La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) planteó la necesidad de impulsar una transformación profunda en la pesca y la acuicultura para poder responder al crecimiento sostenido de la demanda mundial de alimentos. La propuesta fue presentada durante el Foro PescAR 2026, donde el organismo expuso el enfoque denominado “Transformación Azul”, una estrategia orientada a fortalecer la sostenibilidad de los sistemas alimentarios acuáticos y garantizar la disponibilidad de recursos marinos en el largo plazo. La información fue difundida por el medio especializado Pescare.
La iniciativa fue explicada por Alicia Medina, quien señaló que la Transformación Azul constituye una hoja de ruta estratégica para avanzar hacia sistemas de producción acuática más sostenibles, resilientes e inclusivos.
Durante su exposición, la especialista indicó que el concepto forma parte del Marco Estratégico 2022-2030 de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y busca fortalecer el aporte de la pesca y la acuicultura a la seguridad alimentaria, la nutrición y el desarrollo económico en distintas regiones del mundo.
El planteo surge en un contexto global marcado por el crecimiento de la población y por una mayor demanda de proteínas de origen acuático, un fenómeno que obliga a replantear la forma en que se gestionan los recursos marinos.
Según datos presentados por la FAO, la producción mundial de animales acuáticos alcanzó en 2022 un total de 185,4 millones de toneladas, un volumen que refleja la expansión sostenida del sector durante las últimas décadas.
Dentro de ese total, la acuicultura ha incrementado de manera constante su participación en la oferta global de alimentos, mientras que la pesca extractiva mantiene un papel clave en el abastecimiento de productos marinos.
El impacto del sector también se observa en su dimensión social. En América Latina y el Caribe, más de 2,2 millones de personas trabajan directamente en actividades vinculadas a la pesca y la acuicultura, mientras que alrededor de 85 millones dependen de los recursos acuáticos para su seguridad alimentaria y nutricional.
Ante este escenario, la FAO advierte que los sistemas de producción acuática deberán adaptarse para responder a las necesidades futuras sin comprometer la salud de los ecosistemas marinos.
De acuerdo con las proyecciones del organismo internacional, para mantener el consumo per cápita actual de productos acuáticos hacia 2050, los países de la región deberán incrementar su producción en un 23 %.
Lograr ese objetivo implicará avanzar en mejoras en la gestión pesquera, en la recopilación de datos científicos, en la incorporación de innovación tecnológica y en el fortalecimiento de los marcos regulatorios.
En este sentido, la FAO considera que el futuro de la actividad dependerá cada vez más de sistemas de manejo basados en evidencia científica, así como del fortalecimiento institucional de las autoridades responsables de regular el sector.
La estrategia de Transformación Azul se organiza alrededor de tres grandes ejes de acción, orientados a mejorar la sostenibilidad y eficiencia de los sistemas alimentarios acuáticos.
El primero se centra en promover una acuicultura sostenible, mediante la expansión responsable de la producción, el fortalecimiento de los sistemas de bioseguridad y el uso adecuado de los recursos genéticos.
El segundo eje apunta a fortalecer la gestión de las pesquerías, con herramientas que permitan mejorar la evaluación de las poblaciones de peces, ampliar los sistemas de información y desarrollar estrategias de adaptación frente al cambio climático.
El tercer componente de la estrategia busca optimizar las cadenas de valor del sector, incorporando innovación tecnológica en flotas, puertos y sistemas logísticos, además de promover prácticas laborales responsables y una mayor integración con políticas de desarrollo territorial.
Según explicó Medina durante el encuentro, estos tres pilares permiten avanzar hacia un modelo productivo capaz de aumentar la producción sin deteriorar los ecosistemas marinos, un aspecto considerado fundamental para garantizar la sostenibilidad del sector.
En el caso de Argentina, la FAO participa en distintos proyectos orientados a fortalecer la gestión pesquera basada en el enfoque ecosistémico, así como en iniciativas destinadas a mejorar los marcos regulatorios y proteger la biodiversidad marina.
Entre las acciones que se desarrollan en el país se incluyen programas vinculados al fortalecimiento de la gobernanza del sector pesquero y el impulso de estrategias como la de Puertos Azules, orientada a promover prácticas portuarias más sostenibles desde el punto de vista ambiental.
“La Transformación Azul es necesaria para garantizar que los sistemas alimentarios acuáticos sean más eficientes, inclusivos, resilientes y sostenibles”, sostuvo Medina durante su presentación en el foro.
La especialista remarcó que la implementación de esta estrategia requiere compromiso político, inversión financiera y cooperación entre los distintos actores del sector, incluyendo gobiernos, empresas, organizaciones científicas y comunidades pesqueras.
De acuerdo con la FAO, el desafío que enfrenta el sector pesquero global no consiste únicamente en incrementar la producción, sino en garantizar que el aprovechamiento de los recursos acuáticos se realice de manera responsable y sustentable.
En un escenario internacional marcado por la presión sobre los recursos naturales y por el crecimiento de la población mundial, la pesca y la acuicultura aparecen como componentes fundamentales para la seguridad alimentaria del futuro.
Para los especialistas del organismo, avanzar en la Transformación Azul permitirá combinar desarrollo productivo, sostenibilidad ambiental e inclusión social, tres factores que resultan determinantes para el futuro de los sistemas alimentarios acuáticos.