La presencia del picudo negro de la soja (Rhyssomatus subtilis) fue confirmada por primera vez en el noroeste de Santa Fe, específicamente en lotes cercanos a Ceres, en un hallazgo reciente realizado por especialistas del INTA. El registro, dado a conocer el 19 de marzo de 2026, evidencia la expansión geográfica de esta plaga hacia nuevas áreas productivas, lo que resulta relevante por su potencial impacto en los rendimientos y en la sanidad del cultivo de soja.
El descubrimiento se suma a detecciones previas registradas en el sudeste de Santiago del Estero y en Córdoba, lo que consolida una tendencia de avance sostenido del insecto en la región norte y centro del país. Según especialistas del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), si bien la situación no reviste carácter de emergencia, sí requiere atención inmediata y coordinada.
La confirmación en Santa Fe fue resultado de un trabajo de monitoreo técnico impulsado por los extensionistas del INTA Analía Rausch y Facundo Colombo, quienes previamente habían constatado la presencia del insecto en Santiago del Estero a partir de consultas realizadas por asesores técnicos de la región. La ampliación del área de observación permitió identificar nuevos focos, lo que refuerza la hipótesis de expansión territorial de la especie.
De acuerdo con Eduardo Trumper, coordinador nacional del Programa de Protección Vegetal del INTA, estos nuevos registros deben ser interpretados como una señal de alerta temprana. “Estos hallazgos sugieren la expansión del área de distribución de esta importante plaga”, explicó, al tiempo que aclaró que no se trata de una situación alarmante, aunque sí de un fenómeno que debe incorporarse a la agenda técnica del sector agropecuario.
En este contexto, Trumper remarcó la necesidad de fortalecer una red de colaboración entre instituciones públicas, asesores privados y productores, con el objetivo de mejorar la detección y seguimiento del insecto. La articulación entre actores aparece como una herramienta clave para anticipar posibles impactos y definir estrategias de manejo adecuadas.
Como parte de estas acciones, la Agencia de Extensión Rural INTA Ceres organizó recientemente una jornada de capacitación técnica centrada en el manejo del picudo negro. El encuentro contó con la participación de profesionales de distintas zonas productivas y tuvo como eje principal la transferencia de conocimientos sobre la biología del insecto, los daños que provoca y las alternativas de control.
Durante la capacitación, la especialista del INTA Salta, Guillermina Socías, abordó aspectos clave vinculados al comportamiento del insecto y su interacción con el cultivo de soja. El objetivo fue fortalecer las capacidades técnicas para la detección temprana, una herramienta considerada fundamental para minimizar pérdidas productivas.
Por su parte, el entomólogo del INTA Rafaela, Federico Massoni, subrayó la importancia de intensificar los monitoreos en los lotes de soja, especialmente en las zonas donde recientemente se detectó la plaga. En esa línea, recomendó adoptar criterios de manejo integrado de plagas, una estrategia que combina distintas prácticas para reducir la población del insecto sin generar impactos negativos en el ambiente.
“La generación y sistematización de información permitirá comprender con mayor precisión la dinámica poblacional de la especie y contribuir al desarrollo de estrategias de manejo integrado”, afirmó Massoni, en relación con la necesidad de consolidar datos que permitan anticipar escenarios.
El avance del picudo negro no es un fenómeno aislado. En los últimos años, distintas plagas han mostrado cambios en sus patrones de distribución, en parte asociados a factores climáticos y a modificaciones en los sistemas productivos agrícolas. En este sentido, los especialistas advierten que la expansión de Rhyssomatus subtilis podría estar vinculada a condiciones ambientales favorables y a la continuidad del cultivo de soja en amplias regiones.
El impacto potencial del insecto radica en su capacidad de dañar las vainas de la soja, afectando directamente el rendimiento. Si bien su presencia no siempre implica pérdidas significativas, la falta de detección oportuna puede agravar las consecuencias productivas.
Frente a este escenario, el INTA mantiene activo un esquema de asesoramiento técnico destinado a productores y profesionales de las regiones recientemente afectadas. El objetivo es brindar herramientas para la identificación temprana del insecto y para la implementación de prácticas de manejo adecuadas.
Además, se busca promover el intercambio de información entre distintos actores del sistema productivo, con el fin de construir un diagnóstico más preciso sobre la evolución de la plaga. La experiencia acumulada en otras regiones donde el picudo ya está presente resulta clave para diseñar respuestas efectivas.
En paralelo, desde el Senasa se sigue de cerca la situación, en coordinación con los equipos técnicos del INTA y con organismos provinciales. La vigilancia fitosanitaria se presenta como un componente esencial para evitar la propagación del insecto hacia nuevas áreas productivas.
El caso del picudo negro vuelve a poner en evidencia la importancia del monitoreo permanente en los sistemas agrícolas, especialmente en cultivos extensivos como la soja, donde la escala productiva amplifica los riesgos.
A medida que avanza la campaña, los especialistas coinciden en que la clave estará en la detección temprana y en la implementación de estrategias de manejo integradas. La experiencia indica que actuar de manera preventiva puede marcar la diferencia entre un problema controlado y un impacto significativo en la producción.
En un contexto de creciente presión de plagas y enfermedades, el desafío para el sector agropecuario pasa por fortalecer la articulación entre ciencia, técnica y producción. La aparición del picudo negro en nuevas regiones es, en ese sentido, una señal que invita a redoblar esfuerzos.