Agro Alimentos / Vino Argentino

El consumo de vino en Argentina marca un mínimo histórico y profundiza la crisis del sector

En 2025 cayó a 15,77 litros per cápita, el nivel más bajo registrado. La baja del consumo interno y de exportaciones enciende alertas

El consumo de vino en Argentina marca un mínimo histórico y profundiza la crisis del sector
jueves 26 de marzo de 2026

El consumo de vino en Argentina cayó en 2025 a 15,77 litros per cápita, el nivel más bajo desde que existen registros, según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV). La cifra, conocida en el cierre de la vendimia 2026, refleja una tendencia sostenida de caída en el mercado interno y resulta relevante porque expone un cambio estructural en los hábitos de consumo que impacta de lleno en toda la cadena vitivinícola, desde productores hasta exportadores.

El dato confirma que, por primera vez, el consumo perforó el umbral simbólico de los 16 litros por habitante, consolidando un proceso de retracción que se arrastra desde hace al menos dos décadas. De acuerdo con el INV —fuente principal de las estadísticas sectoriales—, la baja no responde a un fenómeno coyuntural sino a una transformación profunda del mercado.

Dos décadas de caída sostenida

La magnitud del retroceso se vuelve evidente al comparar con años anteriores. En 2005, el consumo per cápita alcanzaba los 29,2 litros anuales, prácticamente el doble del nivel actual. En tanto, entre 2015 y 2025, el volumen total del mercado interno pasó de 10 millones de hectolitros a 7,2 millones, lo que representa una contracción del 28%, según datos del INV citados en informes sectoriales.

Este descenso impacta de manera transversal en la actividad. Afecta tanto a pequeños productores de regiones tradicionales como a grandes bodegas, que encuentran en el mercado interno un pilar cada vez más debilitado.

Especialistas del sector, citados en reportes de Wines of Argentina y la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), atribuyen la caída a múltiples factores. Entre ellos se destacan el avance de otras bebidas —como la cerveza y opciones sin alcohol—, la pérdida del poder adquisitivo por la inflación, y un cambio generacional que aleja a los consumidores jóvenes del consumo habitual de vino.

A esto se suma el impacto del ajuste económico iniciado a fines de 2023, que redujo el gasto en alimentos y bebidas. En ese contexto, el vino, históricamente presente en la mesa cotidiana, pierde terreno frente a opciones más económicas o con mayor inserción en nuevos hábitos de consumo.

El mercado interno, en retroceso

El mercado doméstico, que durante décadas funcionó como sostén de la industria, se convirtió en su principal punto de vulnerabilidad. En 2025, las ventas totales en el país registraron una caída del 2,7% interanual, de acuerdo con datos del INV.

El comportamiento por segmentos muestra un panorama heterogéneo. Los vinos varietales fueron el único segmento en crecimiento, con un aumento del 3,4% y un volumen de 234,7 millones de litros, lo que representa el 31,5% del mercado total. En contraste, los vinos sin mención varietal —que concentran el mayor volumen— registraron caídas que superaron el 5% en algunos casos.

El inicio de 2026 mostró una leve señal de estabilización. En enero, las ventas crecieron un 0,6% interanual, aunque analistas del sector advierten que la mejora se produce sobre una base comparativa muy baja y no necesariamente implica un cambio de tendencia.

Exportaciones en niveles mínimos

El deterioro del mercado interno podría haber sido compensado por las exportaciones, pero ese frente también muestra debilidad. En 2025, las ventas externas alcanzaron 1,93 millones de hectolitros, lo que representa una caída del 6,8% interanual y el nivel más bajo desde 2004, según datos del INV.

En términos de valor, las exportaciones sumaron 661 millones de dólares, un descenso del 7,2% y el registro más bajo desde 2009. El segmento más afectado fue el de vino a granel, que retrocedió un 13,6%, en un contexto de fuerte competencia internacional.

Países como Chile, España e Italia incrementaron su presencia en los mercados de volumen, presionando los precios y reduciendo la participación argentina. Este escenario complejiza aún más la situación de la industria, que enfrenta dificultades tanto en el frente interno como externo.

Estrategias para revertir la tendencia

Frente a este panorama, el sector apuesta a diferentes estrategias para recuperar dinamismo. Una de las principales es el posicionamiento en el segmento premium, donde el Malbec continúa siendo la cepa insignia. Según datos de Wines of Argentina, representa el 23,9% de las exportaciones y mantiene una fuerte presencia en mercados internacionales.

El consumo de vino en Argentina marca un mínimo histórico y profundiza la crisis del sector

Otro eje es el desarrollo del enoturismo, especialmente en Mendoza, donde unas 250 bodegas abiertas al público conforman la red más amplia de América Latina. Esta actividad genera ingresos adicionales y promueve el consumo a través de la experiencia.

La diversificación de mercados es el tercer pilar. La campaña “The Wine for Now”, impulsada por Wines of Argentina, busca consolidar la presencia del vino argentino en países como Brasil, Suecia, Noruega, Suiza e Irlanda, con foco en segmentos de mayor valor agregado.

Un desafío estructural para la industria

A pesar de estas iniciativas, el sector enfrenta un desafío de fondo. La caída del consumo interno, combinada con exportaciones en retroceso y una vendimia 2026 que el INV estima 9% menor a la del año anterior, configura un escenario de alta complejidad.

El mercado vitivinícola argentino ha demostrado capacidad de adaptación frente a crisis económicas y cambios de contexto. Sin embargo, el actual proceso de transformación plantea interrogantes sobre su sostenibilidad a largo plazo.

En este contexto, la industria reconoce que no alcanza con sostener la calidad del producto. El desafío pasa por reconectar con los consumidores, tanto a nivel local como internacional, en un escenario donde cambian los hábitos, las preferencias y las condiciones económicas.

La caída del consumo per cápita no solo refleja una contracción del mercado, sino también un cambio cultural. Revertir esa tendencia será clave para definir el futuro de una de las actividades más emblemáticas de la economía argentina.

 



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