cada nueva validación internacional confirma que Argentina puede ofrecer créditos de carbono competitivos y de alto impacto al mundo”, afirmó Juan Pedro Cano, coordinador de la Mesa Argentina de Carbono, según consignó ArgentinaForestal.com.
La expansión del mercado voluntario de carbono consolidó una tendencia: el carbono dejó de ser un experimento piloto para convertirse en una herramienta económica concreta. En particular, el sector forestal comenzó a integrar la venta de créditos como ingreso complementario a la producción tradicional de madera, sin desplazarla.
La escala alcanzada resulta determinante para atraer compradores institucionales, que demandan volúmenes significativos y estándares de alta integridad ambiental. La existencia de múltiples proyectos certificados permite generar referencias de calidad y facilita el acceso a financiamiento.
El desarrollo también posiciona al país frente a los nuevos instrumentos internacionales vinculados al Artículo 6 del Acuerdo de París, que promueve mecanismos de cooperación para la reducción de emisiones entre Estados.
Especialistas del sector estiman que, si Argentina consolida un marco regulatorio previsible y habilita plenamente la comercialización hacia mercados externos, los valores de los créditos podrían ubicarse entre tres y cinco veces por encima de los precios locales.
“El mundo necesita créditos de carbono confiables y Argentina está comprobando que tiene recursos naturales, conocimiento y empresas capaces de proveerlos. El desafío ahora es generar las condiciones para escalar”, sostuvo Cano.
Pedro Cano
Una parte significativa de los proyectos certificados se concentra en ganadería regenerativa y manejo de pastizales, orientados a capturar carbono en suelos.
Entre ellos se encuentra el Proyecto SARA, impulsado por Ruuts junto a Ovis XXI y Anthesis Group, que promueve la transición de sistemas ganaderos convencionales hacia modelos regenerativos en Argentina, Chile y Paraguay, con foco en más de 400.000 hectáreas.
También se destaca el programa Patagonia Región Improved Grazing – POA, desarrollado por Ruuts junto a Native y Ovis 21, que se convirtió en el primer programa argentino de carbono en pastizales registrado por Verra. La iniciativa busca revertir procesos de desertificación y mejorar la salud del suelo en 500.000 hectáreas de la estepa patagónica.
Otro antecedente relevante es el proyecto Grassland Restoration in the Temperate Grasslands of South America, llevado adelante por Boomitra junto a Aves Argentinas y Campo21, que interviene casi 30.000 hectáreas en regiones pampeanas, chaqueñas y litoraleñas.
Estas experiencias reflejan una tendencia global: la valorización del carbono almacenado en suelos y ecosistemas naturales como herramienta para mitigar el cambio climático y diversificar ingresos rurales.

El crecimiento del mercado también incluye iniciativas de conservación y restauración de bosques nativos, así como proyectos de forestación mixta.
En la provincia de Salta, el Proyecto REDD+ Gran Chaco, impulsado por Vista Energy, conserva cerca de 5.000 hectáreas de monte chaqueño desde 2022, evitando la deforestación y fortaleciendo el desarrollo local.
En Misiones, el proyecto Selva Paranaense Vida Nativa, liderado por Nideport, abarca más de 22.800 hectáreas de bosque atlántico y cuenta con reconocimiento CCB Gold de Verra por su impacto social y ambiental.
La forestación comercial también suma antecedentes de larga data. El proyecto Santo Domingo, desarrollado por GMF Latinoamericana y Novartis en Corrientes, acumula más de 15 años de implementación en 3.400 hectáreas y fue pionero en el mercado argentino.
A su vez, UNITAN impulsa plantaciones forestales en antiguas tierras ganaderas de Chaco y Formosa, mientras que Cambium Earth junto a Pomera Maderas desarrolla proyectos de forestación mixta en Corrientes y en la provincia de Buenos Aires, integrando producción ganadera y captura de carbono.
En el noreste argentino, Vista lidera además un esquema de forestación con especies nativas y exóticas en tierras degradadas de Salta, superando las 3.300 hectáreas.

Con nuevos desarrollos en evaluación, la MAC anticipa que el número de proyectos podría triplicarse en el corto plazo. De concretarse, el mercado de carbono argentino se consolidaría como un nuevo vector de inversión productiva y generación de divisas.
No obstante, el crecimiento dependerá de la evolución del marco normativo, la transparencia en la medición y verificación de emisiones y la capacidad de escalar iniciativas manteniendo estándares internacionales.
El dato central es que el sector agroforestal comenzó a incorporar el carbono como parte de su estrategia empresarial. Más allá de los desafíos regulatorios, el salto de uno a diez proyectos certificados en tres años refleja un cambio estructural: el carbono pasó de promesa ambiental a activo económico con impacto territorial.