Un proyecto ambiental en el Gran Chaco argentino utiliza drones para sembrar semillas nativas en cápsulas biodegradables, con el objetivo de restaurar ecosistemas degradados de forma más rápida, eficiente y escalable. La iniciativa, impulsada por organizaciones ambientales y tecnológicas, busca plantar miles de árboles en zonas productivas afectadas por la deforestación, según informó La Nación.
La iniciativa combina tecnología, biotecnología y restauración ambiental para intervenir grandes superficies en menos tiempo que los métodos tradicionales.
Los drones sobrevuelan áreas previamente seleccionadas y liberan cápsulas biodegradables con semillas nativas, diseñadas especialmente para mejorar las condiciones de germinación. Estas cápsulas, conocidas como iSeeds, incluyen bioestimulantes que favorecen el desarrollo inicial de las plantas.
Según detallaron desde el proyecto, no se trata de una dispersión al azar. Cada intervención responde a un análisis previo del terreno, que incluye variables ecológicas, productivas y climáticas.

La experiencia se llevó adelante en zonas clave del norte argentino, como Tostado (Santa Fe) y Bandera (Santiago del Estero), dentro del ecosistema del Gran Chaco, uno de los más degradados del planeta.
El objetivo inicial es reforestar 13 hectáreas con unos 8.000 árboles nativos, priorizando especies adaptadas al entorno local. Entre ellas se destacan el algarrobo blanco, el palo borracho amarillo, el guayacán y el quebracho colorado santiagueño, todas fundamentales para la recuperación del ecosistema.
Estas especies cumplen un rol clave en la recuperación de la biodiversidad, ya que favorecen el regreso de fauna, insectos y procesos ecológicos esenciales.
La siembra aérea con drones surge como una solución frente a las limitaciones de la plantación tradicional, especialmente en zonas de difícil acceso donde los costos logísticos y los tiempos suelen ser elevados. En este contexto, la tecnología permite reducir costos operativos, acortar los tiempos de intervención y abarcar grandes extensiones de terreno con mayor eficiencia, al tiempo que facilita una selección más precisa de las especies según las características de cada ambiente. En ese marco, el sistema habilita una “siembra a medida”, adaptada a cada ecosistema, lo que incrementa de forma significativa las probabilidades de éxito en los procesos de regeneración.

El proyecto integra herramientas de inteligencia artificial, análisis ecosistémico y sistemas de información geográfica para definir dónde y cómo sembrar.
Antes de cada intervención, se realiza una caracterización detallada del terreno. Luego, los drones ejecutan la siembra con precisión, liberando una cantidad mayor de semillas de la necesaria, debido a que no todas logran germinar.
Posteriormente, se monitorean parcelas testigo cada 45 días para evaluar resultados. A los 120 días, se espera verificar la aparición de nuevas plántulas y medir el impacto real de la intervención.

La iniciativa forma parte de un plan más amplio que busca alcanzar los 100.000 árboles plantados en la región. Hasta el momento, ya se intervinieron más de 300 hectáreas con métodos tradicionales, que ahora se complementan con esta tecnología.
Además del impacto ambiental, el proyecto promueve un cambio de enfoque productivo. Productores locales participan activamente, integrando la restauración con modelos sostenibles.
En ese sentido, uno de los participantes destacó: “Me di cuenta del valor que representa tener árboles. Pero lo más importante es que quiero trasladar este legado a mis hijos y futuros nietos”.

La regeneración asistida con drones representa un cambio de paradigma en la restauración ambiental. Permite escalar soluciones frente a la crisis climática y responder con mayor rapidez a la pérdida de bosques.
Según explicaron desde las organizaciones involucradas, el desafío actual ya no es solo plantar árboles, sino hacerlo de manera eficiente, adaptativa y sostenible, combinando conocimiento científico, tecnología y compromiso territorial.