El maíz de baja estatura, que gana superficie en Estados Unidos, exige revisar las estrategias de fertilización nitrogenada debido a su arquitectura radicular, mayor eficiencia de uso de nutrientes y respuesta a aplicaciones fraccionadas. Así lo expone una nota publicada por el medio especializado TodoAgro el 20 de febrero de 2026, en base a información de AgWeb, donde se analizan investigaciones presentadas por el agrónomo Jeff Coulter, de la University of Minnesota.
El planteo surge en un contexto en el que estos híbridos, que suelen medir alrededor de dos metros —frente a los 2,7 a 3,6 metros del maíz convencional—, comenzaron a salir de los lotes experimentales para implantarse en superficies comerciales. Si bien en un primer momento el foco estuvo puesto en su mayor resistencia al vuelco por viento, la discusión técnica se desplazó hacia la forma en que estas plantas absorben y utilizan el nitrógeno (N) y otros nutrientes.
Coulter advirtió que la menor altura no implica menor demanda nutricional. Por el contrario, los datos disponibles muestran cambios en la dinámica de absorción y partición del nitrógeno que obligan a ajustar el manejo.
Según la publicación de TodoAgro, investigaciones de la Purdue University indican que los híbridos de baja estatura presentan sistemas radiculares más desarrollados. “Un estudio descubrió que los híbridos de estatura baja tenían entre un 35% y un 42% más de biomasa radicular total y un sistema radicular más profundo que los híbridos de estatura estándar”, señaló Coulter, citado por AgWeb.
Ese mayor volumen de raíces amplía la capacidad de exploración del suelo y mejora la captación de agua y nutrientes durante el ciclo del cultivo. Desde el punto de vista agronómico, esta característica modifica la lógica tradicional de provisión de fertilizantes.
Entre los hallazgos destacados se encuentra un índice de cosecha de nitrógeno 3,5 % superior, lo que implica que una mayor proporción del N absorbido termina en el grano y no en tallos u hojas. Además, los híbridos de baja estatura mostraron una absorción total de nitrógeno sobre el suelo 20 % mayor desde la aparición de los estigmas hasta la madurez, en comparación con materiales tradicionales.
La investigación también reporta una eficiencia de recuperación del fertilizante nitrogenado 18,5 % más alta. “Una mayor absorción de nitrógeno significa que se perderá potencialmente menos nitrógeno residual en el suelo”, afirmó Coulter en declaraciones recogidas por AgWeb. Esa mejora en la eficiencia podría traducirse en menor lixiviación de nitratos y un impacto ambiental reducido.
Ensayos realizados en Illinois e Indiana mostraron que los híbridos de baja estatura responden de manera consistente a aplicaciones divididas de nitrógeno. De acuerdo con la información difundida por TodoAgro, dividir la dosis —con una aplicación inicial y otra en el estadio V6— incrementó el rendimiento en el 60 % de los ensayos evaluados.
Cuando la segunda aplicación se retrasó hasta V12, la respuesta fue menos consistente y solo mostró beneficios en una cuarta parte de los casos. Para los productores del Medio Oeste estadounidense, la estrategia recomendada combina una dosis base al momento de la siembra con una aplicación significativa en torno al estadio V6.
Coulter remarcó que la decisión sobre la dosis total no debe basarse en la altura de la planta. La demanda depende de la población y el rendimiento objetivo. Dado que estos híbridos suelen implantarse con densidades más altas —entre 40.000 y 50.000 plantas por acre—, las necesidades totales de nitrógeno, fósforo y potasio pueden ser similares o incluso superiores a las de sistemas convencionales.
Entre las pautas sugeridas por el especialista se destacan tres lineamientos: mantener las dosis de nitrógeno en niveles completos, priorizar aplicaciones en torno a V6 y realizar ensayos en franjas dentro de los propios lotes para comparar tasas y momentos de aplicación.
El desarrollo del maíz de baja estatura se encuentra aún en una etapa inicial y requiere mayor validación en distintas condiciones de suelo, espaciamiento y densidad. Las investigaciones futuras apuntan a definir con mayor precisión las dosis óptimas de nitrógeno y la interacción con fósforo y potasio en esta nueva arquitectura de cultivo.
Mientras tanto, los datos disponibles sugieren que estos híbridos ofrecen una combinación de potencial de rendimiento, estabilidad estructural y eficiencia en el uso de nutrientes, pero exigen una planificación agronómica acorde. El desafío para los productores será ajustar la estrategia de fertilización para aprovechar las ventajas sin comprometer productividad ni sustentabilidad.