En un contexto marcado por la variabilidad climática y la creciente incertidumbre en los sistemas productivos, el riego se consolida como una herramienta estratégica para la agricultura argentina. Especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) sostienen que la gestión eficiente del agua permite estabilizar los rendimientos y reducir el riesgo productivo. El tema fue uno de los ejes de debate durante Expoagro 2026, realizada del 10 al 13 de marzo en San Nicolás, donde el espacio denominado Club del Riego, coordinado con el INTA Manfredi, reunió a técnicos, empresas y organismos públicos para analizar el rol de esta tecnología en la planificación agrícola.
El encuentro abordó el impacto de la irregularidad de las precipitaciones en la producción agropecuaria y el lugar que ocupa el riego como complemento de las lluvias. En los últimos años, los especialistas señalan que el desafío productivo dejó de estar ligado únicamente a la cantidad total de agua disponible durante el año y pasó a centrarse en cómo se distribuyen las precipitaciones a lo largo del ciclo de los cultivos.
En ese escenario, el riego comenzó a ser considerado no solo como una herramienta de intensificación productiva, sino como un instrumento de gestión del riesgo climático.
“El principal desafío productivo hoy no es la falta de agua en términos anuales, sino su imprevisibilidad. El riego permite ordenar ese escenario porque aporta estabilidad en los resultados y disminuye la dependencia de las condiciones climáticas”, explicó Aquiles Salinas, especialista en tecnologías de riego del INTA Manfredi.
La incorporación de sistemas de riego permite que los cultivos dispongan de agua en momentos clave de su desarrollo, incluso cuando las precipitaciones no se producen en el momento adecuado. Esto se vuelve especialmente relevante en etapas críticas del ciclo productivo, como la floración o el llenado de granos.
Según Salinas, el uso del riego requiere una planificación agronómica integral que combine distintos factores técnicos. Entre ellos se encuentran el análisis del balance hídrico del suelo, el conocimiento de las necesidades del cultivo y la evaluación de los momentos críticos del ciclo productivo.
“El riego no es una solución única ni tampoco implica aplicar agua de manera automática. La clave está en integrar información agronómica, balance hídrico y conocimiento de cada cultivo para utilizar el recurso de forma eficiente”, explicó el especialista.
En ese sentido, el técnico del INTA remarcó que el riego no debe entenderse como un reemplazo de la lluvia, sino como una herramienta que permite complementarla y organizar la disponibilidad de agua.
“El riego no reemplaza a la lluvia, sino que la complementa y la ordena. Permite ajustar el sistema para que los cultivos atraviesen sus etapas clave con la disponibilidad de agua necesaria”, señaló Salinas.
El especialista subrayó además que este enfoque explica el creciente interés de los productores por incorporar sistemas de riego dentro de sus esquemas productivos. Según indicó, cada vez más empresas agrícolas analizan esta tecnología como parte de la estrategia general del planteo productivo y no como una decisión aislada.
“El riego se consolida como una estrategia de manejo que complementa a la lluvia y permite estabilizar los sistemas. Esa es su mayor fortaleza”, sostuvo el especialista del INTA.
Desde el punto de vista económico, el riego no siempre se evalúa únicamente por su capacidad de aumentar los rendimientos. En muchos casos, su principal aporte está vinculado a la reducción de la volatilidad productiva.
Salinas explicó que la tecnología debe analizarse como una herramienta que mejora la previsibilidad del negocio agrícola.
“El riego debe evaluarse por la estabilidad que aporta. Más que un salto puntual de rendimiento funciona como un seguro productivo que reduce la volatilidad y mejora la previsibilidad del sistema”, señaló el especialista.
En sistemas agrícolas donde la producción depende exclusivamente de la lluvia, los rendimientos pueden variar significativamente entre campañas debido a la irregularidad climática. La posibilidad de aportar agua en momentos clave permite mantener niveles de producción más estables, lo que se traduce en mayor capacidad de planificación.
Esta estabilidad impacta directamente en las decisiones económicas de los productores, desde la elección de cultivos hasta la planificación financiera de cada campaña.
Además, el desarrollo de nuevas tecnologías energéticas comenzó a modificar el panorama del riego en distintas regiones productivas. En particular, la incorporación de sistemas de energía solar aparece como una alternativa para reducir costos operativos y mejorar la previsibilidad del sistema.
Según Salinas, la integración de energías alternativas al funcionamiento de los equipos de riego forma parte de un proceso de innovación tecnológica que busca optimizar el uso de los recursos y ampliar las posibilidades de adopción de la tecnología.
El rol del riego frente a la incertidumbre climática fue uno de los temas centrales de Expoagro edición YPF Agro, uno de los principales encuentros del sector agroindustrial en Argentina.
En ese marco se desarrolló el Club del Riego, un espacio de intercambio técnico que se realizó por segundo año consecutivo con el objetivo de analizar los desafíos y oportunidades vinculados a esta tecnología.
El encuentro se llevó a cabo el 11 de marzo en el Anfiteatro ArgenINTA del predio ferial de San Nicolás y reunió a especialistas, empresas proveedoras de tecnología y representantes de organismos públicos.
Según explicó Salinas, la propuesta buscó generar un ámbito de discusión técnica orientado a productores, asesores y responsables de la toma de decisiones dentro del sector agropecuario.
“Plantearemos una propuesta técnica y estratégica pensada para productores, asesores y decisores, que pone el foco en ordenar la incertidumbre climática y aportar criterios concretos para evaluar la adopción del riego”, adelantó el especialista del INTA.
La jornada contó con la participación de representantes de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, así como de empresas vinculadas al desarrollo de tecnologías de riego y energías aplicadas al agro.
Entre las firmas que participaron del encuentro se encuentran Valley Irrigation, Terranova, Alejandro Pannunzio S.A., Criolani Bauer, Rivulis, Tonka Solar y Banco Provincia, organizaciones que presentaron experiencias y herramientas vinculadas a la gestión eficiente del agua en la producción agrícola.
La creciente atención sobre el riego refleja una transformación en la forma en que los productores analizan la gestión del agua dentro de los sistemas productivos.
Durante décadas, la agricultura argentina se desarrolló mayormente bajo esquemas de producción de secano, dependientes exclusivamente de las lluvias. Sin embargo, la mayor variabilidad climática registrada en los últimos años impulsó a muchos productores a evaluar alternativas que permitan reducir la exposición al riesgo climático.
En ese contexto, el riego aparece como una tecnología capaz de aportar estabilidad a los sistemas agrícolas, mejorar la eficiencia en el uso del agua y sostener los niveles de producción en escenarios cada vez más inciertos.
La discusión técnica desarrollada en Expoagro refleja una tendencia que comienza a consolidarse en distintas regiones productivas: la incorporación del riego como una herramienta de planificación estratégica dentro del negocio agrícola.