El banco de inversión J.P. Morgan afirmó, en un informe difundido a inversores en Argentina, que las acciones de los bancos locales podrían estar cerca de un punto de inflexión tras un inicio de año adverso en el mercado. La entidad considera que el sector financiero se está “posicionando para una recuperación de varios años” y sostiene que las caídas recientes representan una oportunidad de entrada ante valuaciones históricamente atractivas y la expectativa de una mejora gradual de la rentabilidad hacia 2026.
El diagnóstico se da en un contexto en el que las acciones bancarias argentinas acumulan en lo que va del año un desempeño inferior al de sus pares regionales y también frente a otros activos domésticos, como los bonos soberanos a 10 años e incluso el peso. Para el banco estadounidense, parte de ese rezago bursátil se explica por factores técnicos más que por fundamentos estructurales.
En particular, el informe señala que la ausencia del país en los índices de MSCI limita el ingreso de flujos pasivos hacia las acciones locales, lo que reduce la demanda estructural por estos papeles y amplifica la volatilidad. Aun así, la entidad entiende que los precios actuales ya reflejan buena parte de los riesgos.

Según el relevamiento, Grupo Financiero Galicia y Banco Macro cotizan actualmente en torno a 1,5 y 1,6 veces su valor libro, respectivamente. Esos múltiplos se ubican por debajo de los niveles observados en otros momentos de expansión del crédito y de mejora macroeconómica.
Para J.P. Morgan, si el retorno sobre el patrimonio (ROE) logra normalizarse y el riesgo país continúa descendiendo —medido por el EMBI Argentina— las acciones podrían volver a negociar en un rango de entre 2,0 y 2,5 veces valor libro. En ese escenario, fija un precio objetivo a diciembre de 2026 de US$120 para Macro y de US$72 para Galicia, con recomendación de sobreponderar en ambos casos. En contraste, adopta una postura neutral sobre Banco SupervielleLa proyección contempla una recuperación progresiva de la rentabilidad. Tras un período de resultados deprimidos, el banco estima que los ROE podrían escalar hacia niveles de un dígito alto o incluso de “teens” medios a lo largo del próximo año. En la experiencia reciente del sistema financiero argentino, el paso de resultados muy negativos a simplemente débiles fue suficiente para impulsar revalorizaciones bursátiles.

El informe advierte que el tramo final de 2025 seguirá siendo exigente para el sector. La morosidad, en especial en préstamos al consumo y tarjetas de crédito, mostró un deterioro hacia fines del año pasado, de acuerdo con datos oficiales citados por la entidad.
Las estimaciones del banco indican que el nivel de préstamos en mora podría alcanzar un pico entre fines de 2025 y comienzos de 2026, antes de iniciar una trayectoria descendente. Si bien reconoce que anticipar el punto máximo del deterioro crediticio implica riesgos, el escenario base contempla una mejora gradual durante 2026.
Uno de los factores que podría contribuir a la recuperación es la evolución de las tasas de interés. Luego de superar el 60% anual en episodios de tensión electoral, las tasas de corto plazo se moderaron hacia la zona del 30%, lo que podría aliviar el costo de fondeo y favorecer la recomposición de márgenes.
El reporte también menciona cambios regulatorios del Banco Central que flexibilizan parcialmente los encajes y habilitan un mayor uso de ciertos activos para cumplir con exigencias de liquidez. Aunque el esquema continúa siendo exigente, la entidad interpreta estas medidas como un giro hacia una postura más compatible con la rentabilidad bancaria y la expansión del crédito.

Más allá del ciclo inmediato, la tesis central del informe descansa en el bajo nivel de penetración financiera de la economía argentina. El ratio de préstamos sobre PBI ronda el 14%, muy por debajo de los registros de fines de los años 90 y principios de los 2000 —cuando oscilaba entre 22% y 24%— y también lejos de los estándares regionales.
Para el banco de inversión, si el entorno macroeconómico se estabiliza y la inflación mantiene una tendencia descendente, el país podría atravesar varios años de expansión crediticia. Tras el desplome de 2023, el crédito mostró signos de recuperación en 2024 y 2025, aunque a un ritmo moderado. El desafío será sostener esa dinámica mediante el fortalecimiento del fondeo en pesos y la generación orgánica de capital.
Entre los factores que podrían acelerar ese proceso, el informe destaca la reforma laboral impulsada por el Gobierno. Si la iniciativa logra reducir la informalidad laboral —estimada en torno al 45% de la fuerza laboral— y formalizar entre 5% y 25% de esos trabajadores, el volumen de préstamos al consumo podría incrementarse entre 4% y 19%, según los cálculos de la entidad.
Una mayor formalización implicaría más cuentas sueldo, mayor estabilidad en los depósitos y nuevas oportunidades de venta cruzada, además de un aumento en el uso de tarjetas y servicios financieros.
El escenario proyectado no está exento de riesgos macroeconómicos y políticos. Un deterioro institucional, demoras en la salida de los controles cambiarios o una recuperación del crédito más lenta de lo previsto podrían afectar la tesis de inversión. También persiste la sensibilidad del sistema financiero a los vaivenes económicos, una constante en la historia reciente del país.
Con todo, el mensaje central del informe es que, tras años marcados por volatilidad y crisis recurrentes, el sistema financiero argentino podría estar ante el inicio de un ciclo más prolongado de normalización. En ese marco, y con valuaciones que el banco considera deprimidas, las actuales correcciones aparecen, para los inversores dispuestos a asumir riesgo, como una ventana de oportunidad de cara a 2026, según destacó Forbes.