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Quinua argentina rumbo al espacio: un experimento busca revolucionar la agricultura del futuro

El INTA enviará semillas al espacio para analizar su resistencia a condiciones extremas y generar avances clave para la producción agrícola

Quinua argentina rumbo al espacio: un experimento busca revolucionar la agricultura del futuro
miércoles 18 de marzo de 2026

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) enviará semillas de quinua al espacio durante el segundo trimestre de 2026, en el marco de un proyecto científico internacional que busca estudiar cómo reaccionan los cultivos frente a condiciones extremas como la radiación, la microgravedad y las variaciones térmicas. La iniciativa, desarrollada junto a la Orion Space Generation Foundation, apunta a generar conocimiento aplicable tanto en futuras misiones espaciales como en la mejora de la agricultura en la Tierra.

El experimento utilizará semillas de quinua de la variedad Morrillos (Chenopodium quinua), un material genético desarrollado por investigadores del INTA tras más de diez años de trabajo. La elección no es casual: se trata de una especie reconocida por su alta capacidad de adaptación a entornos hostiles y su destacado valor nutricional, lo que la convierte en un modelo ideal para estudiar la respuesta biológica ante situaciones de estrés extremo.

Quinua argentina rumbo al espacio: un experimento busca revolucionar la agricultura del futuro

Durante la misión, las semillas viajarán en una cápsula equipada con sensores que registrarán variables ambientales clave como niveles de radiación, condiciones de microgravedad y fluctuaciones de temperatura. Estos datos permitirán analizar cómo afectan estos factores a los sistemas biológicos, en un entorno considerado como uno de los más exigentes para la vida.

La experiencia forma parte de una red científica internacional que incluye a la Universidad de San Pablo-T, representada por los investigadores Matías Rhomer y Catalina Lonac, además de equipos técnicos del INTA en San Juan y Tucumán, la Fundación Miguel Lillo y otros socios globales. El proyecto también se vincula con una línea de investigación iniciada en 2019 junto a la Universidad de York - Lassonde School of Engineering, en Canadá, cuyos primeros resultados fueron publicados en 2022 tras analizar semillas expuestas a niveles de radiación similares a los del espacio.

El envío del material vegetal se formalizó mediante un Acuerdo de Transferencia y Evaluación de Material (ATM), que establece condiciones estrictas sobre el uso del recurso genético, incluyendo trazabilidad, confidencialidad y fines exclusivamente científicos.

El director del Centro Regional Mendoza-San Juan del INTA, Claudio Galmarini, destacó la relevancia del proyecto para la institución. “Poder participar en esta iniciativa internacional con semillas de un cultivar de quinua obtenido por nuestra institución representa un desafío importante y abre oportunidades de colaboración científica”, afirmó. Además, subrayó que el acuerdo permitirá avanzar en estudios fisiológicos, genómicos y experimentales tanto en laboratorios terrestres como en condiciones espaciales.

Las semillas fueron aportadas por el equipo del INTA San Juan, integrado por Lucas Guillén, Gonzalo Roqueiro y Nadia Bárcena, en el marco del Proyecto de Mejoramiento Genético de Cultivos Industriales. Esta iniciativa es coordinada por Paola Fontana y se articula con especialistas de distintas unidades del organismo a través de la Red Quinua.

Según explicó Guillén, la quinua presenta características biológicas que la vuelven estratégica para este tipo de investigaciones. “Es una especie extremadamente resiliente, capaz de crecer en ambientes con salinidad, sequía y grandes amplitudes térmicas. Eso la convierte en un modelo muy interesante para estudiar cómo responden las plantas frente a condiciones extremas”, señaló.

Para el sector agropecuario, este tipo de ensayos tiene un valor significativo. El espacio funciona como un laboratorio natural donde se combinan factores extremos: alta radiación, escasez de agua, suelos pobres y temperaturas variables. Comprender cómo reaccionan las semillas en este contexto podría permitir identificar mecanismos de adaptación útiles para desarrollar cultivos más resistentes en la Tierra.

El proyecto está coordinado por la investigadora tucumana Pamela Such Stelzer, vinculada al SETI Institute, quien lidera el desarrollo de tecnologías orientadas al aprovechamiento de recursos en entornos espaciales. Su trabajo se enfoca en generar herramientas que permitan sostener la vida fuera del planeta, un desafío clave en la exploración espacial de largo plazo.

En un contexto global atravesado por el cambio climático, la investigación adquiere una relevancia adicional. La posibilidad de trasladar los aprendizajes obtenidos en condiciones orbitales a sistemas productivos terrestres abre nuevas perspectivas para enfrentar escenarios de estrés ambiental cada vez más frecuentes.

De este modo, el envío de semillas de quinua al espacio no solo representa un avance en la investigación científica, sino también un puente entre dos campos históricamente distantes: la exploración espacial y la producción agrícola. La expectativa es que los resultados contribuyan a diseñar cultivos más resilientes, capaces de sostener la seguridad alimentaria en un mundo con condiciones ambientales cada vez más desafiantes.

 



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