La Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro) presentó este jueves en Expoagro 2026 una nueva edición del “semáforo de economías regionales”, un indicador que mide la situación de 19 actividades productivas del país. El reporte, elaborado con datos de enero y difundido en la muestra agroindustrial, evidenció un escenario más complejo que el del mes anterior: la producción lechera y la manisera pasaron de amarillo a rojo, lo que refleja un deterioro en la rentabilidad y en las condiciones de negocio de esos sectores.
La presentación fue encabezada por el presidente de Coninagro, Lucas Magnano, acompañado por el secretario de la entidad, Mario Raiteri, y el economista David Miazzo, quien participó en la elaboración del informe. También estuvieron presentes funcionarios provinciales vinculados al área productiva, entre ellos Sergio Busso, ministro de Bioagroindustria de Córdoba; Guillermo Bernaudo, ministro de Desarrollo Económico de Entre Ríos; Javier Rodríguez, ministro de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires; y Ignacio Mántaras, secretario de Agricultura y Ganadería de Santa Fe.

Durante la exposición ante los medios en el auditorio de prensa de la feria, Magnano explicó que el semáforo permite observar la situación de cada actividad a partir de tres componentes: negocio, producción y mercado. El primero evalúa la relación entre precios y costos; el segundo analiza variables como área sembrada o stock y niveles de producción; y el tercero observa la dinámica de exportaciones, importaciones y consumo interno.

Magnano le entregó una placa a las autoridades de Expoagro por los 20 años de la muestra. (Foto: Coninagro)
El Informe correspondiente a enero de 2026 mostró que cuatro actividades se ubicaron en verde, siete en amarillo y ocho en rojo, un resultado que implica un retroceso respecto del mes anterior. En la zona crítica permanecen sectores como yerba mate, arroz, papa, vino y mosto, hortalizas y algodón, a los que ahora se suman leche y maní.

Según detalló la entidad, el principal problema en la mayoría de los sectores en rojo se vincula con el deterioro del componente de negocio. En muchos casos, los precios que reciben los productores crecieron por debajo de la inflación o permanecieron prácticamente estancados, mientras que los costos operativos siguieron aumentando. Esta brecha termina afectando la rentabilidad y dificulta la recuperación de las actividades.
En contraste, el informe identificó cuatro sectores con indicadores positivos: bovinos, ovinos, granos y miel. Estas actividades mostraron un desempeño favorable, con precios que superaron el ritmo de la inflación, un buen comportamiento en los mercados y niveles productivos que acompañaron el crecimiento.
En un punto intermedio se ubicaron siete actividades en amarillo, entre ellas forestal, tabaco, cítricos dulces, mandioca, peras y manzanas, aves y porcinos. Estos sectores presentan señales mixtas: los precios no logran acompañar el aumento de los costos, la demanda se mantiene estable o con poco dinamismo y los márgenes continúan ajustados.
El informe explicó que el pasaje de la lechería a zona roja se vincula principalmente con el deterioro de la ecuación económica. El precio que recibe el productor por litro de leche permanece prácticamente sin cambios desde hace diez meses, alrededor de $470 por litro.
En términos interanuales, esa cifra implica una suba cercana al 8%, muy por debajo de una inflación que ronda el 32%, lo que genera una pérdida significativa de poder de compra para los productores. A este escenario se suma una producción estable y un mercado complejo, marcado por un aumento de las importaciones del 50%, frente a un crecimiento de las exportaciones del 20%.
El sector manisero, por su parte, también registró un deterioro en el componente de negocio. El precio internacional pagado al productor se mantiene estancado desde hace ocho meses en torno a US$ 594 por tonelada.
A esta situación se suman perspectivas productivas desfavorables para la campaña 2025/2026. Las proyecciones indican una caída del 25% en el área sembrada, equivalente a unas 132.000 hectáreas menos, y una reducción cercana al 13% en la producción, que implicaría alrededor de 215.000 toneladas menos.
En materia comercial, la demanda externa se mantuvo relativamente estable, aunque se registró un aumento de las importaciones cercano al 12%, lo que suma presión sobre el sector.
El semáforo de economías regionales se publica de manera mensual desde hace más de ocho años, lo que permite analizar la evolución de cada actividad en perspectiva histórica. En ese período, ocho de las 19 economías regionales evaluadas permanecieron en rojo durante más de la mitad del tiempo.
Entre los casos más críticos se destacan la vitivinicultura y los cítricos dulces, que registraron indicadores negativos en más del 70% de los meses analizados. También aparece la actividad citrícola, con cerca del 67% de los meses en rojo, y la lechería, que acumuló indicadores críticos en 65% del período.
En el otro extremo, algunas cadenas productivas mostraron trayectorias más estables. Las carnes porcina, aviar y bovina lograron ubicarse en verde en más del 45% de los meses, mientras que el complejo granario también mantuvo una performance relativamente favorable.
El informe también analizó el comportamiento del comercio exterior del sector durante enero de 2026. En ese período, las 19 actividades agropecuarias y economías regionales evaluadas generaron exportaciones por US$ 5032 millones, lo que representa un incremento del 44% respecto del promedio histórico de la última década para ese mismo mes.
Sin embargo, la estructura exportadora muestra una fuerte concentración. El 80% de las ventas externas provino del complejo granario, integrado por soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo. El sector bovino explicó otro 9%, mientras que el conjunto de las economías regionales aportó apenas 11% del total, equivalente a unos US$ 525 millones.
Entre las actividades que registraron mayor crecimiento exportador se destacó el sector de peras y manzanas, con ventas por US$ 26 millones, un 95% por encima de su promedio histórico para el primer mes del año. En segundo lugar se ubicó el arroz, con exportaciones por US$ 25 millones, lo que representó un incremento del 92% respecto de su promedio histórico.
En contraste, la actividad avícola mostró la caída más pronunciada. Las exportaciones alcanzaron US$ 8 millones, lo que implica un retroceso del 73% frente al promedio histórico para esta altura del año.
Otro de los aspectos analizados por Coninagro fue la participación del productor en el precio final que paga el consumidor, un indicador que permite medir cuánto del valor de góndola queda en manos de la producción primaria.
En las cadenas pecuarias se observaron resultados relativamente estables o incluso mejoras. En el caso de la carne ovina, la participación del productor alcanzó 26% del precio final, ocho puntos por encima del promedio histórico para enero. En pollo, la participación llegó al 49%, cinco puntos más que el promedio de los últimos años.
En cambio, en varias producciones regionales se registraron caídas. Los descensos más marcados se observaron en yerba mate y hortalizas, donde la participación del productor cayó 13 y 11 puntos porcentuales, respectivamente, respecto de los valores históricos.
También se registraron retrocesos en arroz, vino y trigo, mientras que la papa fue uno de los pocos productos regionales que mostró una mejora: la participación del productor llegó al 35%, cuatro puntos por encima del promedio histórico.
Desde Coninagro señalaron que estas diferencias responden en gran medida a la estructura de cada cadena productiva. En aquellas con mayor nivel de industrialización o transformación —como el vino, el trigo o la yerba mate— el productor suele recibir una porción menor del precio final, debido a los múltiples procesos que atraviesa el producto antes de llegar al consumidor.
El informe concluye que, pese a algunos indicadores positivos en sectores puntuales, la situación general de las economías regionales continúa marcada por márgenes ajustados, costos elevados y mercados con dinamismo limitado, factores que condicionan la recuperación de varias actividades clave del interior productivo.