El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria conmemora este 26 de marzo de 2026 los 135 años del Programa Nacional de Tucuras y Langostas, una política pública que nació en 1891 en Argentina para combatir una de las plagas más destructivas para la agricultura y que hoy posiciona al país como referente internacional en el manejo fitosanitario. La iniciativa es considerada estratégica por su impacto directo en la protección de la producción agropecuaria y la seguridad alimentaria, tanto a nivel nacional como regional.
El origen del programa se remonta a la creación de la Comisión Nacional de Lucha contra la Langosta a fines del siglo XIX, en un contexto marcado por invasiones masivas de insectos que provocaban pérdidas económicas significativas y comprometían el abastecimiento de alimentos. Desde entonces, el control de esta plaga se convirtió en una prioridad estatal, dando forma a uno de los programas fitosanitarios más antiguos del país.
A lo largo de más de un siglo, el sistema evolucionó de manera sostenida, incorporando avances científicos, nuevas tecnologías y enfoques de gestión cada vez más integrales. Este proceso permitió fortalecer la vigilancia epidemiológica, optimizar el manejo de la plaga y mejorar la capacidad de respuesta frente a brotes. Además, consolidó una red de trabajo público-privada que abarca todo el territorio nacional.
Actualmente, el Programa Nacional de Tucuras y Langostas se basa en un modelo de gestión integral con enfoque preventivo, orientado a anticipar riesgos y reducir el impacto de los eventos críticos. La estrategia prioriza el trabajo coordinado entre organismos, productores y actores del sistema científico, con el objetivo de intervenir de manera temprana y eficiente.
Uno de los pilares centrales de esta política es el Sistema de Alerta por Langostas, una herramienta que integra información de campo, reportes territoriales y tecnologías de monitoreo. Este sistema permite detectar focos en etapas iniciales, mejorar la toma de decisiones y actuar en tiempo real frente a posibles amenazas, reduciendo así los daños sobre los cultivos.
La experiencia acumulada a lo largo de 135 años permitió que Argentina se posicione como líder global en el manejo de tucuras y langostas, una problemática que trasciende fronteras debido al carácter migratorio de estas especies. En este sentido, el país cumple un rol activo en el Comité de Sanidad Vegetal del Cono Sur, donde coordina estrategias regionales junto a otras naciones para enfrentar esta plaga de manera conjunta.
La cooperación internacional es otro de los ejes clave del programa. Argentina participa en iniciativas del Grupo Interamericano de Coordinación en Sanidad Vegetal, colabora con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura y mantiene vínculos técnicos con organismos como la Australian Plague Locust Commission. Esta articulación permite intercambiar conocimientos, coordinar acciones y mejorar las estrategias de control a escala global.
El liderazgo argentino también se refleja en su participación en espacios internacionales de investigación, como el International Congress of Orthopterology 2026, donde especialistas del país aportan su experiencia en el estudio y manejo de estas especies. Allí se promueve la innovación científica, el desarrollo de nuevas herramientas y la cooperación técnica entre países.
Detrás de este recorrido histórico se encuentra el trabajo de generaciones de técnicos y especialistas conocidos como “langosteros”, quienes han desempeñado un rol fundamental en el territorio. Su labor, muchas veces en condiciones adversas y en situaciones de emergencia, ha sido clave para sostener el funcionamiento del programa y garantizar la respuesta operativa ante brotes.

El conocimiento acumulado por estos equipos constituye uno de los principales activos del sistema. La experiencia práctica, combinada con el desarrollo científico, permitió construir un modelo de gestión adaptativo, capaz de responder a los cambios en el comportamiento de la plaga y a las nuevas condiciones ambientales.
En términos productivos, la importancia del programa radica en su capacidad para proteger cultivos estratégicos y reducir pérdidas económicas. Las langostas y tucuras pueden afectar grandes extensiones en poco tiempo, por lo que su control eficiente resulta fundamental para garantizar la estabilidad del sistema agropecuario.
El enfoque preventivo adoptado en los últimos años ha demostrado ser clave para mejorar los resultados. La detección temprana y la intervención coordinada permiten minimizar el uso de recursos, reducir el impacto ambiental y aumentar la eficacia de las acciones de control. Este cambio de paradigma consolidó al programa como una referencia en el ámbito fitosanitario.
Asimismo, la articulación con productores y actores locales se convirtió en un componente esencial. La participación activa del sector privado facilita la identificación temprana de focos, fortalece la red de vigilancia y mejora la capacidad de respuesta en el territorio. Este esquema colaborativo es considerado uno de los factores que explican el éxito del modelo argentino.
A 135 años de su creación, el Programa Nacional de Tucuras y Langostas representa un ejemplo de política pública sostenida en el tiempo, capaz de adaptarse a nuevos desafíos y de incorporar innovaciones sin perder su objetivo central: proteger la producción y garantizar la sanidad vegetal.
El desafío hacia adelante será profundizar la integración regional, fortalecer el uso de tecnologías y continuar ampliando la base de conocimiento. En un contexto de cambio climático y mayor complejidad ambiental, la capacidad de anticipación y respuesta seguirá siendo determinante.

En este escenario, el SENASA reafirma su compromiso con el desarrollo de herramientas y estrategias que permitan sostener el liderazgo argentino en la materia. La experiencia acumulada y la red de cooperación construida a lo largo de más de un siglo constituyen una base sólida para enfrentar los desafíos futuros.
En definitiva, el aniversario del programa no solo celebra su historia, sino que también pone en valor su vigencia y su aporte a un sistema productivo más resiliente, eficiente y sustentable, en el que la sanidad vegetal continúa siendo un pilar fundamental para el desarrollo del país.