En el oeste de la provincia de Buenos Aires existe un destino poco conocido que atrae a quienes buscan naturaleza y tranquilidad. Se trata de Isla Sistina, un pequeño territorio rodeado de agua ubicado dentro de la Laguna del Monte, en el partido de Guaminí, que se convirtió en una alternativa ideal para realizar una escapada de fin de semana lejos del ruido de las ciudades.
El lugar se destaca por su entorno natural y por la calma que ofrece a los visitantes. Rodeada por la laguna y con amplios paisajes abiertos, la isla es elegida por turistas que buscan contacto directo con la naturaleza, caminatas al aire libre y actividades recreativas en el agua.
Según informó ambito, este rincón del oeste bonaerense comenzó a despertar mayor interés entre viajeros que buscan destinos tranquilos dentro de la provincia.
La Laguna del Monte es uno de los principales atractivos naturales de la región. Desde distintos sectores de la costa se puede observar la isla rodeada por vegetación típica de la zona pampeana, un paisaje que cambia según la hora del día y que ofrece postales muy buscadas por quienes visitan el lugar.
Uno de los momentos más elegidos por los turistas es el atardecer sobre la laguna, cuando el reflejo del cielo en el agua transforma el paisaje en una escena ideal para fotografía o simplemente para disfrutar del silencio.
La isla y sus alrededores ofrecen distintas alternativas para quienes desean pasar el día al aire libre. Muchas personas recorren el lugar a pie mediante caminatas tranquilas por los sectores naturales, mientras que otros optan por explorar la laguna en embarcaciones.
Entre las actividades más frecuentes se encuentran los paseos en lancha, que permiten observar la isla desde el agua, y el kayak, una opción elegida por quienes buscan recorrer los sectores más tranquilos de la laguna.
El movimiento del agua suele ser suave, lo que facilita este tipo de actividades recreativas. Además, el entorno natural convierte a la zona en un espacio atractivo para fotografía de aves y fauna local, una práctica cada vez más común entre visitantes.
También existen propuestas más relajadas. Muchas familias y grupos de amigos eligen el lugar para realizar picnics o pasar el día al aire libre, aprovechando la tranquilidad del paisaje y la ausencia de grandes concentraciones urbanas.
Aunque hoy la isla se asocia principalmente con el turismo y el descanso, su historia tiene un origen particular. Tal como detalla ambito, el nombre Isla Sistina fue elegido por la condesa austro-húngara Ena Wenckheim, quien adquirió el lugar en 1981.
La aristócrata quedó cautivada por la inmensidad del paisaje pampeano y decidió rebautizar el territorio, que anteriormente era conocido como Isla Grande. El nuevo nombre fue elegido en homenaje a la calle Sistina de Roma, donde había vivido tras el final de la Segunda Guerra Mundial.

Durante su permanencia en la isla, Wenckheim mandó a construir una mansión con forma de “Y”, diseñada para aprovechar la luz natural desde diferentes ángulos. La residencia funcionó durante años como un refugio privado donde la condesa recibía a visitantes y miembros de la nobleza europea.
Uno de los aspectos más curiosos de ese período es la introducción de fauna exótica en el lugar. Según las versiones históricas, la aristócrata llevó a la isla especies provenientes de otros continentes, entre ellas antílopes de la India, ciervos dama y muflones.
Con el paso del tiempo, algunos de estos animales se adaptaron al entorno natural de la laguna y convivieron con la fauna autóctona de la región.
La zona de Guaminí se encuentra a unos 480 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, lo que implica un viaje de aproximadamente seis horas en auto.
Uno de los recorridos más habituales comienza por la Autopista Riccheri en dirección a Ezeiza, continúa por la Autopista Ezeiza–Cañuelas y luego sigue por la Ruta Nacional 205 hasta la ciudad de Bolívar. Desde allí se toma la Ruta Provincial 65, que conduce hacia Guaminí.

Para quienes no cuentan con vehículo propio, existe la opción de viajar en micro de larga distancia hasta localidades cercanas como Guaminí, Coronel Suárez o Pigüé. Una vez en la zona, el acceso a la isla se realiza por agua, utilizando embarcaciones o lanchas locales que operan en la Laguna del Monte.
Gracias a su combinación de naturaleza, historia y tranquilidad, Isla Sistina se consolida como uno de esos destinos poco conocidos de la provincia de Buenos Aires que sorprenden a quienes buscan una escapada diferente