La pesca europea enfrenta un nuevo escenario operativo tras la escalada del conflicto en Medio Oriente, que en las últimas semanas impulsó el precio del combustible, alteró circuitos logísticos internacionales y generó demoras en el recambio de tripulaciones. Frente a este contexto, el sector comenzó a evaluar medidas de adaptación y alternativas para sostener la actividad, especialmente en la flota de larga distancia.
El impacto se originó en las tensiones geopolíticas que afectan al estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores del comercio energético mundial. Las restricciones y la incertidumbre sobre el tránsito de petróleo y gas provocaron una reacción inmediata en los mercados energéticos, con un aumento del diésel que repercutió directamente en la industria pesquera.
Datos del sector muestran que el precio del combustible registró subas de hasta 72% en apenas una semana. Durante los primeros meses del año el valor promedio se ubicaba en 0,53 euros por litro, pero llegó a 1,10 euros en puertos de Irlanda, mientras que en Vigo, España, alcanzó los 0,99 euros por litro antes de mostrar una leve corrección.
Para muchas embarcaciones, el umbral del euro por litro representa un punto clave dentro de la estructura de costos de cada marea, ya que el combustible es uno de los principales insumos de la actividad.
“Muchas mareas de la semana pasada ya dejaron pérdidas”, señaló Javier Garat, secretario general de Cepesca y presidente de Europêche, al referirse al impacto inmediato del aumento del combustible en la actividad.

El impacto resulta más intenso en los buques que realizan campañas prolongadas y que cargan combustible en alta mar. En algunos casos, el precio del diésel alcanzó 1,23 dólares por litro, lo que obliga a las empresas a revisar sus estrategias operativas.
Con tanques que pueden superar los 300.000 litros, el abastecimiento representa una inversión significativa para los armadores. Ante este escenario, algunas compañías comenzaron a evaluar ajustes en sus planes de salida, optimizar el consumo de combustible o reorganizar sus calendarios de pesca.
Además del costo energético, el sector enfrenta desafíos vinculados al recambio de tripulaciones, un proceso esencial para las flotas que operan en distintos océanos.
Las dificultades surgieron a partir de la reducción de vuelos en aeropuertos estratégicos del Golfo, como Doha y Dubái, nodos que conectan a Europa con rutas hacia Asia y África. La cancelación de vuelos obligó a reorganizar itinerarios y buscar rutas alternativas para trasladar a los tripulantes.
Juana Parada, gerente de la Organización de Palangreros Guardeses, explicó que algunos relevos previstos debieron reprogramarse tras cancelaciones de vuelos, lo que también elevó los costos de traslado.
El precio de los pasajes reflejó el impacto de la situación. Tickets que tradicionalmente costaban alrededor de 3.000 euros llegaron a ubicarse cerca de 8.000 euros por tripulante, lo que incrementa los costos operativos de las empresas.

El conflicto también comenzó a influir en la cadena logística internacional, con modificaciones en rutas marítimas y aéreas que afectan el comercio de productos pesqueros.
Las alteraciones en el transporte generaron demoras en algunos envíos hacia mercados externos. Empresas del sector reportaron interrupciones temporales en exportaciones de atún rojo hacia Asia, lo que refleja las dificultades que atraviesa la cadena comercial.
En paralelo, varias navieras comenzaron a ajustar sus rutas por motivos de seguridad. Los tránsitos hacia el mar Rojo y el canal de Suez enfrentan mayores restricciones, lo que obliga a algunos cargueros a optar por trayectos más largos.
Estos desvíos incrementan los tiempos de tránsito y los costos logísticos, lo que repercute tanto en el abastecimiento de insumos para la flota como en la distribución internacional de las capturas.

Frente a este escenario, las organizaciones del sector pesquero europeo iniciaron gestiones ante autoridades nacionales y comunitarias para analizar mecanismos de apoyo y medidas de acompañamiento.
Entre las propuestas se plantea la implementación de esquemas de asistencia similares a los aplicados durante la pandemia o durante la crisis energética vinculada a la guerra en Ucrania. El sector también propone que cualquier ayuda se otorgue por buque individual y no por empresa, con el objetivo de garantizar una distribución equitativa.
Mientras la situación internacional continúa evolucionando, la industria pesquera europea busca adaptarse a un contexto global más exigente. El desafío pasa por sostener la actividad, preservar el empleo y mantener la competitividad en un escenario donde los factores energéticos y logísticos adquieren un peso cada vez mayor.