El crecimiento del producto interno bruto (PIB) en Argentina no está generando un aumento proporcional del empleo formal, advirtió el economista Gabriel Caamaño, director de la consultora Outlier, en una entrevista realizada el jueves 26 de marzo de 2026. La situación refleja una disociación entre la recuperación macroeconómica y la realidad del mercado laboral, con implicancias directas sobre la sostenibilidad del sistema previsional y la cohesión social. La advertencia pone en evidencia la necesidad de políticas que logren traducir el crecimiento económico en empleo registrado y estable.
Caamaño señaló que, pese a señales de reactivación en algunos sectores, la economía enfrenta una fragmentación profunda, donde ciertos segmentos avanzan mientras otros quedan rezagados. “Es como si tuvieras dos Argentinas conviviendo al mismo tiempo: una dinámica y otra estancada”, explicó. Este fenómeno evidencia que la creación de empleo formal no acompaña al ritmo del crecimiento económico, lo que genera presión sobre los ingresos de las familias y el mercado interno.

En el análisis, Caamaño explicó que “el crecimiento económico no se traduce en empleo formal de manera efectiva”, debido a una combinación de factores: estructura productiva heterogénea, rigidez laboral, costos de contratación elevados y incertidumbre macroeconómica.
Destacó que la reforma laboral de 2026 es una condición necesaria para mejorar la relación entre PIB y empleo, pero no suficiente para generar puestos registrados de manera inmediata. “La reforma puede afectar la elasticidad empleo/PIB, pero no va a hacer crecer el empleo por sí misma”, advirtió.
Según Caamaño, durante los primeros años tras la reforma, la economía todavía enfrenta un mercado laboral rígido y caro, con regulaciones que dificultan la formalización de trabajadores, especialmente en sectores intensivos en mano de obra.
El análisis sectorial evidencia esta brecha entre crecimiento y empleo. Industrias como petróleo y gas registraron un crecimiento del 1,8% en empleo formal, impulsadas por la actividad en Neuquén y Vaca Muerta. Sin embargo, la caída de pozos convencionales en Comodoro Rivadavia redujo puestos de trabajo, mostrando que el dinamismo económico no se distribuye de manera uniforme.
El sector financiero perdió 5.059 puestos registrados, consecuencia del cierre de sucursales y la digitalización de servicios, mientras que la minería sufrió la pérdida de ocho mil empleos, vinculada a la debilidad de la construcción y la caída en la producción de insumos como cal y cemento. Estos ejemplos refuerzan la idea de que el crecimiento económico no siempre genera empleo formal suficiente para compensar las pérdidas en otros sectores.

La reforma laboral es clave para aumentar la flexibilidad del mercado de trabajo, pero no reemplaza la necesidad de inversión y demanda sostenida. Caamaño enfatizó que la formalización laboral depende tanto de cambios estructurales como de un entorno macroeconómico estable. Sin estas condiciones, las empresas tienden a priorizar contratos temporales o informalidad, perpetuando la brecha entre crecimiento económico y empleo registrado.
El economista también destacó la importancia de mantener expectativas sociales consistentes durante procesos de ajuste. “Mientras la gente crea que los sacrificios tienen sentido porque vamos a estar mejor, esto es sostenible”, señaló.
Criticó los excesos discursivos del oficialismo, que generaron desconexión entre el relato y la realidad de los datos, acelerando la pérdida de confianza social. Según Caamaño, esta frustración impacta directamente en la aceptación de políticas económicas y puede limitar la efectividad de las reformas laborales y macroeconómicas.
Otro punto central son las reservas internacionales y la gestión del tipo de cambio. Caamaño advirtió que “comprar no es acumular: para que las reservas sean funcionales, debe haber saldo neto positivo después de pagos”.
Recomendó avanzar con la flexibilización del cepo, para reducir el riesgo país y facilitar el retorno a los mercados internacionales en un contexto externo volátil. También advirtió sobre el riesgo de una apreciación del peso no sustentada, que podría dejar al país sin herramientas para enfrentar shocks externos.
La situación de las empresas también preocupa. Según Caamaño, muchos cierres son desordenados, lo que aumenta el costo social. “El empresario termina trabajando para sostener la empresa y no dejar problemas a la siguiente generación”, explicó. Minimizar este dolor social es clave para que las reformas y ajustes tengan efectos positivos duraderos.
La Argentina enfrenta una tensión estructural: sectores dinámicos muestran crecimiento económico, pero la creación de empleo formal sigue siendo limitada. La combinación de reformas laborales, ajustes macroeconómicos y manejo responsable de expectativas sociales será decisiva para cerrar la brecha entre crecimiento y empleo, fortalecer el mercado laboral y garantizar la sostenibilidad fiscal y social, según análisis difundido por Infobae.